Trinidad Cruz-Coke habla de la relación con su hermano y sus sobrinos
Entre sus actividades conjuntas, dice, solían jugar taca taca, regar el jardín y pasear a su mascota.
La última vez que Trinidad Cruz-Coke vio a su hermano Eduardo fue el día antes de su muerte. Cuenta que no estuvieron solos, ya que en la reunión participaron su hijo Pedro, su nieto y los hijos de Eduardo. «Estuvimos jugando taca taca, conversando», recuerda Cruz-Coke, quien está imputada por el Ministerio Público en el caso del asesinato de su hermano, pero no ha sido formalizada.
¿Puede describir ese último encuentro?
«Desde que falleció mi madre, mi hermano se fue a vivir a su casa, compartimos la lavadora y ese día yo pasé a lavar. Lo último que escuché de él fue una talla, se reía de mí, compartí con mis sobrinos, fue un encuentro muy tierno como era cada vez que nos veíamos. Siempre teníamos mucho de qué hablar; de su trabajo, de los niños, él tenía mucho sentido del humor. Mi hermano era profundamente creyente. Durante el otoño de este año me comentó que estaba atravesando serios problemas económicos, y le rezó a mi mamá, implorándole ayuda. Poco tiempo después, al llegar a nuestra casa, lo llamaron para ofrecerle trabajo, y esas llamadas continuaron. Él ponía flores en su ánfora; se amaban profundamente. De hecho, nunca quisimos desarmar la casa de mis padres, porque seguía siendo nuestro hogar».
¿Cómo se llevaba usted con sus sobrinos?
«Era una relación muy bonita. Mi hermano siempre se preocupó de que tanto mis padres como yo nos viéramos y estuviéramos cerca. Eduardo y los niños pasaban frecuentemente por mi casa a saludar y conversar, a comer algo o simplemente a compartir sobre temas personales. Eduardito muchas veces paseaba a mi perra, la Rama. Ellos siempre me hablaban de sus vidas y de sus cosas. Compartimos muchas tardes jugando taca taca, regando, y jugando con las mascotas. Existía una libertad y cercanía familiar que permitía que los niños entraran libremente a mi casa, y yo los quería mucho. El 18 de septiembre de este año fuimos Jorge, Eduardito, mi nieto, yo y los perros a comer churros al Parque Araucano, ese día llovía y volvimos tarde a la casa».
¿Y la relación con su hermano?
«Teníamos una relación muy cercana. Él estuvo muy enfermo cuando era chico, tuvo tuberculosis y bronconeumonía antes de cumplir el primer año, por lo que desde pequeño se transformó un poco en mi primer hijo. Teníamos un lazo de profunda confianza, lo que queda demostrado en todas las veces que cuidamos con Jorge a mis sobrinos. Cuando se separó vino a llorar a mi casa; o la confianza en su testamento donde nos pone como administradores de su herencia. La semana antes de morir me invitó a comer junto a sus hijos para conmemorar la muerte de mi madre.
Recuerdo que fui la primera en conocer a sus hijos en neonatología. Pasamos navidades, cumpleaños y otras fechas importantes juntos, no somos una familia muy de celebrarse, pero teníamos una vida en común muy cercana y unida».
¿Su marido tenía relación con los hijos de Eduardo?
«Jorge tiene una relación muy buena con los niños, y con ellos no era la excepción. Jugaban taca taca con Eduardito y mi nieto, y a través de él todos se conectaban, incluso había veces que hasta Federico se entusiasmaba e hincado en una silla también jugaba algún partido. Jorge le prestaba su bicicleta a Eduardito para que fuese a dar vueltas a la manzana, ya que en un principio él no tenía una bicicleta en la casa. En nuestra familia nos llevábamos muy bien.
Nunca tuvimos problemas serios, solo discusiones propias de cualquier casa. Vivíamos juntos, compartíamos la lavadora, teníamos el patio en común y pasábamos gran parte de nuestro tiempo libre juntos cuando ellos estaban aquí. Jorge y mi hermano tenían una relación de compañerismo y confianza. Hay videos hechos por Eduardo de cuando Jorge salía a trotar, o una foto en Instagram que subió mi hermano de Jorge arreglando el techo que dice Salvador. Compartimos vacaciones juntos, viajamos con Eduardo, Jorge y mis niños, o también con mis papás cuando vivían, fuimos al sur todos en tren; toda una vida en común siendo una pequeña familia».
¿Cómo es su relación con Jorge Ugalde?
«Con Jorge nos conocimos en el matrimonio de su hermano Raúl hace casi 40 años. Él tenía 22 y estaba en la universidad, y yo 28 y tenía 2 hijos; no fue fácil, pero él me dijo: tus hijos son mis hijos, y así fue. Nos amamos mucho y somos muy felices juntos, Jorge ha sido profundamente leal y el compañero de mi vida. Jorge me acompañó a cuidar de mis padres. Era el único al que mi padre le permitía bañarlo, mi madre le decía mi príncipe e íbamos entre todos al hospital a comprarle sus medicamentos. Crió conmigo a mis hijos y ha sido un compañero hermoso, solidario y cuidadoso durante todo el tiempo que he estado con él. Nunca pensé que iba a tener la suerte de tener un amor así».
¿Puede aclarar el envenenamiento de Eduardo?
«Mi hermano y mis sobrinos me contaron de la situación. Al comentármelo, mi hermano me pidió disculpas porque lo que partió como una broma o comentario de mal gusto, fue tomado como una realidad por la madre de los niños, pero aquí hay dos antecedentes de mucha relevancia. Primero, que todos los exámenes médicos muestran que él estaba mal del estómago, pero no muestran nunca un envenenamiento; ante la sospecha de un posible envenenamiento los médicos tienen la obligación de denunciar estos hechos ante la policía. Ese día lo vieron seis médicos y no hay ninguna denuncia. En segundo lugar, luego del episodio del envenenamiento los niños pasaron el verano con nosotros en paz como siempre, bañándose en la piscina y jugando taca taca. Si tú piensas seriamente que alguien está tratando de envenenar a tus hijos ¿Sigues viviendo con ellos? ¿Los dejas que pasen el verano, que compartan paseos, que tengan una vida en común? Yo como madre jamás dejaría que mis hijos corrieran ese peligro.
Eduardo sabía perfectamente que nosotros somos incapaces de hacerle algo, por eso seguíamos teniendo una convivencia cercana después del episodio, del cual nunca se volvió a hablar hasta ahora».
¿Cómo ha enfrentado las acusaciones contra su marido?
«La muerte de un ser querido así, de una manera tan violenta es algo que no tiene dimensión y que es muy difícil de explicar. Sumarle a esto una acusación así es una pesadilla, sobre todo teniendo una policía y una fiscalía trabajando más en filtrar información que de investigar. La PDI declara que nuestra casa fue arduamente periciada, cuando no hay pericias de los cuchillos y Eduardo fue acuchillado con dos cuchillos distintos, según la autopsia. Quisimos hacer una segunda autopsia, diligencia que nos fue negada. Estamos esperando los resultados de una nueva diligencia que apunta a identificar un grupo de personas que ingresaron a nuestro domicilio y a la persona que se bajó de un vehículo, frente a nuestro hogar, el día y hora que ocurrieron los hechos investigados. Esto es algo terrible porque prueba una vez más que una investigación mal llevada siempre hace al inocente culpable. El fiscal no se ha abierto a ninguna otra arista: la huella del zapato ensangrentada, las entradas y salidas de personas registradas por las cámaras, vehículos sospechosos y tantas cosas más, sumando los anteriores problemas de Eduardo que nunca se han incorporado a la investigación».