El galán australiano interpreta al monstruo en el impactante filme estrenado en Netflix
Las sesiones de maquillaje duraban hasta 11 horas. Le instalaban 42 prótesis, dentadura falsa y lentes de contacto.
Recién estrenada en Netflix para el público masivo, «Frankenstein» ya había sido exhibida en el Festival de Venecia donde recibió una ovación de 13 minutos. El impacto entre los críticos ha sido similar, pues aunque algunos no están tan convencidos, en general han coincido en que resulta fascinante.
En su comentario, «Variety» elogió también al actor Jacob Elordi por su versión como la criatura: «es una interpretación física y emocionalmente devastadora».
Para Elordi el trabajo implicó mucho desgaste, partiendo por la transformación física. Acostumbrado a mostrar su pinta en películas como «Saltburn» y «Priscilla», el australiano de 28 años debió tener la paciencia de someterse cada día de grabación a una larguísima sesión para afearse para cumplir con el rol más importante que ha realizado.«Cuando nace, desde la cabeza al dedo del pie fueron unas 11 horas», le contó a Jimmy Fallon. Ese tiempo lo ocupaba para pensar en cómo meterse mejor en el personaje de un hombre compuesto por partes de personas fallecidas y revivido por medio de la electricidad.
En total, el actor usó 42 prótesis para encarnar a la criatura, además de una dentadura postiza y lentes de contacto para darle la mirada correcta. «Lo más difícil para mí ha sido comprender que soy yo ahí en la pantalla con ese maquillaje (…) Hubo dolor físico, sufrimiento mental, pero es secundario ante esta gran alegría que tuvimos cuando filmamos la película», afirmó.
Elordi trabajó en sus movimientos para mostrar una caminata inestable y vacilante, inspirado en el butoh, una danza japonesa que destaca por su estilo lento. Y a la hora de darle una voz gutural, se acercó al canto difónico mongol: «Es gutural y suave».
Estatua
La inspiración para el look del personaje provino de las artes. «Quería que fuera una estatua de mármol», afirmó el director Guillermo del Toro, quien calificó el resultado como «un monstruo hermoso».
Para el director se trata de un proyecto largamente anhelado, pues «he vivido con la creación de Mary Shelley toda la vida», afirma, mencionado a la novelista que creó al personaje.
«Para mí, es la Biblia, pero quería hacerla mía, contarla de nuevo en un tono diferente, con una emoción diferente», asegura.
El rodaje duró unos 100 días y culminó en unas propiedades de Inglaterra. «Viajamos, una caravana de gente, durante horas y horas para encontrar una locación con el aspecto adecuado», afirma Del Toro. Uno de esos lugares es conocido como Wilton House, que apareció en una de sus películas favoritas del director Stanley Kubrick, la majestuosa «Barry Lyndon» (1975).


