Paulao, coach brasileño de Beach Volley, murió de una trombosis pulmonar en el aeropuerto de Pudahuel
Él iba en el asiento pegado a la ventana, en la fila 10, porque era grandote igual que yo, y siempre voy en el pasillo, para estirar las piernas, contó el presidente de la Federación de Básquetbol.
La inesperada partida del brasileño Paulo Roberto Moreira da Costa, más conocido como Paulao (58), quien murió la noche del lunes en el aeropuerto de Santiago, cuando regresaba luego de dictar cursos en Trinidad y Tobago, conmociona al ambiente deportivo nacional, sobre todo a quienes trabajaron cerca de él, desde que llegó en 2018 contratado como jefe técnico del vóleibol playa.
Hombre clave en la carrera de los primos Grimalt, a quienes guió en sus pasos por los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y Paris 2024, también preparó a otras duplas en las canchas de Peñalolén, donde recibía a todos con una sonrisa amable, shorts, camiseta sin mangas y lentes de sol. Casi siempre descalzo o con chalas, disfrutaba su carrera: «No hay palabras», confiesa el presidente de su federación, Jorge Pino.
«Todavía cuesta creerlo. Duele… se fue un maestro, un líder. Se fue Paulao. No sólo nos enseñaste a competir, nos enseñaste a creer, a luchar con humildad, a trabajar con alegría…», reza parte de la emotiva carta publicada por los Grimalt en su cuenta de Instagram.
Padre de cinco hijos: tres en Brasil y dos más en Italia, donde trabajó varios años antes de aterrizar en el país. «Los hijos son los que van a tomar la decisión de si se va a cremar o embalsamar su cuerpo para llevarlo a Bahía, donde vive su madre. Pero eso va a tardar algunos días, porque primero deben hacer trámites en los consulados para entregarle un poder a su pareja en Chile. No es fácil, así que su cuerpo seguirá en el Servicio Médico Legal, donde la necropsia arrojó que murió por una trombosis pulmonar», comentó Pino.
El presidente de la Federación Chilena de Básquetbol, Irán Arcos, y el director nacional del IND, Israel Castro, que volvían juntos de Nicaragua, a donde habían viajado invitados por la FIBA, y aprovecharon en postular al país para volver a recibir la AmeriCup, coincidieron con Paulao en una escala en Panamá. Ambos fueron testigos de los últimos minutos del querido entrenador, y cuentan detalles de lo que vivieron apenas descendieron del vuelo 395 de Copa Airlines, poco antes de las 20:00 horas del lunes.
«Lo vi por primera vez en Panamá, donde tuvimos una larga espera de seis horas. Luego, cada uno embarcó por su lado. Y ya arriba del avión me sorprendí al verlo en el asiento pegado a la ventana, en la fila 10 creo que era, porque era grandote igual que yo, y siempre voy en el pasillo, para poder estirar las piernas. Yo iba en la fila 17, mientras que Israel estaba sentado un poco más adelante», dice Arcos.
«Así que ellos bajaron antes que yo, y cuando salía por la manga vi a unas personas que rodeaban a alguien. Y estaba Paulao en el suelo, consciente. Ahí le dije: «¿Qué te pasó?». Y me respondió: «Me desmayé, soy hipertenso». Me agarró la mano y me la apretó fuerte. Le pedí que estuviera tranquilo, que ya venía la asistencia médica. Y me dice: «Tengo mucho calor», así es que le ayudé a sacarse la parka, sudaba mucho. Y pregunté por la ayuda, que no llegaba. No había ni siquiera una silla de ruedas. Y me dijo: «Me cuesta mucho respirar»… Pasaron como 25 minutos hasta que, por fin vino, la asistencia», revela un afectado Arcos. «Esto no puede pasar en un aeropuerto que se jacta de ser el mejor de Sudamérica», añade.
Castro, por su parte, al ver que Arcos no salía, volvió a buscarlo: «En el vuelo iba sentado más adelante, por lo que bajé antes, y cuando esperaba a Irán, me regreso porque estaba tardando mucho. Ahí me encuentro que Paulao estaba en el piso, recibiendo auxilio a la salida de la manga. De ahí nos sacaron al poco rato, y esperamos afuera».
Y añade: «Quizás contribuyó con este desenlace que, cuando íbamos a aterrizar, el avión volvió a despegar e hizo la maniobra de aterrizaje por segunda vez. Desconozco el motivo técnico, pero la pista debe haber estado ocupada. Fueron más de 20 minutos que perdimos ahí».
Claudio de la Vega, médico cardiólogo de la Clínica Las Condes, plantea: «Esto se denomina el síndrome de la clase turista, que se da por posiciones incómodas en el avión por un tiempo prolongado. Por lo general, los trombos parten en las piernas o pelvis en personas con yeso, gente sedentaria o como en su caso en los vuelos largos. Y luego, cuando la persona se mueve de nuevo, se va al ventrículo derecho y si es muy grande causa obstrucción pulmonar, colapsa y ocurre un paro. Es mortal no más allá del 10 % de los casos; por eso, la atención inmediata es clave».


