Analistas describen cómo cambió el electorado con la incorporación el votante obligado
Es más predecible: tiende a castigar al gobierno de turno y premia el orden, la claridad y sentirse tomado en cuenta, dice Juan Pablo Lavín, de Panel Ciudadano.
Además de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta, en las recientes elecciones hubo otro protagonista: el votante obligado. Estos fueron los primeros comicios presidenciales con voto obligatorio e inscripción automática, es decir, todos los mayores de 18 años están habilitados para ejercer este derecho en Chile. De este modo, el padrón electoral quedó conformado por 15.618.167 personas. Pero a diferencia de las elecciones del año 2021, donde 7 millones votaron voluntariamente, el domingo la masa electoral llegó a 13,4. Según el Servel, la participación fue del 85,4%, la más alta de la historia del país. Y todo gracias a estos más de cinco millones de votantes obligados que se sumaron al proceso.
Juan Pablo Lavín, gerente general de Panel Ciudadano de la Universidad del Desarrollo, lleva años siguiéndole la pista al electorado chileno. Por lo mismo hace notar que el votante de la reciente elección, y de la que tendremos en un par de semanas, es muy distinto a los anteriores. «Pero también es perfectamente posible que este electorado no se vuelva a repetir. Estamos en un ciclo con muchas elecciones seguidas, donde la incorporación del voto obligatorio duplicó el electorado. Eso abrió la puerta a un tipo de votante que antes simplemente no existía en las urnas. Pero también es cierto que, en elecciones que vienen recién en tres años más, esta participación podría amainar, haciendo de este fenómeno algo extraordinario», dice.
¿Cómo es este nuevo electorado? Claudio Fuentes, doctor en Ciencia Política lo disecciona en cantidades. Están los más de 4 millones que se autoidentifican consistentemente con ideas progresistas (velan por más Estado, por beneficios sociales, son liberales en temas valóricos, y les preocupa desarrollo económico y la protección de derechos). Por otro lado, agrega, hay 5 a 6 millones que tienden a suscribir ideas de derecha.
«Entremedio hay un segmento de 3 a 4 millones de electores que son híbridos. Creen en sistemas mixtos, y tienen una preocupación muy alta por temas económicos (deuda, empleo) y de seguridad. Están dispuestos a ceder ciertas libertades a cambio de seguridad. Son antipartidos, critican el abuso de poder, pero al mismo tiempo quieren un Estado más eficiente que los proteja. En resumen, el electorado Chileno es diverso», comenta el director del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, de la Universidad Diego Portales.
Para René Jara, doctor en Ciencias Políticas y académico de la Universidad de Santiago (Usach) un 30% del electorado aún es militante: «Son electores que aún se identifican con orientaciones políticas, pero que han ido decayendo. Se trata de un electorado más longevo, que asume que el voto es un deber». Respecto a los votantes obligados, Jara destaca que se informan fundamentalmente por canales digitales, en donde predomina el infotainment (término que se refiere a la mezcla de información y entretenimiento).
Ni facho ni comunacho
Jara opina que este electorado se identifica con la frase ni facho ni comunacho en la medida en que marca una distancia gigantesca con las élites políticas. «Esta idea de levantar un candidato que pueda mover el tablero les viene muy bien, pues les permite cobrarse una revancha contra esas élites a las que se les juzga como incompetentes. Es un electorado castigador, pero que calcula y apuesta. Tiene fuertes notas de pragmatismo, pues es muy sensible a los temas económicos. No espera recibir subsidios, pero si tener mejores condiciones para mejorar sus ingresos y con ello su nivel de vida. Es erróneo pensar que se trata solo de electores enojados, sino que se trata también de votantes económicos, que se preocupan de cómo un eventual Gobierno puede traer beneficios concretos para ellos y sus familias».
Juan Pablo Lavín, coincide. «Hoy tenemos un electorado mucho más amplio, menos ideologizado y más pragmático. El gran cambio son los votantes obligados: personas, en promedio, más jóvenes, más periféricas, más desconfiadas de las instituciones y que no siguen la política en detalle. Este cambio no es solo demográfico, es geográfico y conductual: se refleja en la enorme diferencia de porcentajes que obtienen los candidatos en la Región Metropolitana versus el resto del país, donde la concentración de este nuevo perfil es mucho mayor», comenta.
Motivación
«No es un votante que elija por identidades políticas o doctrinas. Vota por sensaciones de orden, seguridad, estabilidad económica y por mejoras muy concretas en la vida cotidiana. Es un elector práctico, que evalúa quién le ofrece algo comprensible y cercano, más que quién representa una ideología. En nuestras mediciones la diferencia es muy clara: el votante habitual decide por identidad, trayectoria o ideología. El votante obligado decide por lo que vive en el día a día: seguridad, inmigración, costo de vida», dice Lavín.
El electorado también está en sintonía con tendencias globales. «Varios sondeos regionales muestran una tolerancia cada vez más alta hacia regímenes con rasgos autoritarios. Esto viene de la mano con un sentimiento de que la democracia no resuelve los problemas de la gente sino que los conflictos entre élites. De ahí que surjan los gobiernos autoritarios como posibilidad de una administración más ejecutiva», dice Jara.
¿Es impredecible? «Con la lógica antigua izquierda/derecha, totalmente impredecible. Pero si uno lo lee correctamente, es más predecible: tiende a castigar al gobierno de turno y premia el orden, la claridad y sentirse tomado en cuenta», dice Lavín. Jara coincide.


