No todo el mundo sueña con aprender a manejar o tener un auto
Saber que tengo que convivir con gente loca en las calles, que manejan horrible. Tener que estacionar, cosas así. Todo eso me da mucha ansiedad, confiesa Michelle Cáceres.
«La verdad es que nunca lo he necesitado (…) Cuando me vine a Santiago empecé a usar Metro, la micro, entonces no tuve la oportunidad de manejar», contó la piloto de aviones que quiere ser Miss Chile, Francisca Lavandero (lo puede leer aquí https://goo.su/NHOcH). Aunque manejar un auto puede ser mucho más fácil que un avión, para ella, no es prioridad aprender. Como Francisca, hay mucha gente que tampoco tiene la intención de aprender a manejar.
Pesadilla
Según el último sondeo de Cadem en 2022, el 71% de los hogares en Chile tiene un automóvil. Hay quienes no pueden tener uno por razones económicas y quienes podrían tenerlo, pero prefieren no evitarlo porque manejar no es lo suyo. Las razones que entregan son variadas. «Mi abuela estuvo a punto de regalarme un auto y mi exmarido también», cuenta Michelle Cáceres Garrido, pero dijo finalmente que mejor no, que prefería no tener uno. «No pude. He tenido hasta pesadillas con manejar. Pienso que soy muy chica de porte para maniobrarlo. Me pone nerviosa pensarlo», reconoce. «Saber que tengo que convivir con gente loca en las calles, que manejan horrible. Tener que estacionar, cosas así. Todo eso me da mucha ansiedad», confiesa.
Torpeza y comodidad
A sus 43 años, Paulo Instroza dice que ya no va a conducir nunca un auto. «Por mi torpeza con el tema siempre he chuteado el tema y ya no lo encuentro una necesidad. De hecho, el viaje es el tiempo que más uso para leer. Y es donde converso de todo con mi hija», destaca. A la playa vamos en micro. Han sido mansos piques, pero se disfruta el camino». Aunque reconoce que en un comienzo pensó que podría ser un problema en términos prácticos con su hija, al final fue todo lo contrario. «Ella prefiere andar en micro que en auto, es super loco. O cuando vamos a Santiago prefiere ir en bus que en avión, porque vamos conversando todo el tiempo», destaca. Sobre la presión social frente a la clásica pregunta «¿cuándo vas a aprender a manejar?», dice que no es tema para él. «A estas alturas de la vida a uno le da lo mismo, si uno ya sabe lo que está bien o no», reflexiona.
Vida acelerada
Como un orgulloso «no conductor» se declara Marcial Parraguez, un chileno que reside en Argentina. ¿Por qué? «porque encuentro que manejar es la cosa más estresante que hay. Creo que caminar te pone en un lugar distinto cuando te paras frente a la ciudad, la verdad». Dice que prefiere tomar un bus o sumarse como pasajero de alguien más, porque, para él, incluso, cambia el carácter de las personas. «Encuentro que es más fácil no ser conductor. Los conductores entran en una dinámica súper estresante. Tengo una amiga que se puso a manejar Uber y llevó su personalidad de conductora (de la aplicación) a su vida diaria, como que se puso acelerada para todo», cuenta.
Dispersa
Gabriela Paz dice que como es ser tan dispersa «no sé cuál es mi derecha ni mi izquierda, me cuesta, entonces, creo que sería un peligro al volante», reconoce. «Me muevo mucho más en el transporte público o en autos de amigos, pero manejar no es una prioridad para mí, porque creo que hay que ser súper responsable a la hora de conducir», expresa. «Creo que hay mucha gente que no maneja por esa inseguridad de no ser buen conductor», añade.
Ahorro
«Ya no manejo porque es un cacho», asegura Carolina Cares. Dice que manejo un tiempo, pero decidió que era mejor colgar el volante y argumenta: «apenas lo sacas de la concesionaria, ya perdió valor. En ningún caso es una inversión, sino que es un producto de alto costo que todos los meses se devalúa. Los seguros aumentaron un montón. La bencina, los permisos de circulación. Considerando que vivo sola, no tiene sentido ese nivel de gasto», opina. «Tengo el QR de la tarjeta bip, ese que si llegas a 38 mil y de ahí ya no pagas, nunca he llegado al máximo (en el mes). Es lo que gastaría en bencina en una semana», justifica y agregá más factores. «Los estacionamientos son caros, no es llegar y estacionar en cualquier calle. Hay como una ola de robos de espejos, entonces, más que algo práctico, se convierte en una fuente de problemas y de malos ratos». «Salvo que tengas hijos chicos o tengas que cruzar Santiago todos los días, no tiene mucho sentido», resume.
Confrontar
Para el sicólogo clínico de Emdr, Instituto Kintsugi, Julio César Carrasco, los argumentos que tienen que ver con algún tipo de miedo al ponerse al volante se pueden abordar, ya que hay personas que ni siquiera hicieron el intento de aprender y, en rigor, aprender alguna habilidad, nunca está de más. «Puede ser una decisión consciente y voluntaria, pero también tenemos el llamado inconsciente, que de repente, creemos que respondemos a lo que pensamos, pero no siempre es así», explica. «A veces respondemos para protegernos, para evitar, para no enfrentar una situación que nos pueda asustar, pero procrastinar, chutear para adelante, son formas de evitar algo. Porque la capacidad, la competencia, la tiene cualquier ser humano. Si somos, básicamente, todos parecidos», plantea. «Y aplica para otras cosas más, como nadar o andar en avión, cuando alguien dice, no, no me interesa. ¿Realmente no te interesa o no lo quieres confrontar?», cuestiona el sicólogo.


