Queda Álvaro Rudolphy para rato

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En Aguas de oro el actor reverdece laureles, siempre en su sello.

Después de «Juegos de poder» (Mega, 2019) Álvaro Rudolphy se alejó de las teleseries, rechazando cuanto papel le ofrecieran en ese género. Entre sus cercanos señalaba que estaba cansado de actuar en esas producciones, que consideraba que se trataba de un ciclo cerrado y que quería incursionar en otras áreas.

Nunca digas nunca: el 2024 «reincidió», como uno de los protagonistas de «Secretos de familia» de Canal 13. Este 30 de julio se consolidó su regreso a los culebrones, al debutar en las pantallas de Mega «Aguas de oro», con él en un rol estelar.

De él se podría decir lo mismo que lo que se comenta sobre un colega suyo, eso de «Macaya siempre actúa de Macaya»; cosa que no lo veo como una crítica negativa si pensamos que «De Niro siempre actúa de De Niro». Pero, en efecto, concedamos que, salvo en el «Amores de mercado» original, cuando Álvaro interpretó a dos personajes muy disímiles en cuanto a personalidad y crianza («Pelluco» Solís y Rodolfo Ruttenmeyer, físicamente idénticos), nunca más se le dio otra oportunidad cabal de demostrar versatilidad actoral.

Lo diferencio de otras primeras figuras como Francisco Reyes y Pancho Melo en que el primero es más teatral, de más primeros planos que portadas, de más frases masticadas sílaba a sílaba que de guiños u outfits. Y Melo es el polo opuesto a Rudolphy: nunca actúa igual, su espectro melodramático es amplísimo, aunque con el paso del tiempo se le empieza a encasillar más con el galán maduro, varonil y hosco.

Rudolphy tiene muchos talentos aparentemente sencillos de dominar, pero tremendamente escasos en esta industria. Por ejemplo, sabe abrazar muy bien. ¿Le pasa a usted que cuando apapacha a Carolina Arregui en «Aguas de oro» como que le recorre un calorcito por dentro? Quizás sólo sea yo. Sigamos.

El ex patriarca de «Perdona nuestros pecados» también es un maestro en los difíciles oficios de musitar, suspirar y mirar fijamente. Si uno se fija bien, el parlamento, sus énfasis y quiebres son tan importante como las acciones no verbales. Recuerdo una frase de Sting: «Lo más importante en la música son los silencios». Y no vamos a decir que Sting es cualquier músico.

«Aguas de oro» trata sobre una estafa montada por el alcalde de la ficticia localidad de El Álamo, que, con la complicidad de una familia (los Soto Pereira, en la foto) hace creer al mundo que el agua proveniente de los pozones de ese lugar detiene el avance del tiempo en quienes la beben.

A Rudolphy, por lo menos, lo siento rejuvenecido en este regreso.

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