Un día de fútbol y familia en Craven Cottage entre Fulham y Manchester United, sin hooligans ni barras bravas
El estadio de Fulham toma su nombre de la cabaña que aún se levanta en una esquina del campo. Un ángulo distinto de la Premier League, con asientos de madera.
Afuera de Craven Cottage, el estadio de Fulham, familias enteras esperan sobre la estrecha Stevenage Road antes del partido contra Manchester United. Padres levantan a sus hijos sobre los hombros cuando aparecen los buses oficiales. Los guardias permiten acercarse lo suficiente para tomar una foto a los jugadores.
Dentro, la dinámica es igual de ordenada. En el entretiempo los aficionados caminan por los pasillos para comprar cerveza. La consumen en los sectores habilitados, pero no en las gradas, donde el público permanece sentado, a pasos de la cancha y sin rejas que lo separen. Aquí la seguridad no depende de muros: está en la gente.
«He venido por unos diecisiete años», dice John Delstanche, que no recuerda peleas en el estadio. Con su esposa Mary asisten desde 2008, en los años posteriores a las medidas más duras del gobierno británico contra el hooliganismo: prohibiciones de ingreso, control con cámaras, boletos nominativos.
Un orden que contrasta demasiado con lo ocurrido días antes en otro lugar: el partido de Copa Sudamericana entre Independiente y Universidad de Chile, que terminó en batalla campal en Avellaneda. Hinchas visitantes lanzaron proyectiles desde la bandeja superior, la barra local respondió con violencia y el árbitro canceló el encuentro, con heridos, detenidos y escenas de terror.
En Craven Cottage lo primero que llama la atención al entrar es una construcción de ladrillo en la esquina sur del campo. Se levanta en el mismo terreno donde en 1780 el barón William Craven mandó a edificar una cabaña que quedó destruida por un incendio en 1888. Hoy alberga vestuarios, oficinas, un comedor privado, una sala de jugadores y un balcón con vista a la cancha. De ahí proviene el nombre del estadio: Craven Cottage. Ningún otro recinto en Inglaterra conserva un símbolo parecido.
La capacidad ronda los 28.000 espectadores. La tribuna más emblemática es la Johnny Haynes Stand, diseñada por el arquitecto Archibald Leitch en 1905. Conserva 3.571 asientos de madera y siete columnas metálicas que sostienen el techo, inevitables en la vista de los hinchas.
En la tribuna Johnny Haynes, John Delstanche lo explica a su manera: «La cabaña no siempre estuvo aquí; se quemó y la reconstruyeron». Y al recordar sus años de asistencia agrega: «Cuando no había tribunas adicionales, podías ver el río».
Desde 2005 la tribuna recuerda al mejor futbolista en la historia del Fulham, también capitán de Inglaterra en los sesenta. Tanto estas gradas como la cabaña están protegidas como edificios de Grado II, categoría que en el Reino Unido reconoce construcciones de especial interés histórico y restringe cualquier modificación sin permiso.
El estadio conserva además detalles de otra época: torniquetes estrechos, puertas de hierro, ventanillas bajas de la taquilla en la fachada de ladrillo. En las paredes de la tribuna cuelgan paneles con imágenes de los jugadores más recordados. El campo está a un paso de las primeras filas: la cercanía marca la experiencia.
«Nos gustan estos asientos porque los de plástico son fríos. Los de madera se mantienen cálidos. Por eso nos gusta este estadio», cuenta Mary Delstanche.
Este domingo, Fulham empató 1-1 con Manchester United. Bruno Fernandes falló un penal en la primera mitad; en el minuto 58 un autogol de Rodrigo Muniz adelantó a los visitantes y en el 73 Emile Smith Rowe igualó tras un centro de Alex Iwobi. Con ese punto, se cortó la racha de ocho victorias seguidas del United en este estadio.
Craven Cottage no necesita competir con la modernidad. Es un estadio que ha hecho de la tradición su identidad: una cabaña en una esquina, tribunas de madera y un aire intacto de otro siglo. Un estadio familiar donde los niños suben a los hombros de sus padres para ver a los jugadores de ambos equipos bajar de los buses oficiales, y donde la seguridad no depende de las rejas.


