«Mis abuelitos lloraban porque su mayor temor era morir en otro lugar que no fuera su casa»

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Después de cuatro meses, con la ayuda de Vale Toro, la profe Scarlet Larenas reconstruyó su casa que se quemó entera

En una campaña de redes sociales, impulsada por la karateca, fue posible reunir $20.000.000. El resto fue financiado con préstamos bancarios y de amigos.

El 20 de julio un voraz incendio consumió por completo una antigua casa en Santiago centro, donde vivía una pareja de ancianos con su descendencia, que en total sumaban 10 personas. Podría haber sido otro incendio más en la ciudad, pero la diferencia es que las llamas también afectaron la casa contigua, donde vive la familia de Valentina Toro, campeona de karate, quien enfrentó las llamas para evitar que se propagaran más allá del techo de su patio. Una vez extinguido el fuego, la carismática muchacha se puso al frente de una campaña por redes sociales para reunir fondos y empezar la reconstrucción de la vivienda de su vecina, Scarlet Larenas, ubicada en la calle Dávila Larraín 1856.
El trabajo era monumental, porque no quedó nada en pie. Las lenguas de fuego avanzaron rápido hasta un árbol y luego a la casa, desde unas maderas recalentadas por un horno industrial, donde la familia de Sergio Toloza y Juana Barrera, ambos de 83 años, cocinaba un pollo para el almuerzo. Todo fue calcinado: documentos, ropa, electrodomésticos, fotos y recuerdos. Los damnificados tuvieron que ser reubicados en la casa de una tía, de manera provisoria, mientras Larenas, una profesora, de 41 años, del colegio Claudio Matte, de La Granja, juntaba sus fuerzas y motivaba a conocidos, amigos y familiares a comenzar a construir un nuevo inmueble, ojalá parecido al anterior para no trastocar en demasía el entorno de sus abuelos, ambos prostrados y, de alguna forma, ajenos al drama sufrido.
«Cambiarle a mi abuelita la estructura de la casa es como cambiarle la vida», dijo Larenas, cuando se puso a limpiar el sitio y a recobrar el ánimo.
 «Fue un proceso con muchas emociones, de pena, rabia y frustración, pero quiero dar las gracias a toda la gente que nos ayudó. Reitero a Valentina Toro, por toda la ayuda y el apoyo  que nos brindó, tanto en redes sociales, como de manera presencial. Pudimos comprar todos los materiales y hacer todo lo que necesitábamos. Este proceso duró cuatro meses, quince días. Nos cambiamos a nuestra casa nueva el viernes cinco de diciembre, en tiempo récord», explicó Larenas, con la satisfacción de haber llegado a la meta.
La mujer, madre de Ian Carvajal (12) y de Amanda Carvajal (9), no se cansa de dar las gracias. «Esta casa se construyó por mi amigo, Iván Arraño, que es quien sabe de obras. Todos los demás fueron vecinos, mi marido, mi hermano, gente que no tiene idea de construcción y nunca había tomado un taladro. Y en cuatro meses, quince días, lograron construir y levantar una casa completa», dijo.
 «Y, bueno, la Valentina Toro que nos acompañó en redes sociales, con sus auspiciadores. Recuerdo Adidas, con tarjetas para vestirnos. Cotex que facilitó pañales para mi abuelita. La ferretería de Carlos Herrera, que nos donó gran parte de los fierros. Carlos Herrera se portó un siete, porque los fierros salían a casi $20.000.0000, pero los dejó como en 5.000.000. Nos donó la estructura completa de la casa. Nos dejó casi todo a precio de costo. Iván Arraño es mi amigo y está sin pega. Se dedica a construir casas y necesita que gente le encargue trabajitos», contó.
¿Cuánto dinero gastó en la reconstrucción de la vivienda?
«En total, gastamos como, entre los préstamos y todo el asunto, como $28.000.000. Y, claro, pero si no hubiera sido por la ayuda…».
¿Cuánto hubiera salido sin la ayuda?
«Yo recibí como $20.000.000, entre donaciones, seguros y rifas. Todo eso fue entre $15.000.000 y $20.000.000».
¿Y cómo financió lo que tuvo que gastar?
 
«Con préstamos, préstamos y préstamos en los bancos y de amigos que tienen plata. Me decían, yo te presto $2.000.000 y págame en un año más. Otros me pasaban 500 lucas y se las pagaba de 10 lucas mensuales. La verdad esto fue una gran campaña de solidaridad. No te voy a mentir. Yo soy súper amiga de mis amigos, pero creo que algo bueno he hecho en la vida. Toda la ayuda llegó por parte mía. De mis compañeros de trabajo, apoderados, mi jefe, de Sociedad de Instrucción Primaria. Todos me ayudaron demasiado. El colegio donde trabajo, desde el gerente general, Cecilia Gazmuri y Santiago Blanco me ayudaron mucho».
¿Y cómo quedó la casa?
 
«Tiene ocho dormitorios, dos baños, living comedor y cocina como concepto abierto. Todavía nos faltan cosas, como el patio, la fachada, pero se acabó la plata, se acabaron los préstamos, así que de a poquito vamos a tener que ir viendo todo eso, pero todo lo que es construcción ya está listo. Cada uno tiene su dormitorio. Nos donaron las camas. Cada uno está en su dormitorio con su cama, que es lo importante. La casa es de metalcom y estructura de fierro. Por fuera la pinté blanco invierno y por dentro blanco. Todos los dormitorios están blancos».
¿Cómo quedó respecto de la anterior, la que se quemó?
 

«Sí, mis abuelos están, pero fascinados. O sea, el primer día que nos cambiamos, lloraron mucho. De hecho, les tuve que decir que pararan, porque les podía pasar algo. Yo decía que les iba a dar un ataque . Lloraban porque su mayor miedo era morir en otro lugar que no fuera su casa. Después de ochenta y tres años, no morir en su casa, porque ellos saben que están en tierra derecha. Morir en otra parte era terrible para ellos, como pensar en que no podrían ser velados en su casa el día que murieran».

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