Debate para recuperar superficies degradadas
En Chile han habido experiencias similares, pero que terminaron de la peor manera en Magallanes y Juan Fernández.
Desde hace cuatro décadas, China se propuso combatir el avance de sus desiertos en la región de Dalat Banner, a través de innumerables programas implementados por el poder central e iniciativa de empresas privadas con intereses en las zonas más amagadas por la aridez extrema. Uno de esos proyectos contempla el uso extensivo de conejos para recuperar superficies degradadas en el norte del país, próximo a la frontera con Mongolia. Uno de los ejemplos de éxito se registra en Kubuqi, desierto que ha recuperado alrededor de seis mil kilómetros cuadrados con este método. Todo en un perímetro cercado, para evitar catástrofes ecológicas.
Razones
De hecho, en la localidad de Ordos funcionan criaderos de conejos que se alimentan con malezas invasoras, fertilizan el suelo con el excremento y crean hábitats que ayudan a las plantas a echar raíces. ¿Las razones? Tres: aireación del suelo, la excavación de madrigueras ha mejorado la estructura del suelo, facilitando la retención de humedad; fertilización natural, sus excrementos han enriquecido la tierra, impulsando el crecimiento de vegetación; reducción de la erosión, la estimulación del crecimiento de plantas ha contribuido a fijar el suelo y evitar su erosión por el viento.»Es posible, especialmente en terrenos desérticos, pero en otro tipo de ambientes pueden provocar lo contrario, erosión», advierte Paulo Corti, académico de la facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales de la Universidad Austral. Los resultados hasta el momento son positivos. Ha habido un aumento de la cobertura vegetal de un 3% a un 84,7% en pocas décadas. Se ha recuperado 8.600 hectáreas de tierra previamente árida. Se generaron ingresos anuales de 20.000 yuanes por familia mediante la venta de conejos para carne y piel.
Sobrepastoreo
Corti añade que «en la zona de Mongolia interior hay una historia de sobrepastoreo bien importante, se ha degradado la superficie por el pastoreo de ganado, puede que esto funcione, pero siempre hay que tener el cuidado con que los conejos son muy prolíficos». Menciona que «al ser prolíficos, en una primera fase, pueden incrementar la superficie que van mejorando, pero también eso perturba las especies nativas porque compiten por espacio y alimento, y en algunos casos se convierten en subsidio para depredadores».
Dudas
Coincide César Mattar, director del magíster en Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Universidad Mayor: «Me parece muy interesante porque se trata de un lugar que está completamente degradado, árido, donde se insertan estas especies para recuperar la materia orgánica y facilitar el crecimiento de vegetación. Esto expone que hay soluciones que escapan a la imaginación y que pueden dar muy buenos resultados». El académico entrega matices: «Plantearía algunas dudas. ¿Qué pasaría si se recupera el ecosistema? ¿Qué pasa con esa población enorme de conejos porque también se alimentan de vegetación? Es cierto que los cazan y sirven para alimentación, pero igual se mantiene una base de esa población».
Especies foráneas
Una experiencia así resulta tentadora de aplicar, aunque los especialistas alertan de innumerables consecuencias y dolores de cabeza. Sebastián González, biólogo, docente e investigador del Instituto de Biología de la Pucv, asevera que «cuando uno quiere hacer algo introduciendo especies tiene que ver los pros y los contras y estos últimos casi siempre ganan. Por querer hacer algo bien se desencadenan daños peores, por eso se debe estudiar muy bien el contexto y el ambiente. No todas las ideas que funcionan en una condición ambiental particular son replicables en otra».
Controversias
César Mattar, de la UMayor, reconoce que «acá un proyecto así sería muy controversial. En Chile tenemos hartos problemas con especies exóticas invasoras que han ingresado a veces al país con buenos objetivos, como el control de algunas especies, también para alimentación, y la verdad es que nunca se han previsto adecuadamente sus externalidades ambientales negativas, trayendo grandes problemas a los ecosistemas».
Casos fallidos
Hay dos casos fallidos de ingreso de especies exóticas a Chile. Paulo Corti, de la Universidad Austral, detalla que «ya se introdujeron conejos en una zona árida, en la estepa magallánica entre 1900 y 1930. Se tuvieron que controlar con una enfermedad inoculada. Lo mismo sucedió en Australia. Se transformaron en una plaga que obligó a construir cercos anti conejos para proteger la vegetación. Lo mismo pasa en la zona central, donde hay conejos, hay erosión».
El otro caso fue insular. «Podemos ver en la isla Robinson Crusoe que se introdujeron conejos y lo que han hecho es incrementar la degradación y la pérdida de flora nativa del lugar. También hay que conocer la ecología de la especie, porque ya tenemos liebres y conejos en Chile. ¿Qué aporte harían las especies introducidas?», plantea César Mattar.
Peligros
Mattar recalca que «ecológicamente usar conejos para frenar la desertificación es ingenuo y peligroso. Chile no debe replicar este modelo, debemos fortalecer las estrategias basadas en la ecología nativa y que han demostrado éxito. Son más seguras, efectivas y sostenibles a largo plazo».


