«La Inteligencia Artificial no es ni artificial ni inteligente»

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Kate Crawford, investigadora del Microsoft Research Lab de Nueva York

La gran amenaza de esta revolución tecnológica es que está aumentado el paisaje de la inequidad social, afirmó.

«Un gusto conocerte en Congreso Futuro», escribió Kate Crawford en el ejemplar que tenía Jaime Ulloa del libro «Atlas de Inteligencia Artificial», que ella publicó el 2022. Antes de sus exámenes, el chileno, que estudia Antropología y Filosofía de la Universidad de Manchester, se tomó unas pequeñas vacaciones, para ver en el Congreso Futuro la exposición de la investigadora del Microsoft Research Lab de Nueva York y profesora honoraria de la Universidad de Sidney, Australia. «La primera vez que escuché de ella fue en una clase de antropología digital en mi universidad. Ella habla de las bases materiales de la Inteligencia Artificial y trata de no presentarla como una cosa aislada, abstracta, que existe por sí misma. La Inteligencia Artificial está inherentemente unida a los fenómenos sociales y económicos», explica.

En su libro, la profesora Crawford corre el velo de esta revolución tecnológica que parece abarcarlo todo: «La Inteligencia Artificial no es artificial ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea, como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructura, logística, historias y clasificaciones». Asegura que la Inteligencia Artificial depende de un conjunto de estructuras políticas sociales. «Los sistemas de Inteligencia Artificial son, al fin y al cabo, diseñados para servir a intereses dominantes ya existentes, explica.

En el auditorio del Centro de Extensión del Instituto Nacional (CEINA), con su traje azul oscuro de pantalón y chaqueta, su pelo casi naranjo y sus zapatillas blancas, desarrolló más estas ideas.

Quiénes son

«Los más responsables de construir la inteligencia artificial son los que están emitiendo las amenazas más grandes. Los que están más alarmados son los mismos arquitectos de la Inteligencia Artificial. La clase de los millonarios tecnológicos está argumentando que sus mismos productos un día podrían destruir a la humanidad. ¿Y quién creen que dicen que son las personas que pueden salvarnos? ¿Pueden adivinar? Sí, ellos mismos», afirmó.

Eso para ella es una «notable paradoja».

Pero no es todo. ¿Qué es lo que no se ve de la Inteligencia Artificial? se preguntó, y se respondió ella misma: por ejemplo, que necesita de súper computadores o centros de almacenamiento de datos del tamaño de canchas de fútbol que necesitan enfriarse con agua.

«Un estudio reciente hizo el cálculo de que algunas interacciones con ChatGPT, digamos unas 25, en que haces preguntas y te responde, equivalen a botar al suelo medio litro de agua», explicó. Y no es lo único. Estas empresas están necesitando grandes cantidades de litio para las baterías recargables de los dispositivos que funcionan con esta tecnología. «La Inteligencia Artificial actual está aumentado el paisaje de la inequidad social, alterando las dinámicas laborales y acelerando la crisis climática», aseguró.

La gran amenaza

La revolución es extrema, dijo. «La verdadera amenaza es que los sistemas creados por multimillonarios hoy están cambiando el balance desde un proceso democrático hacia un poder sin comprobación».
«Ella nos advierte que no hay que enfocarse tanto en los problemas que tal vez pueda llegar a haber en el futuro con la Inteligencia Artificial y ver los problemas que está generando ahora», concluyó.

¿Viene un apocalipsis del trabajo?«Es posible que reemplace muchos trabajos, pero eso no necesariamente significa que enfrentemos un apocalipsis del trabajo, de la misma manera que la revolución industrial no lo fue. Pero hay grupos en la sociedad que tienen muchas dudas y se resisten al progreso tecnológico y esa resistencia tiene sentido», comentó Carl Benedikt Frey, profesor de Inteligencia Artificial y Trabajo en el Instituto Internet de Oxford. Dijo que la Inteligencia Artificial no es necesariamente una amenaza para los trabajadores. «Lo mejor que puedes hacer, como individuo, es preguntarte cuál es mi rol, qué es lo que sé, si mis habilidades son todavía valiosas. Si sabes todo eso, sabrás qué debes aprender, qué cursos necesitas tomar. Es mejor ser proactivo que reactivo», afirmó.

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