La boxeadora Daniela Asenjo contrajo matrimonio con Alejandro Concha, su entrenador y compañero de trabajo
Han sido años de entender y respetar al otro. De entender cuál es el rol de cada uno también. Porque con Alejandro acá en la casa somos pareja, pero en el gimnasio es mi profe, explica la Leona Asenjo.
Daniela Asenjo (34) se casó el viernes con su entrenador histórico, Alejandro Concha (50). Fue una ceremonia atípica, porque el oficial del Registro Civil tuvo que desplazarse hasta el gimnasio KO, propiedad de los novios, para realizar la ceremonia sobre el cuadrilátero. Llegaron 120 invitados, que después se desplazaron hasta el Club de Golf de Valdivia para disfrutar de la cena.
«Nuestra historia es bien larga, con altos y bajos. Alejandro me propuso matrimonio en 2018, pero como aparecieron peleas por títulos mundiales nos enfocamos en la carrera y dejamos de lado el tema de la boda. Y hace tres meses atrás me volvió a decir si queríamos casarnos. Le dije altiro que sí, porque al final llevamos tanto tiempo juntos que era bonito poder celebrarlo junto a los amigos y la familia. Habíamos tomado la decisión de estar juntos hace mucho rato. Ahora sólo era ponerle la guinda a la torta», explica Asenjo, también conocida como la Leona, campeona mundial supermosca de la Organización Internacional de Boxeo (OIB), entre otros títulos.
Asenjo conoció a Concha hace quince años, cuando llegó al gimnasio donde ahora se casó a tomar clases de kickboxing. Al poco tiempo él se convirtió en su entrenador y, al cabo de un año y medio, comenzaron una relación sentimental.
¿Cuáles son los pro y los contra de trabajar ahora con el marido?
«La verdad, es complejo llegar a tener una relación libre de discusiones o de problemas cuando se comparte todo. Y, en este caso, trabajamos en el mismo lugar y es mi entrenador. Aparte, tenemos una promotora con la que realizamos eventos».
¿Cómo lo hacen entonces?
«Han sido años de entender y respetar al otro. De entender cuál es el rol de cada uno también. Porque con Alejandro acá en la casa somos pareja, pero en el gimnasio es mi profe. Hay que entender esos roles para que también lo entiendan los niños o jóvenes que nosotros formamos en el gimnasio. Básicamente, que tiene que haber una actitud de respeto dentro del gimnasio. Ha sido complicado porque hay que ir educando con el ejemplo. Entonces muchas veces uno está enojado y tiene que guardarse el enojo porque es tu profe».
¿Qué cosas son las buenas?
«Lo bueno es que podemos disponer de nuestro tiempo y compartimos esta pasión por el boxeo. Es muy bonito encontrar y coincidir con alguien en la vida que te impulse y que te ayuda. En mi caso, a llegar a ser campeona del mundo. En el caso de él, a ser entrenador de una campeona del mundo. Y yo creo que las cosas positivas son muchas, muchas, muchas. Dentro de las más positivas es la confianza y el fiato al conocernos hace tanto tiempo. No necesitamos decirnos muchas cosas, porque ya sabemos cómo funciona todo».
¿Y qué es lo no tan bueno?
«Hay que tener mucha paciencia y no llevar los problemas del trabajo a la casa. Como es mi profe, hay roles que son distintos y, muchas veces, esa diferenciación cuesta hacerla. Pero creo que con Alejandro a lo largo de los años lo hemos entendido muy bien. Nosotros venimos del kickboxing, que es un deporte muy marcial también. Entonces ahí creo que aprendimos mucho a delimitar esos límites que debemos tener. Tanto él como el profesor y yo como alumna en el gimnasio».
¿Cómo fue eso de casarse en el ring?
«Sí, acá en Valdivia, en nuestro club. Nos casamos ahí en el ring, donde entreno y hago sparring. Ahí mismo nos casamos, en el mismo lugar donde hacemos las peleas de los chicos novatos. Ahí mismo nos casamos. Nos casamos ahí porque en el ring hemos formado nuestra vida. El ring es nuestro lugar de trabajo y donde hemos vivido los más lindos momentos juntos. Nos casamos frente a la familia, amigos y alumnos, quienes están a diario en el club, por lo que es un segundo hogar».