Romina Parraguirre cuenta su nueva vida en Sidney, luego de su retiro del fútbol
Hoy soy gerente de operaciones de una empresa que hace reportes médicos para la gente que tiene pérdida de audición, relata la santiaguina, que acaba de poner fin a una carrera de 23 años como arquera.
Casi en silencio, Romina Parraguirre anunció hace unos días su retiro definitivo de las canchas. La arquera, que abrió las puertas al fútbol femenino en el país, decidió colgar los guantes luego de largos 23 años de carrera a través de un anuncio por redes sociales. Un corte de ligamentos en una rodilla fue el causante de un dolor físico y espiritual que la empujó a jubilarse a los 35 años. «Fue una pena súper silenciosa que traté de evitarla. Lo hablé con poca gente, con personas que sabía que me podían entender y que pudieron acurrucarme. Pero siento que ya era el momento y fue la mejor decisión», cuenta quien fuera una de las mentoras de Christiane Endler y que lleva años radicada en Australia.
Precisamente, esa nueva vida entre canguros fue el remedio para que diera vuelta la página con prisa. Desde el 2017, cuando decidió aceptar la oferta del NWS Koalas, Romina partió con una maleta llena de sueños y la vida le cambió del cielo a la tierra. «Me fui sola, sin saber inglés y a un mundo nuevo. Pero fue lo mejor que he hecho en la vida, porque descubrí otra cultura. Cuando mi familia me ha venido a ver, mi papá me dice «hija, quédese. No vuelva nunca más». Y es verdad, yo me quedaré para siempre en Australia, soy feliz acá», agrega la ahora ex futbolista, que los más jóvenes recuerdan como la doble ganadora del programa juvenil Calle 7 de TVN e, incluso, como una de las competidores más aguerridas del reality Pelotón.
¿Fue muy difícil tomar la decisión del retiro?
«Fue doloroso. Me corté el ligamento cruzado por segunda vez en la misma rodilla en febrero de este año. Y la operación que debo realizarme es compleja con una recuperación larga. Debo hacerme un injerto de hueso en la primera operación y recién ahí me operarán el ligamento. Una nunca sabe, quedan muchos años por delante y quiero estar bien para el resto de la vida si me dedico a ser coach».
¿A qué se dedicará ahora?
«Desde hace rato que el fútbol para mí era mi segundo trabajo. Acá en Australia tengo mi pega full time. Durante los años fui estudiando, hice varios diplomados, cursos, y hoy soy gerente de operaciones de una empresa que hace reportes médicos para la gente que tiene pérdida de audición. Eso es lo que hago de lunes a viernes de ocho de la mañana a las cuatro de la tarde. Uno tiene que tener doble trabajo, porque la vida es cara acá».
¿Por eso dice que viene a Chile cada dos años?
«Jajajá. La vida es cara, pero no vivo mal. Y eso lo dije porque cuando voy a Chile me da mucha nostalgia y no quiero volver. Aunque cuando regreso a Australia a la semana se me pasa. Me fascina mi vida actual y me he sentido muy acogida».
¿No vive discriminación por ser inmigrante?
«Para nada. Pero entiendo a los chilenos que tengan ese pensamiento con los extranjeros. Yo siendo alguien que viene de otro país, no siendo australiana, pienso igual que los chilenos en el sentido de que les guste que la gente que llega al país es la que se debe acostumbrar a su cultura y no que sean los de afuera los que traigan su cultura. Es lo mismo que hago yo acá en Australia. No porque sea chilena yo voy a botar basura en la calle. Yo me acostumbro a la cultura de acá y es lo que debería ser».
Más allá del fútbol, mucha gente la recuerda por su pasado en TV. ¿Qué significó para usted?
«Claro, estuve en «Calle 7″ y me gané dos autos. Yo los destaco harto. También uno valora a las personas que va conociendo. Yo me hice muy amiga de Claudio Valdivia, por ejemplo, con el que hasta el día de hoy tengo contacto. Nosotros teníamos una escuela de fútbol juntos en Chicureo, que tuve que dejar cuando me vine a Australia. En esa etapa viví cosas inolvidables y que no le pasan a cualquiera».
Pero hay mucha gente que reniega de ese pasado farandulero.
«Pero yo no, para nada. Yo lo pasé re bien. Es que tampoco anduve en malas cosas. Quizás eso fue también el otro lado. Cuando uno no anda en malas cosas, siempre va a tener bonitos recuerdos».


