El diamante Florentino perteneció a los Medici y reapareció en un banco canadiense
Los propietarios de la pieza la ocultaron de los bolcheviques, tras la Primera Guerra Mundial, y de los nazis, en la segunda.
Su historia es bastante rocambolesca. Tras perderle la pista, reapareció el afamado diamante Florentino después de más de 100 años. Esta joya formaba parte de la colección de la familia de los Habsburgo, un linaje que gobernó reinos e imperios, y que en un remoto pasado fue protagonista en Europa.
Luego de esfumarse la joya, las teorías sobre su destino fueron múltiples. Que alguien se lo había llevado a Sudamérica. Que fue trozado para poder venderlo sin ser identificado (algo que se teme que pueda suceder con las joyas robadas recientemente en el Museo del Louvre).
Su mitología se remonta a la familia Medici, célebre y opulenta, que gobernó la ciudad italiana de Florencia, durante el Renacimiento. Luego pasó a manos de los Habsburgo.
Es una joya tan lucida que es imposible calcularle un valor de mercado. Es de 137 kilates, tiene 126 ángulos, y es admirada por su forma de pera y su tono amarillo limón, como explicó el diario estadounidense «New York Times».
Este diario fue convidado por tres familiares de los Habsburgo para que vieran el diamante Florentino y las demás joyas. Esto se hizo en un banco en Montreal, Canadá, donde estuvieron resguardas, secretamente, en una bodega por décadas.
¿Con qué pruebas se decidió que es el verdadero diamante Florentino? El «New York Times» indicó: su peso de 137 kilates corresponde a las fuentes históricas; confirmación por un dispositivo electrónico adecuado; y su corte se corresponde con las fuentes históricas.
Historia
Al término de la Primera Guerra Mundial, el emperador austrohúngaro Carlos I, percibió el clima político hostil -bolcheviques y anarquistas- que se cernía sobre Europa. Entonces decidió exiliarse con su familia y sus preciadas joyas, a Suiza.
Luego, con el avance de los nazis, la esposa de Carlos I, la emperatriz Zita, desarraigada nuevamente, escapó de Suiza hacia Estados Unidos. Huyó con sus ocho hijos y portaba una maleta de cartón, según el diario británico «The Guardian», donde metió las joyas, incluido el diamante Florentino. Después se trasladaron a la provincia canadiense de Quebec, donde se instalaron en una casa humilde.
Desentrañando la historia, Zita regresó a Europa en 1953 y mantuvo al banco canadiense como custodio de las joyas. Y sólo les reveló el secreto a dos personas: sus hijos Robert y Rodolphe. Pero les impuso una condición: que no le contaran a nadie nada de esto hasta que se cumplieran 100 años desde la muerte de Carlos I, quien falleció en 1922. Dice el «New York Times» que Zita se enorgullecía de haber cuidado las joyas reales ante tantas vicisitudes. Murió en 1989 a los 96 años.
Antes de morir, Robert Von Habsburg-Lothringen y Rodolphe Von Habsburg-Lothringen transmitieron el secreto a sus hijos, respectivamente: Lorenz, hoy de 70 años, Simeon, de 67 años
Finalmente, estos últimos se lo revelaron a su primo, Karl Habsburg-Lothringen, de 64 años y nieto de Carlos I. Karl le comunicó al susodicho diario estadounidense. «Cuanta menos gente lo supiera, mayor sería la seguridad».
«En mi caso», dijo Karl, «ni siquiera sabía de la existencia del diamante hasta hace poco, por lo que era fácil responder con sinceridad a esas preguntas» sobre su ubicación.
Karl agregó: «Debería formar parte de un fideicomiso aquí en Canadá…. Debería exponerse en Canadá de vez en cuando, para que la gente pueda ver realmente esas piezas».
La tutela de un fideicomiso contaría con 33 beneficiarios directos descendientes de Zita hasta la segunda generación.
En la bóveda, además del diamante Florentino, se hallaron una Orden del Toisón de Oro engastada en diamantes, un reloj tallado en una esmeralda con forma de pera, y varios alfileres de sombrero decorados con rubíes, esmeraldas y diamantes.


