El cofundador del Frente Amplio analiza el triunfo de Kast y realiza severa autocrítica de su sector
Tengo temor que se caiga en la tentaciónde meter la cabeza debajo de la arena, como el avestruz, y no hacer nada, afirma.
Este lunes fue un día intenso y ajetreado para Noam Titelman. «Pero no creas que por el resultado de la elección», bromea por teléfono el ex dirigente estudiantil y cofundador del Frente Amplio, quien estuvo desde temprano activo en sus redes.
Titelman vive en Canadá, donde trabaja como investigador de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Calgary. Pese a que recalca que la derrota de la candidata del oficialismo, Jeannette Jara, debe ser analizada con calma, entrega su análisis preliminar.
«Estamos ante el desfonde de un tipo de centro», afirma. «Es un momento complicado para las coaliciones de centro derecha e izquierda históricas. Ha emergido este nuevo centro cabreado, ni facho ni comunacho de (Franco) Parisi, que le quita espacio a ambos centros», agrega.
En segundo lugar, señala que el triunfo de José Antonio Kast terminó de matar «el clivaje del sí y del no» que se vio en otras elecciones.
«Durante el periodo Kast vamos a tener dos oposiciones claras. La de Parisi y el actual oficialismo. Pero no sabemos qué vocería va a haber del lado del oficialismo. Primero debe haber una autocrítica importante para entender por qué pasó lo que pasó. Hay una derrota presidencial contundente y también a nivel parlamentario», sostiene.
Como fundador del FA, ¿cuál es su autocrítica?
«La primera que se me ocurre es que este gobierno fue muy distinto al programa propuesto por el FA. Se lograron cosas importantes: aplanar la curva de homicidios, reducir la inmigración, la reforma de pensiones, la ley de 40 horas.
Pero el FA no ha hecho el trabajo de explicar por qué tiene sentido este gobierno tan distinto al programa original.
Falta el ejercicio de definir los principios ideológicos de un grupo político y cuáles son los temas que uno entiende que deben adaptarse a la realidad de la sociedad».
La segunda autocrítica de Titelman es más profunda: «Una cosa es ser dirigente estudiantil, incluso ser político de oposición, y otra muy distinta es gobernar un país. Una ciencia de la gestión pública fue un déficit importante en las discusiones del FA. Un buen síntoma de eso fue el mal resultado en la primaria. Fue una campaña ideológicamente pura del FA de hace cinco años sin darse cuenta que el partido que entró al gobierno está saliendo muy distinto».
Entonces, ¿les quedó grande el poncho?
«No existe ni magíster ni doctorado que te prepare para el desafío de gobernar. Los gallos se ven en la cancha. Gobernar depende de la disposición que tenga la fuerza política de hacerse cargo de la realidad que toca enfrentar».
El avestruz
Según Noam Titelman, la reflexión del FA debe ser profunda y sincera. «Tengo temor que se caiga en la tentación de meter la cabeza debajo de la arena, como el avestruz, y no hacer nada, esperando que pasen cuatro años y que se dé esta fuerza de péndulo que Chile y Latinoamérica están repitiendo hace más de diez años: la oposición siempre gana la presidencial. La soberbia es muy mala consejera. Hay un riesgo de menospreciar al que votó distinto. Hay que tomar en serio la derrota y escuchar y entender qué está diciendo el electorado con su voto. La victoria de José Antonio Kast es muy contundente, los votantes están diciendo mucho», postula.
¿El riesgo de hablar del «facho pobre»?
«El fachopobrismo es el veneno de la izquierda. La posibilidad de no mirar nada de lo que está pasando en el país. Antes se le llamaba falsa consciencia. Pero siempre es una excusa para no hacerse cargo de que ese pueblo que se busca representar no tiene por qué estar de acuerdo con lo que esté planteando un dirigente de izquierda. Es una tentación venenosa para explicar la derrota y una forma segura de desconectarse aún más de la sociedad. En esta elección, más que hablar de una derechización del voto, hay un repudio bastante consistente a la dirigencia política».
Ese error, sigue Titelman, fue no hacerse cargo después de la elección presidencial de 2021 del resultado de Parisi. «Fue un menosprecio a los votantes del Partido de la Gente. Había que establecer una política menos ideologizada, pero se cometió el mismo error del pasado».
Parisi llamó a anular o dejar en blanco el voto. Sus votantes tampoco lo siguieron.
«Es muy inusual que la gente vaya en masa a votar nulo o blanco. La mayoría cuando se enfrenta a la papeleta termina votando por una u otra opción. Sospecho que eso no merma en nada la fuerza de Parisi y del PDG para el próximo ciclo. Yo creo que va a seguir habiendo una mayoría que no se siente representada ni por la derecha ni por la izquierda».
Apruebo y rechazo
El exdirigente estudiantil aborda también la teoría que el triunfo de Kast refleja la desaprobación del electorado a la gestión del Presidente Gabriel Boric. «Una parte de la explicación es que a partir del estallido social y del proceso constituyente se ha reordenado la política en un eje de refundación y restauración. Diría que esa fue la tesis de la candidatura de Evelyn Matthei y tampoco le fue bien. Por eso hay que ser cuidadoso. Un estudio de Desarrollo Humano estableció que apenas el 7% de los chilenos se presentaba como nostálgico. Dos tercios de la población estaba insatisfecha con el presente, pero sin añorar el pasado».
¿Cuál es su explicación?
«Lo que hemos visto en Chile, con esta reordenación del naipe, es que más que un péndulo hay una dirección antiélite. El primer error de la izquierda fue haber creído que el estallido de 2019 era un estallido anti modelo neoliberal. Pero el tiempo ha demostrado que tenía mucho de anti élite. Es lo que siente esta clase media emergente y cabreada. Cuál de estas dos explicaciones es válida lo vamos a saber cuando tengamos la primera elección con voto obligatorio durante el gobierno de derecha».


