Red de boyas monitorea especies, naves y placas tectónicas
También sirven para proteger las fronteras marítimas, al detectar naves que entran a pescar sin permiso.
Muchos olvidan que los océanos son un mundo principalmente oscuro, porque aún en las mejores condiciones, la luz solar no penetra más allá de los 200 metros.
Para conocer todo lo que pasa bajo las olas, la bióloga y magister en Gestión Estratégica Marcela Ruíz, fundó Acústica Marina, empresa de base científica y tecnológica dedicada al desarrollo de sistemas hidroacústicos que permiten monitorear las profundidades.
«Desarrollamos hardwares y softwares impulsados por Inteligencia Artificial (IA) capaces de capturar y procesar todos los sonidos que se producen en los océanos, para convertirlos en información entregada en tiempo real», cuenta la CEO, quien destaca el enorme valor científico del sistema.
«No solo permite monitorear el comportamiento de la fauna costera, donde ya tenemos la capacidad de advertir a los capitanes de los barcos posibles choques con ballenas, sino también lo que ocurre en alta mar», explica.
Tan sensibles son los sensores hidroacústicos instalados en las boyas, que incluso pueden captar los sonidos producidos por los movimientos de las placas tectónicas, información clave en un país tan sísmico como Chile.
Fronteras
Además de la gran cantidad de usos científicos que tienen los equipos desarrollados por Acústica Marina, Marcela Ruíz destaca otras capacidades igual de importantes, como la protección de los recursos que existen dentro de nuestro mar territorial y zona de influencia.
«También podemos identificar el tráfico marítimo, incluido el submarino, generando alertas en tiempo real cuando detectamos naves que han ingresado a nuestras aguas sin autorización», detalla la oceanógrafa, quien destaca la importancia de alimentar a la IA con más y mejor información.
«Esperamos llegar al punto en que el sistema sea capaz de identificar el problema y de emitir las alarmas necesarias para encontrar una respuesta adecuada en el menor tiempo posible», adelanta Ruíz, quien apuesta en grande.
En su opinión, «lo ideal sería contar con una red hidroacústica a lo largo de toda la costa pacífica de Sudamérica, desde Colombia hasta Chile, incluida la Antártica». Algo difícil, considerando que sólo para cubrir los más de 6.400 kilómetros de nuestro litoral, se necesitan unas 50 boyas.


