Roberto Tomatín Rojas explica su salida del cargo de gerente técnico en el Temuco de Marcelo Salas
El ex arquero aclara que está todo bien con el Matador y hace autocrítica. Debí prepararme y estudiar para el cargo, dice.
Roberto Rojas Mercado (54) fue arquero y asegura que el nombre nunca le pesó. «Al contrario, fue un orgullo llamarme igual que el Cóndor Rojas. Es uno de los tres mejores porteros de la historia junto a Sergio Livingstone y Claudio Bravo. Incluso nos hicieron una nota juntos en la revista Minuto 90. Fue poco antes de que confesara lo del Maracaná», recuerda Tomatín Rojas, como se le conocía.
¿Quién le puso el apodo y por qué?
«Fue Raimundo Tupper, cuando llegué a la Católica a los 14 años. Él y Luka Tudor eran los líderes, los más bacanes de la división, y me acogieron de inmediato. El primer día de entrenamiento hicimos pesas y yo nunca había hecho. Quedé rojo como tomate y ahí el Mumo me bautizó para siempre».
¿Por qué llegó a la Católica?
«Porque yo vivía en Las Condes, pero no porque fuera de plata. Mi familia era de mucho esfuerzo y mi papá, Roberto, que se había criado en la calle pero era muy culto, nos llevó a vivir a Chesterton para que pudiésemos tener mayores posibilidades. De hecho, aunque me echaban de todas partes, estuve en buenos colegios como El Dorado, el Adventista y, en especial, el Amanda Abarca, donde tuve la tremenda suerte de que llegaran muchas niñas de La Maisonnette. Fue un sueño para un adolescente, jajá».
¿Llegó al fútbol porque no le iba bien en los estudios?
«No, mis viejos me motivaban a jugar, pero en especial a mi papá no le gustó nada que fuera futbolista. Él me decía que tenía que sacar una profesión y, de hecho, nunca me fue a ver al estadio porque dijo que no lo haría hasta que estudiara».
¿Y nunca le hizo caso?
«Sí, estudié educación física y saqué mi cartón. Lo malo es que me alcanzó a ver poco en el estadio porque él murió cuando yo tenía 30 años. Y de verdad fue un golpe fuerte. Tanto que caí en depresión y fue la causa de mi retiro del fútbol».
¿No recibió ayuda profesional en ese momento? ¿La buscó?
«En verdad, en ese momento no asumí que estaba con una enfermedad. Sólo me sentía mal, con ganas de no hacer nada, no me motivaba ir a entrenar, me quería olvidar del mundo y largué todo».
¿Tenía una relación muy cercana con él?
«Mucho. Él era un tipo vividor, le gustaba carretear y pasarlo bien pese a que él pasó penurias en su vida. Lo más doloroso es que le diagnosticaron un cáncer y se fue a los ocho meses. Yo no estaba preparado para que se fuera»
Luego de su retiro, ¿qué hizo?
«Empecé a hacer clases en la universidad y también tuve experiencias como entrenador en General Velásquez e Iberia, trabajé como comentarista de un programa del CDF y hace tres años me llamó Marcelo Salas para ser gerente técnico de Deportes Temuco».
Cargo al cual hace algunos días renunció. ¿Por qué?
«Teníamos un plan de tres años y que era que, al cabo de ese tiempo, volviéramos a Primera División. Pero no se dio. Los dos primeros años fueron buenos, pero este fue muy malo en varios aspectos».
Enumérelos.
«Fue algo global. Hubo situaciones en que todos fallamos».
Usted ha defendido la gestión del propietario Marcelo Salas. ¿Está él entre los responsables por su modo de dirigir el club y de relacionarse con los futbolistas y entrenadores?
«Yo nunca fui amigo de Marcelo, pero debo decir que es un lujo que un crack como él esté metido en el fútbol. Sería un error que él se fuera de la actividad porque nos farrearíamos a un gran gestor, como ya nos farreamos a Ricardo Abumohor y Carlos Heller. Marcelo vive para el club y muchas veces puso cheques personales para viajes y otras cosas. Él sí hizo bien su trabajo».
Entonces, ¿las fallas estuvieron en el camarín?
«Todos los camarines tienes sus historias y este también las tuvo. Yo diría que, como colectivo, nunca logramos ensamblarnos».
Hubo este año tres entrenadores: Mario Salas, Esteban Valencia y Arturo Sanhueza. Da la idea que el problema no fue el entrenador.
«Como digo, todos somos responsables de no conseguir los objetivos. Mario Salas es un entrenador de Primera División, pero no pudo enrielar al equipo. Valencia y Sanhueza tampoco».
Usted, ¿qué error asume?
«Como gerente técnico, no tengo responsabilidad en lo que pasa en la cancha, no soy el entrenador ni juego, pero igual hago mi mea culpa: debí prepararme mejor. Me faltó estudiar, prepararme mejor para asumir en este cargo. Hay cosas que debía saber hacer y no aprenderlas ya trabajando».
Ahora que se va del fútbol de nuevo, ¿no teme volver a caer en un estado depresivo?
«Creo que hay diferencias. Del fútbol activo me fui con una depresión, es cierto, pero ahora sé que tengo mucho por hacer. Esta misma semana vuelvo a Santiago, a mi departamento, a reinstalarme con mi mamá (Eliana Mercado), con la que vivo y que me acompañó en mi estadía en Temuco. Ella tiene 94 años, fue peluquera toda su vida y dejó el trabajo simplemente porque sus clientas se fueron muriendo. Como me separé tras 25 años de matrimonio, y mis hijos -Lucas (25) y Mateo (20)- ya son independientes, puedo esperar tranquilo el futuro. Sé que será en el fútbol y ojalá donde todo sea adrenalina, que es lo que me hace feliz».


