Instructores de la filosofía yóguica ahora tendrán diplomas oficiales reconocidos por el Mineduc
La clientela suele regatear, advierten especialistas de una disciplina que se está profesionalizando.
Tras 19 años de existencia, este 2024 la Academia Chilena de Yoga -ubicada en Eliodoro Yáñez 820, Providencia- comenzará a funcionar formalmente como centro de formación técnica. Sus clases comienzan el 4 de marzo.
Este reconocimiento, otorgado por el Ministerio de Educación, fue publicado por el Diario Oficial recién el pasado 8 de febrero. Ahí se señala que «el Centro de Formación Técnica Academia Chilena de Yoga podrá iniciar sus actividades docentes con la carrera de Técnico de Nivel Superior en Instrucción de Yoga conducente al título técnico de nivel superior de Instructor de Yoga, para ser impartido en la ciudad de Santiago en jornadas diurna y vespertina».
Qué aprenden
Andrea Conca, presidenta del directorio de la fundación detrás del nuevo CFT y docente de la institución, precisa que «la carrera técnica consta de cinco semestres y también estamos ofreciendo un diplomado de tres semestres». Este último no conduce a un título formal.
«El técnico está habilitado para planificar e implementar experiencias de aprendizajes en la práctica del yoga, basadas en un conocimiento práctico de la filosofía yóguica. Contempla las diferentes etapas de desarrollo, características y necesidades educativas aportando al bienestar físico, sicológico y espiritual de las personas. Será capaz de aplicar técnicas de posturas del cuerpo, con bases en elementos de anatomía y biomecánica relevantes, de control de respiración y meditación, con el fin de equilibrar y armonizar el cuerpo, la mente y el espíritu», detalla Conca.
Aclara que el público que puede tomar lecciones es diverso, incluyendo a la tercera edad, niños o embarazadas.
El diplomado, en tanto, permite «dirigir clases de Hatha yoga de nivel principiante para público general, sin condiciones especiales».
Salud apta
¿Por qué formalizarse como CFT? «Nuestra principal motivación fue profesionalizar el yoga. Hay muchas escuelas que dictan cursos pero no había regulación; algunos son buenos, malos, cortos, largos y a veces la calidad de los egresados es deficiente», afirma Conca.
Para ingresar no se requieren conocimientos previos en esta disciplina; sí se exige licencia de cuarto medio, concentración de notas, ser mayor edad y tener una salud condición física apta. No se requiere demostrar rendición de la PAES (más información en cftac.yoga , https://goo.su/BE3ShUI).
El arancel mensual de la carrera, que suma 90 cupos, es de $195.000 mensuales (este año no se cobrará matrícula); del diplomado, $155.000 (con 30 vacantes, $100.000 de matrícula). Los alumnos regulares pueden postular a beneficios estatales como la Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE) y la Beca Nuevo Milenio.
El nuevo plantel cuenta con una biblioteca especializada en yoga que contiene más de 2.000 libros y está abierta a la comunidad.
Cuesta que paguen
Giannina Podestá, instructora de yoga integral, cree que el reconocimiento del Mineduc al nuevo CFT beneficiará a la disciplina. «La gente no le toma el valor a las clases de yoga. En otros países pagan $20.000 por cada una sin alegar, pero acá siempre regatean. Nosotros nos perfeccionándonos para pulir el currículum y entregar conocimientos. He hecho tres diplomados que me han costado como mínimo $1.500.000 cada uno», señala.
Carla Echeverría, fundadora del centro de yoga Sala 707, está certificada bajo la metodología Back Mitra. Concuerda en que cuesta cobrar lo que vale una lección y advierte una sobreoferta de instructores. «Un profesor necesita una buena formación y hay un déficit: puedes ser instructor en un mes y otros estudian solo online, en su primera aproximación a esta disciplina. Hay que aprender más de anatomía, por ejemplo. Está súper bien que se regularice», opina.


