Un viaje de energía por una piscina de 155.000.000 de kilómetros cuadrados: así cruzó el Pacífico el tsunami

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Un factor importante en el trayecto y en los daños que pueden provocar es la resonancia

Se comportan como fenómeno de ondas, parecido al sonido o a la luz, explica José Galaz, miembro del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden).

«Los tsunamis son fenómenos naturales que ocurren cuando una gran fuerza desplaza o empuja el agua», define José Galaz, doctor en Modelamiento Matemático, máster en Hidráulica y miembro del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden).
Eso fue lo que pasó este martes con el terremoto 8,8 que ocurrió a unos 130 kilómetros de la costa Este de Kamchatka, territorio ruso, en noroeste del Pacífico.
«El terremoto causa un gran movimiento en la zona submarina y logra levantar un volumen de agua. Como todos sabemos, todo lo que sube tiene que bajar», agrega el creador de Tsunamilab, una plataforma digital que recrea o simula tsunamis en un mapa.
El agua, que fue levantada por el movimiento del fondo marino, de alguna manera queda rebotando. «Es el primer principio para entender que no sólo se genera una ola», cuenta. Por eso se utiliza el concepto de «tren de olas». Asegura que no se puede saber con certeza cuál de ellas va a provocar más daño.
Parecido a Chile
El terremoto se originó a 20,7 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), en una zona de subducción similar a la que hay en las costas chilenas.

«Esa energía se propaga tal como en una piscina. Sabemos que si tiramos una piedra en una piscina, podemos ver cómo las ondas se propagan. El Océano Pacífico actúa como una piscina», describe. Una piscina de 155.000.000 de kilómetros cuadrados según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos.

«Hay que distinguir entre los tsunamis que son amenazas para las costas y los que son más instrumentales», puntualiza. En otras palabras, los que se captan a simple vista y los que sólo son perceptibles con instrumentos.
«Recurrentemente es posible establecer que las olas de los terremotos de baja magnitud son capaces de llegar a las costas de otros países», asegura. Con mayor razón las provocadas por sismos grandes.
«No es que el agua viaje hacia acá. Viaja la energía. Es como cuando estamos en el estadio y hacemos la ola. No es que la gente vaya viajando, sino que la energía de nosotros, al movernos, se va transmitiendo a la persona del lado. Cada columna de agua, considerando de la superficie hasta el fondo, empuja a la columna de agua al costado. Ese empuje es el que se transmite a través del océano», describe.
Las olas producidas por un terremoto se propagan por el Pacífico de acuerdo con algunas variables. Por ejemplo, la profundidad del fondo marino y los obstáculos que encuentren, como islas. «Nuestra costa también es compleja. Tenemos ciertos factores que nos permiten entender qué está sucediendo. Este es un evento que proviene del Hemisferio Norte. Por lo tanto es más esperable que llegara primero al norte de Chile y que la energía se fuera disipando hacia el sur», explica.
El Shoa mide
El Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM), dependiente del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA), es el que en Chile «modela un tsunami», es decir analiza, con datos y programas computacionales, si hay riesgo luego de un terremoto ocurrido en algún punto del Pacífico y, si lo hay, cuándo llegarán las olas a las costas. En el caso del terremoto de Kamchatka, el SNAM vaticinó que llegarían primero a Rapa Nui, luego a Arica y así hacia el sur.
«Tanto Chile como otros países del Pacífico y del Océano Índico cuentan con sofisticados centros de alerta temprana que usan información científica para poder determinar si un terremoto es capaz de causar un tsunami que genere una inundación importante», cuenta.
Un factor importante en el trayecto de los tsunamis es la reflexión o la resonancia. «Se comportan como fenómeno de ondas, parecido al sonido o a la luz. En un violín o en una guitarra, la resonancia nos encanta, porque permite que el instrumento tenga un mejor sonido. La resonancia es una onda que choca en un borde rígido y se refleja, se mueve en sentido contrario», explica. Es decir, pueden generarse olas en sentido contrario del desplazamiento general. Incluso las olas pueden quedar atrapadas en alguna bahía, rebotar y multiplicarse, tal como ocurrió en el Golfo de Arauco, en la Región del Biobío, en el tsunami del 2010.

Advierte que no siempre se retira el mar antes de un maremoto. «Si levanto el agua a un lado, en el otro se va a recoger. La realidad, debido a la topografía, es más compleja. No siempre ocurre. Es una posibilidad», afirma.

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