Después de una temporada 2024 marcada por un invierno inusualmente cálido que redujo la producción, la nuez chilena vive hoy un escenario muy distinto. Entre el 21 de marzo y el 30 de noviembre, Chile exportó alrededor de 163 mil toneladas, lo que representa un aumento cercano al 28% respecto de igual período de la temporada anterior, cuando se enviaron unas 127 mil toneladas.
Según explica Macarena Pons, gerenta general de la Asociación de Productores y Exportadores de Nueces de Chile (Chilenut), detrás de este salto hay, ante todo, una recuperación productiva. El año pasado la cosecha fue del orden de 142 mil toneladas, mientras que este año se ubicó en torno a 168?170 mil toneladas, rango que el sector considera más alineado con el potencial actual del país. «Es, en buena medida, una vuelta a lo que Chile puede producir normalmente, después de un año bien golpeado por el clima», comenta.
A este mayor volumen se suma un cambio relevante en la estructura de las exportaciones: crecen tanto los envíos con cáscara como los de nuez procesada, pero con velocidades distintas.
De acuerdo con los datos del gremio, el aumento total de 28% se explica por un crecimiento de 26% en los envíos de nuez con cáscara y de 31% en la nuez sin cáscara en el mismo período. En la práctica, la nuez procesada gana terreno dentro del mix, empujada por una demanda europea más activa por producto con mayor valor agregado.
Pons recuerda que, en esta temporada, Europa quedó parcialmente desabastecida porque compró menos fruta a California, justo en un año en que ese origen tuvo una cosecha muy baja. «Ese espacio lo tomó Chile, especialmente con nuez sin cáscara. Varios compradores europeos que antes se abastecían mayoritariamente desde Estados Unidos se abrieron a incorporar más volumen chileno», señala.
En este segmento, Holanda y Alemania actúan como puertas de entrada clave: en conjunto concentran del orden de 40% de los envíos de nuez sin cáscara, considerando que buena parte de lo que ingresa por Rotterdam termina en el mercado alemán. A ellos se suman España, Italia y Francia, que consolidan a Europa como el principal destino para la nuez procesada chilena.
Desde el sector recuerdan que no se trata solo de una coyuntura puntual. En los últimos años se han realizado campañas de promoción en Europa, especialmente en Alemania, y hoy se observan resultados en términos de mayor reconocimiento y preferencia por el origen Chile. «Lo interesante es que estos volúmenes se mantengan ahora que Estados Unidos vuelve a una situación más normal de oferta. Eso sería la señal de que los consumidores le tomaron el gusto a la nuez chilena», plantea Pons.
En el caso de la nuez con cáscara, India sigue siendo por lejos el principal destino. A este mercado se suman Emiratos Árabes Unidos, donde una parte importante del volumen termina reexportándose, y Turquía, que compra calibres y calidades algo distintos a los de India, pero que ayudan a mover grandes volúmenes. Italia también aparece como un actor relevante, porque combina compras de nuez con cáscara con la posibilidad de derivar parte de esa fruta a Medio Oriente.
Este reordenamiento se refleja en el mix de embarques a todos los destinos: hoy alrededor de 55% de los envíos corresponde a nuez con cáscara y 45% a nuez sin cáscara. En 2023, el peso de la nuez con cáscara llegó a bordear el 60%, empujado por una India muy activa. «El porcentaje con cáscara bajó cuando India frenó un poco las compras y vuelve a subir ahora que Europa también está absorbiendo más fruta, tanto con cáscara como procesada», detalla la gerenta.
Mejores precios y una producción que se estabiliza
El buen momento no se limita al volumen. Según los antecedentes recopilados por Chilenut, el precio promedio de la industria también muestra una mejora significativa. La temporada pasada, el retorno se situó ligeramente por sobre los US$ 2 por kilo, mientras que este año las proyecciones de liquidación apuntan a un promedio cercano a US$ 2,4 por kilo, lo que equivale a un 20% más que la temporada pasada.
«Es un ajuste importante para los productores, sobre todo viniendo de un año anterior con precios más apretados. La combinación de mayor demanda europea y una oferta más ajustada en algunos orígenes ha permitido afirmar las cotizaciones», indica Pons. A eso se suma la capacidad de la industria chilena para adaptar su oferta a lo que buscan los distintos mercados, en términos de calibres, formatos y calidad.
En términos productivos, la cosecha de 168?170 mil toneladas de este año se considera prácticamente cerrada, con un margen de variación muy acotado. Para la próxima temporada, en el sector proyectan un escenario muy similar en volumen, salvo que se produzcan eventos climáticos extremos, como olas de calor intensas que afecten el crecimiento de la fruta.
A nivel regional, la zona centro presenta algo menos de fruta que el año pasado, mientras que la zona sur compensa con una mayor producción, pese a enfrentar problemas sanitarios como la peste negra. El resultado agregado es un país que consolida su oferta y refuerza su posición como proveedor relevante en los mercados internacionales.
«Pese a los vaivenes climáticos, la industria está logrando sostener niveles de producción altos y diversificar sus destinos. Ese equilibrio entre volumen, mercados y precio es clave para darle estabilidad al negocio del productor en el mediano plazo», resume la ejecutiva.