Vecino víctima de turbazo en Conchalí: «Nunca más tuvimos paz»

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Residentes de la población El Cortijo hicieron manifestación pidiendo más seguridad

Hace nueve meses seis delincuentes entraron a su casa. Lo que más quiero es borrar ese día de mi vida, afirma.

A las 10 horas de este martes, un grupo de vecinos se reunió afuera del jardín infantil Flor de Oro, en la población El Cortijo, de Conchalí. Pancartas en mano y sin mayores preámbulos pidieron más seguridad en el barrio.

La elección del jardín se debe a que en el último tiempo ha sido asaltado tres veces. «Se llevan todo», dice Rosa Curinao, cuya casa colinda con el pasaje donde está el recinto educativo. A ella misma le intentaron hacer un turbazo este lunes poco después del mediodía.

«Yo andaba comprando. Mi hijo y mi nuera pidieron un delivery para comer. Cuando llegó el joven en moto aparecieron cinco cabros corriendo y con armas. Le robaron y después quisieron entrar en la casa. Mi hijo cerró la reja y con el ruido de los vecinos salieron arrancando. Al final se llevaron la comida, la moto quedó tirada acá porque no supieron echarla a andar», cuenta Rosa.

Ella vende ensaladas preparadas y dulces en su casa. Reforzó la seguridad con cámaras e instaló un botón de pánico para hacer sonar la alarma en caso de ser atacada por algún delincuente.

Insomnio

A dos cuadras de Rosa vive Luis Alberto (72 años). El 8 de enero, mientras dormía con su señora, fue víctima de un turbazo. «Me desperté diez para las dos de la mañana con unos jóvenes dentro de mi casa. Eran seis. Uno se quedó sentado en el auto, otro se paró en la puerta y los otros cuatro partieron al patio donde teníamos un televisor grande con mi viejita. Nos gustaba sentarnos en la tarde a mirar películas. Se llevaron todo lo que pudieron», recuerda.

Los delincuentes, que tenían entre 15 y 25 años- lo golpearon con una herramienta de fierro -conocida como diablo- sin piedad. Le hicieron dos cortes en la cara y le exigieron que les entregara la llave de su auto. «Les dije que era de un vecino, que no tenía las llaves. Más rabia les dio. Mi señora atinó súper bien cuando escuchó a los jóvenes. Corrió a esconderse en un taller que tengo al fondo. Con el ruido que hicieron salió un vecino del frente, gritó vienen los Carabineros y ellos arrancaron».

Huyeron con las especies, avaluadas en $2.000.000, y $100.000 en efectivo que habían dejado para hacerse unos exámenes médicos al otro día. Él cree que «estaban dateados, se fueron primero al televisor grande del patio. Sabían que éramos adultos mayores. Lo que más quiero es borrar ese día de mi vida. Porque, ¿sabe lo que es peor?».

Dígame.

«Las cosas materiales se pueden recuperar. Las heridas en mi cara sanaron, pero el daño sicológico no se va. Sigue acá. Nosotros decimos que la sacamos barata, pero no es cierto. Nunca más tuvimos paz. Ahora tengo insomnio. Me duermo tarde y a saltos. Me levanto y me asomo a mirar por la ventana hacia la calle. Ando con miedo todo el día».

Luis puso doble chapa en la puerta de la reja y tapó con barrotes la puerta de calle y las ventanas. Instaló tres cámaras de seguridad adicionales: «Mire cómo estamos. Enrejados y encerrados en la casa, mientras ellos están libres. Mi causa está en la Fiscalía, pero nunca me han citado a declarar. Esta es la nueva chilenidad que nos toca vivir».

Indefenso

A la vuelta de la calle donde vive Luis, está la casa de Iván Sepúlveda. También la tiene enrejada con puntas tiburón y murallas tan altas que apenas le llega un rayo de sol a su antejardín. Hace dos semanas le reventaron el vidrio de su camioneta y se llevaron la mercadería que acababa de comprar. Un poco antes de eso una turba intentó entrar a su casa a la una de la mañana, pero hizo tanto ruido que otros vecinos gritaron y los delincuentes se escabulleron.

«Le dije a mi hijo no importa vivir como si estuviéramos presos porque la seguridad es lo primero. La madrugada del domingo entraron a la casa de otro vecino de la cuadra. Él estaba en la playa. Le robaron todo lo que pudieron llevarse. Estamos en la indefensión absoluta. Carabineros y Seguridad Municipal no vienen para acá. Nos dejaron botados, tenemos que defendernos entre nosotros», afirma Sepúlveda.

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