Axel Callís analiza el comportamiento del nuevo electorado incorporado con el voto obligatorio
El investigador de la Universidad Central explica por qué el voto se define por necesidades concretas y no por ideología.
«Estamos frente a un votante pragmático, no ideológico», dice el analista político e investigador del Centro Democracia y Opinión Pública de la Universidad Central, Axel Callís, al interpretar los resultados de la segunda vuelta presidencial de este domingo, que dio como ganador al candidato republicano, José Antonio Kast con un total de 7.254.850 votos a nivel nacional.
Dos grupos
En este marco, Callís explica que la clave para entender el voto está en la composición actual del padrón electoral.
«Hoy el padrón está dividido en dos grandes grupos. Los votantes históricos que eran los que votaban con el voto voluntario hasta 2021 en los plebiscitos y en todas las elecciones para atrás, y después están los votantes obligados, que suman casi 4 millones de personas que no habían votado nunca, más un par de millones que votaban muy poco, y que habían votado una vez en su vida», señaló.
Esos seis millones
En esta línea, el analista agrega que «esos dos grandes grupos tienen lógicas de votación completamente distintas. Unos votan políticamente izquierda-derecha y por lo tanto saben cómo van a votar. Y el otro grupo, estos cinco o seis millones, votan por atributos de los candidatos, pensando mucho en lo que necesitan de manera pragmática. Es decir, necesitan paz, necesitan que los migrantes se vayan y van a votar por eso».
Por Boric y Kast
Callís aclara que es en este punto que se puede explicar, por ejemplo, por qué en la jornada del domingo pasado, en las distintas celebraciones que hubo en el país tras el triunfo de José Antonio Kast, se podían observar a personas que anteriormente habían votado por Boric, pero que ahora lo hicieron por el republicano. En palabras del investigador: «Si les sirve Boric en una coyuntura, les puede servir Kast para la otra coyuntura».
Pragmatismo
Según el investigador, este fenómeno no tiene nada que ver con un votante volátil, sino más bien con un elector más bien pragmático. «Un votante pragmático que vota por lo que necesita, y lo que le demanda la situación de hoy, las situaciones que no le gustan los migrantes y necesitan estar en paz con el tema, que haya menos delincuencia y mejor crecimiento económico, les sirve casi perfecto». En esta línea, el investigador agrega que «en dos años más capaz que le sirva otro candidato, o sea, son pragmáticos, es así de sencillo».
¿Efecto Parisi?
En el contexto de las elecciones presidenciales, previo al balotaje, el excandidato por el Partido de la Gente, Franco Parisi, junto a su hermana Zandra Parisi, diputada electa por el distrito 12 hicieron público su preferencia de voto para la segunda vuelta, haciendo un llamado a votar «Nulo». Así también ocurrió con una encuesta a nivel nacional dentro del mismo PDG, que optó también por no apoyar a ninguno de los dos candidatos. Sin embargo, en los resultados de la elección de Presidente, los votos nulos a nivel nacional dieron un total de 783.001 (5,83%), mientras que los votos blancos marcaron un total de 165.355 (1,23%), es decir menos de 1 millón de votos, bastante lejano a los 2.552.659 votos que sacó Parisi en la primera vuelta, y quién capitalizó el 20% de las preferencias y fue apodado como «la niña bonita» que todos querían por diversos analistas políticos.
Nulos
En esta línea, Callís se refiere al bajo porcentaje de votos nulos y blancos que hubo en esta elección. «Franco Parisi ahora entendió que él no es el dueño de sus votantes. Nadie es dueño de sus votantes. La gente hoy en día no necesita que le digan cómo votar, las personas saben cómo votar, incluso los nuevos electores».
Huérfanos
«Siempre va a haber un nulo y blanco que va a oscilar, incluso este nulo y blanco fue menor al de la segunda vuelta de gobernadores, fue muy bajo (7%)», agregó el analista. Sin embargo sostiene que «de los trece millones y medio de votantes en primera vuelta, la mitad votó por Kast y Jara, por lo tanto son votos que siguen presentes, pero la otra mitad, más de seis millones y medio de votos quedaron huérfanos y por lo tanto, que se incremente de 500 a un millón los votos huérfanos es absolutamente normal, incluso bajo», concluye Axel Callís.