Opinar sobre la crianza de los niños o del menú es fuente de conflictos
Conocedores del tema cuentan que especificar antes del viaje cómo se compartirán los gastos y las tareas ayuda a que impere el relajo sobre el estrés.
La modelo rusa Yulia Savchenko (44) lleva 26 años radicada en nuestro país y ha convertido sus vacaciones familiares en una tradición anual. Madre de tres hijos, organiza cada verano escapadas a Zapallar. Al no contar con familia cercana en Chile, desde hace 15 años coordina sus viajes con amigas y con las madres de los amigos de sus hijos, con quienes comparte dos o tres semanas de descanso.
«Como nuestros hijos se conocen, la pasan mucho mejor y eso es más fácil para los adultos. Además, compartir los gastos de arriendo y de comidas hace que el total no sea tan alto. Y organizarnos entre dos mamás es mucho más llevadero. Al final del día, cuando se duermen los niños, nos tomamos un pisco sour», cuenta.
Hoy sus hijos tienen 23, 18 y nueve años, lo que hace que las estadías sean mucho más tranquilas que cuando eran pequeños.
«Cuando vas con otra familia es muy importante elegir casas suficientemente grandes para que todos estén cómodos, sobre todo cuando hay niños. Lo ideal es que tengan espacios y actividades para que se entretengan y no estén encerrados viendo televisión», opina.
Uno de los secretos para una convivencia exitosa es ir con grupos con quienes ya se ha compartido y sepan que tienen buena relación.
«Creo que lo mejor es que sean solo dos familias. Si son más, se vuelve demasiado ruidoso», acota.
Savchenko destaca la importancia de establecer acuerdos claros antes del viaje.
«Hubo vacaciones en que nos turnábamos para preparar el almuerzo y otras en que todo fluía naturalmente. Algunos disfrutaban cocinar y se encargaban de eso. Lo mismo que con el tema de la limpieza. Si uno preparaba el desayuno, la otra familia acomodaba un poco la casa. Tampoco se hace un aseo híperprofundo», señala.
Según su experiencia, la dinámica de cooperación permite disfrutar sin estrés.
«Es más divertido cocinar con una amiga al lado o hacer las camas mientras conversamos y reímos. A veces salía con mi pareja a cenar y otra mamá cuidaba a los niños. O yo salía con los niños y le decía a la otra mamá: descansa que yo me hago cargo», comenta.
En cuanto a las compras, su estrategia habitual consiste en realizar una gran compra por los días que durará la estadía y dividir el gasto.
«La clave de unas buenas vacaciones es simplificarse. Si no quieres cocinar, hay comida preparada; si no quieres limpiar, pide ayuda externa. Lo más importante es conocer con quién compartir y respetar las dinámicas. Y hay que saber que no todo fluirá al 100%», destaca.
Mirada de experta
Carmina Gilmore, mediadora y académica del Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de los Andes, comparte una serie de recomendaciones para lograr vacaciones familiares exitosas y evitar roces de convivencia. El consejo central es claro: no opinar sobre la forma en que se organiza el otro grupo, especialmente sobre la crianza de los niños.
«Las familias eligen su forma de organizarse, es lo que a cada una le funciona. Si alguien va con su hermano, no debe opinar de lo que hacen sus hijos aunque sean sus sobrinos. Menos hay que retarlos en público. Eso trae quiebres», advierte.
Uno de los puntos más sensibles es la organización de las comidas. Es usual que se hagan turnos para resolver desayunos, almuerzos y cenas.
«Nadie debe meterse ni opinar sobre el menú. Este es un ejercicio importante de autorregulación. Hay que dejar que quienes tienen el turno tomen sus decisiones y acoplarse al plan», señala Gilmore.
La académica destaca otro factor de tensión: la carga que asume quien hospeda al grupo o lidera la organización.
«A veces el estrés se lo lleva la dueña de casa que presta el lugar para este gran familión o, cuando se arrienda para varios, el que asume un liderazgo impuesto. Eso puede derivar en sentimientos de injusticia, rabia y frustración.
Cuesta negociar, pero esa es la clave: se trata de que sea win win, no que unos descansen y otros trabajen», recalca.
Las compras de supermercado se pueden ordenar a través de un chat donde se suben las boletas y alguien se encarga de hacer la suma y la división.
«Hay que ser muy claro en esto. A algunas personas se les olvida hacer la transferencia de su cuota y no hay nada más difícil en las relaciones que cobrar cuentas pendientes», advierte.
La especialista subraya que los horarios y rutinas también deben conversarse, especialmente cuando hay adolescentes. Se despiertan más tarde, alargan el desayuno hasta convertirlo en brunch, omiten el almuerzo y comen con más calma en la noche tras una jornada de playa.
«Este esquema funciona cuando las edades y los estilos familiares son similares. Sin embargo, la dinámica cambia si se suman abuelos o niños pequeños, ellos toman desayuno más temprano y por supuesto, deben almorzar», ejemplifica.


