Investigadores advierten que Algarrobo, Reñaca y Portales pueden desaparecer por culpa de las marejadas

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Observatorio Costero de la UC afirma que pierden terreno frente al mar

Estamos viendo tasas de erosión que nunca habíamos registrado en el país, dice Carolina Martínez, directora del organismo.

La arena de Reñaca ya no está donde estaba. Lo mismo pasa en Algarrobo, Cartagena y Pichilemu, y también en una playa al norte llamada Hornitos, donde no hay torres de departamentos ni paseos costeros para culpar. Lo que queda son las olas rompiendo más arriba, más adentro, como si la línea de la playa se moviera cada año unos metros hacia atrás. A esa lista de impactos ahora se suman episodios recientes como el socavón de El Yeco, en Algarrobo, que aunque no ocurre en la playa, refleja la misma fragilidad del terreno costero.

El Observatorio Costero de la Universidad Católica lleva desde 2019 midiendo con drones, perfiles topográficos y bases de datos históricas cómo las playas chilenas se hacen más cortas. La directora del observatorio, Carolina Martínez, dice que en seis años pasaron de analizar treinta y cinco playas a cien y que el patrón es claro. «Nuestro trabajo muestra que la costa está en retroceso y que si todo sigue igual al menos diez playas podrían desaparecer en menos de diez años», señala.

Los resultados muestran que la erosión no es un problema puntual ni aislado: ocurre entre Arica y Puerto Montt y golpea con fuerza a las playas urbanas. «Puede decirse que es una nueva amenaza que afecta la costa chilena», advierte Martínez. En las zonas de mayor construcción los efectos son visibles a simple vista. Los restaurantes que antes tenían terraza frente al mar en Concón hoy están a dos pasos de las olas.

Pero no es sólo cuestión de ladrillos. Las marejadas extremas se multiplicaron desde 2015, los ríos traen menos arena por el uso de suelo en sus cuencas, los terremotos cambian la altura de la tierra y el crecimiento urbano se extendió hasta la última franja de dunas. «Las playas urbanas son las más sensibles a los cambios en las tasas de erosión», señala Martínez. Es un proceso de doble filo: naturaleza y ciudad empujando en direcciones distintas.

Zonas rojas

Los mapas del observatorio marcan puntos rojos en la Región de Valparaíso, O'Higgins y Biobío, pero hay excepciones raras como Hornitos, una playa aislada que pierde arena tan rápido como Reñaca. La investigadora lo describe así: «Las mayores tasas de erosión se están registrando en la zona central, principalmente en la Región de Valparaíso, pero también existen altas tasas de erosión en la Región de O'Higgins y en la Región del Biobío».

Los casos concretos tienen nombre y apellido: Algarrobo, donde desde 2015 la bahía duplicó la velocidad de retroceso y ahora el monitoreo se hace casi en tiempo real; Portales, en Valparaíso, donde la playa se angosta cada temporada; Pichilemu, la meca de los surfistas que ven cómo las marejadas golpean cada vez más cerca; Escuadrón y Dichato en Biobío, y el norte inesperado con Hornitos. «La bahía de Algarrobo es una de las playas que más retrocede, especialmente con las marejadas desde 2015. Esta bahía ha estado duplicando su tasa de erosión en los últimos seis años y es objeto de un monitoreo más permanente, más intenso en relación con otras bahías», relata Martínez.

El informe advierte que el 86 % de las playas estudiadas ya muestra retroceso. La cifra no es teórica. Los daños se ven: calles hundidas en Puerto Saavedra, bosques salinizados, restaurantes sin arena enfrente. Y, en paralelo, los socavones que aparecen en la costa central recuerdan que la vulnerabilidad no se limita a la arena perdida.

Martínez insiste en que el fenómeno no se explica solo por la fuerza del mar. «En las últimas cuatro décadas se ha ido incrementando la superficie, el crecimiento urbano se ha extendido en las áreas metropolitanas, en la costa. Los grandes conglomerados urbanos en Chile y las áreas metropolitanas se localizan en la costa, y eso ha sido debido a una falta de regulación de los usos de suelo, que los instrumentos de planificación territorial no han podido hasta ahora regular de manera eficaz».

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