Así opera una lechería de última generación: está en Río Bueno y las vacas entran solas a la ordeña

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La automatización en pro del bienestar animal fue uno de los temas tratados en la Cumbre de la leche

Con la misma cantidad de animales, Filuco aumentó entre 18% y 20% su producción, según datos de su propietario.

En un país donde la lechería se vive entre praderas del sur, vacas a pastoreo y cercos que se mueven con el clima, la conversación global en la última Cumbre de la leche resonó fuerte. «Los temas principales son cómo tener una mejor producción de leche siendo más sostenibles», dijo Octavio Oltra, gerente del Consorcio Lechero y secretario nacional de la Federación Internacional de Lechería (IDF, por sus siglas en inglés). Aunque Chile no es un gigante en litros, Oltra recalcó que «tenemos una muy buena calidad de leche y un nivel tecnológico que permite mostrarlo al mundo».
La tecnología, de hecho, fue uno de los temas principales del encuentro de octubre, que por primera vez se hizo en Chile y Sudamérica. Un ejemplo de punta en dicho tema es la Lechería Filuco, de Río Bueno, Región de Los Ríos, que aplica soluciones de última generación en su planta
Menos desgaste físico
En la planta de Filuco, las vacas entran solas a la sala de ordeña. Se meten al cubículo voluntariamente, comen concentrado y un brazo robótico limpia la ubre, estimula la bajada de leche y acopla las pezoneras. Todo queda registrado: litros por visita, grasa, proteína, temperatura y recuento de células somáticas.
«La vaca pasa y al segundo tengo la información en el computador», cuenta su dueño, Ignacio Henríquez. Contrasta con su rutina anterior: «Antes venía una empresa, sacaba muestras y el informe llegaba cinco días después». Hoy, cualquier cambio que ocurra, como alza en conductividad, variación en grasa o proteína, aparece de inmediato en el panel de control.
El salto no fue solo tecnológico. «La ordeña es muy dura y muy física», recuerda Henríquez. Con la sala mecánica, la misma persona que ordeñaba debía mover cercos, forrajear, trabajar bajo lluvia y frío. «Al eliminar esa carga, queda tiempo y energía para hacer todas las otras cosas y hacerlas mejor», explica.
El robot también ayudó a cambiar la rutina de las vacas. Se ordeñan más veces al día, cuando ellas lo deciden, lo que alivia la ubre, reduce estrés y reparte mejor la alimentación. Con la misma cantidad de animales, Filuco aumentó entre 18% y 20% su producción, un resultado que el propio Henríquez atribuye a la combinación de tecnología y manejo.
La adaptación de las vacas fue inmediata. «Aprenden más rápido que las personas», dice riéndose. «Para ellas el robot es amable: no grita, no empuja, les da comida y las ordeña bien». Para el equipo humano, el mayor desafío fue cultural: dejar de arrear y acostumbrarse a que el sistema funcione con circulación bien diseñada, caminos, raciones y alertas.
Trevor DeVries, canadiense, experto en comportamiento y bienestar animal y uno de los expositores mas comentados de la cumbre, explicó el rol que cumple la tecnología. «No se trata de reemplazar a las personas, sino de ayudarlas a tomar mejores decisiones y enfrentar la escasez de mano de obra», dijo. Según señaló, la automatización está cambiando la vida de las vacas y también la de quienes trabajan con ellas: «El ordeño robotizado da más libertad a la vaca y menos carga física a quienes la cuidan».
DeVries mostró estudios donde productores que adoptaron robots reportaron menos estrés, horarios más razonables y rebaños más tranquilos. «Cuando los productores están mejor, cuidan mejor de sus animales», aseguró. Y eso que él describía en un congreso internacional ya ocurre aquí mismo, en Río Bueno, Chile.
Según explicó Oltra, el futuro de la lechería va por dos carriles inseparables: precisión tecnológica y sostenibilidad verificable. «La importancia de la tecnología, la robótica y la inteligencia artificial aplicada está en producir mejor y ser más sostenibles y productivos al mismo tiempo», afirmó.

Predios como Filuco, sistemas que ajustan la jornada con datos minuto a minuto y sellos que auditan el bienestar desde el potrero hasta la planta muestran que el cambio no es teórico: ya está ocurriendo. Como dijo DeVries, «esta revolución no es solo económica, es cultural: vacas que viven mejor y personas que trabajan mejor».

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