Volkswagen muestra los secretos detrás del Tera
Visitamos el Laboratorio de Seguridad Vehícular que la marca alemana tiene en la planta de Anchieta (São Paulo), para conocer en detalle el complejo sistema de diseño y tecnologías que se activan en los 120 milisegundos en que se desarrolla un choque frontal.
La seguridad de los automóviles modernos ha mejorado enormemente gracias a la mezcla de distintos factores como una geometría calculada hasta el último milímetro, el uso de cámaras y sensores, y miles de simulaciones apoyadas por la inteligencia artificial.
El consenso es claro: un vehículo no obtiene la máxima clasificación de seguridad por ser fuerte. Para lograr cinco estrellas en LatinNCAP un vehículo debe lograr un alto porcentaje de rendimiento en cuatro pilares: ocupante adulto, ocupante infantil, protección a peatones y usuarios vulnerables de las vías, y sistemas de asistencia a la seguridad (Safety Assist). Así, un auto de tres o cuatro estrellas puede tener una seguridad pasiva excelente, pero si falla en la tecnología de prevención (como los sistemas ADAS), su puntaje cae.
¿Cómo se logra entonces la máxima puntuación? Los ingenieros en seguridad del Laboratorio de Seguridad Vehícular de Volkswagen, en la planta de Anchieta, abrieron sus puertas para explicar el meticuloso proceso detrás de los «crash test», y el trabajo detrás de la máxima puntuación del Volkswagen Tera, su nuevo SUV de entrada que busca convertirse en el nuevo modelo icónico de la marca, como lo fue el Polo.
En un pestañear
Un choque demora 120 milisegundos en desarrollarse. Lo que para un humano es un abrir y cerrar de ojos, para los ingenieros de seguridad es un proceso de cinco etapas.
Entre los 0 ms y los 25 ms, el auto tiene que ser capaz de detectar un choque frontal. Sensores delanteros identifican el evento y lo comunican a la unidad de inteligencia del auto que de forma inmediata detecta si es un choque y de qué tipo.
De los 25 ms a los 55 ms actúan los cinturones de seguridad, los que se activan mediante pretensores para anclar a los ocupantes a sus asientos, alejándolos lo más posible del tablero. Al mismo tiempo los airbags se disparan.
Entre los 55 ms y los 80 ms, los cuerpos de los ocupantes avanzan por inercia contra el cinturón -el que va haciendo un jugo de «tira y afloja» para liberar esa energía sin ejercer una fuerza que dañe los órganos internos- hasta encontrar una región rígida dentro del auto.
En el intérvalo de los 80 ms a los 105 ms, el foco es minimizar el contacto con el panel, que es diferente para conductor y pasajero. El primero tiene menos espacio, por lo que es necesario el colapso de la columna de dirección, y evitar que los pedales se vayan hacia las piernas.
Finalmente, al llegar a los 120 ms la carrocería termina de cumplir su función. A través de la aplicación de aceros de ultra y alta resistencia y un diseño meticuloso, la energía se disipa intencionalmente. Los ingenieros han creado «fusibles» estructurales -pliegues y orificios en los largueros- diseñados para doblarse y romperse en puntos específicos, asegurando que la célula de supervivencia (el habitáculo) se deforme mínimamente.


