Después de una larga ausencia en las mayores temporadas de conciertos de nuestro medio, el célebre oratorio «El Mesías» de G. F. Haendel ha regresado en gloria y majestad. La reposición es a lo grande, y por varias razones.
Aparte de presentarse por primera vez en la magnificencia de la nueva Sala Sinfónica Nacional, puede afirmarse que la obra llega completa, ya que a sus extensos 140 minutos de música se le han quitado sólo 3 trozos muy breves.
Pero la grandeza aludida tiene que ver también con el recurso sonoro convocado, imponente en lo coral.
En tiempos en que el repertorio barroco con solistas, coro y orquesta tiende a interpretarse con enfoques historicistas que llegan a utilizar pocos intérpretes (a veces con mínimos desconcertantes), aquí se optó por lo contrario. Este «Mesías» está cobrando vida con un orgánico que bordea el centenar de músicos.
Pudiera preconcebirse que con esa notoria mayor cuantía se recibiría una de esas tantas interpretaciones «a la romántica» ya superadas o incluso de andar algo paquidérmico. Pero -¡oh sorpresa»!- la experta batuta invitada de Julio Doggenweiler (chileno radicado en Alemania) logra una versión verdaderamente ejemplar en que todo está en su justa y triunfal medida.
Junto a una Sinfónica Nacional reducida a tres decenas, en muy buena sintonía barroca, está el gran Coro Sinfónico de la U. de Chile con su plantel completo, situado no en las localidades elevadas que ha estado usando en la nueva Sala, sino en el proscenio instrumental. Si bien el conjunto vocal acusa alguna pesantez sonora muy pasajera su desempeño global es magnífico en agilidad y liviandad, con respuestas notables al abundante contrapunto y finas filigranas que empapan la obra. Gran trabajo de preparación de su director, Juan Pablo Villarroel.
En estricto rigor, el abordaje de «El Mesías» demanda cinco solistas, entre ellos dos sopranos, pero aquí, como muchas veces sucede, son sólo cuatro, todos del ámbito más consagrado. Vanessa Rojas (soprano), Camila Aguilera (contralto), Rodrigo del Pozo (tenor) y Patricio Sabaté (barítono) conforman ese cuarteto con plena distinción. Los más conocedores de este oratorio saben que de una edición a otra de su partitura hay partes solistas que suelen intercambiar la asignación de voces, hecho que no debiera sorprenderlos en esta gran presentación.


