«Vendió pasaportes diplomáticos a narcotraficantes»: detalles de la acusación de la fiscalía de Nueva York contra Maduro

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Engrillado y con ganas de hablar: así escuchó los cargos en su contra por narcoterrorismo

El libelo asegura que los imputados se asociaron con carteles que despachaban cocaína procesada desde Venezuela hacia los Estados Unidos a través de puntos de transbordo en el Caribe y Centroamérica, tales como Honduras, Guatemala y México

«Soy inocente, no me declaro culpable, soy un hombre decente», aseveró en castellano Nicolás Maduro al comparecer ante el juez federal Alvin K. Hellerstein, al mediodía en los tribunales del Distrito Sur de Nueva York. La jornada comenzó temprano para el caribeño, quien fue trasladado desde el Centro Metropolitano de Detención en Brooklyn hasta un helipuerto, donde abordó un helicóptero que lo trasladó a Manhattan. Allí, abordó un vehículo blindado que lo llevó al edificio tribunalicio.
En la cita se advirtió que Maduro no estaba para monosílabos pues a cada pregunta del juez respondía con frases defensivas y argumentos que desvirtuaban la legalidad de la detención. «Ya habrá tiempo y lugar para profundizar en todo eso», retrucó el magistrado de 92 años. A continuación, Hellerstein le pidió al venezolano confirmar su identidad. «Soy Nicolás Maduro Moros. Soy el presidente de Venezuela y me considero prisionero de guerra. Me capturaron en mi casa en Caracas», fue lo que argumentó, según versiones entregadas por periodistas del diario británico «The Guardian» que estuvieron en la audiencia.
Según CNN, Cilia Flores, esposa de Maduro, repitió la estrategia. «Soy inocente, completamente inocente. Soy la primera dama de la República de Venezuela», le dijo al juez.
La pareja de detenidos escuchó la intervención del magistrado a través de audífonos que emitían una traducción simultánea del inglés al español. La breve lectura de los cargos profundizó en los delitos de conspiración de narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer esos mismos artefactos en apoyo de actividades criminales en Estados Unidos.
Las imputaciones de la Fiscalía se concentran en la Acusación Sustitutiva Sellada S4 11 Cr. 205 (AKH), que en 25 páginas detalla que «a partir de aproximadamente 1999, Venezuela se convirtió en un refugio seguro para narcotraficantes dispuestos a pagar por protección y a respaldar a funcionarios civiles y militares venezolanos corruptos, quienes operaban fuera del alcance de las fuerzas del orden» (https://acortar.link/CRjrRA).
En ese contexto, sigue, «el tráfico de cocaína prosperó. Funcionarios venezolanos y miembros de sus familias -incluidos Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello Rondón, Ramón Rodríguez Chacín, Cilia Adela Flores de Maduro y Nicolás Ernesto Maduro Guerra, también conocido como Nicolasito y El Príncipe, los acusados- se asociaron con narcotraficantes y grupos narcoterroristas, quienes despachaban cocaína procesada desde Venezuela hacia los Estados Unidos a través de puntos de transbordo en el Caribe y Centroamérica, tales como Honduras, Guatemala y México».
La acusación establece una relación histórica, delictual y política de lo que los imputados realizaron desde 1999 en Venezuela y que derivó a un gobierno que apoyó el narcotráfico. Además, enumera las organizaciones delictivas con las cuales el grupo de autoridades de ese país interactuaron, como el ELN y las Farc, colombianas y el Cartel de Sinaloa y los Zeta, mexicanos. El libelo detalla cómo Venezuela fue usado como un territorio apto para que toneladas de cocaína y otras drogas pasaran a las costas norteamericanas. De hecho, a Maduro se le acusa en la página 11, por ejemplo, de que cuando fue canciller (entre 2006 y 2008) «vendió pasaportes diplomáticos venezolanos a personas que Maduro Moros sabía que eran traficantes de drogas» y facilitó el movimiento de aviones privados que contrabandearon droga, bajo cobertura diplomática.
Maduro no estaba esposado, pero sí tenía grilletes en los tobillos. Lucía una camisa azul sobre una polera anaranjada y pantalones caqui. Su esposa usaba ropa en tonos similares y resultaron llamativos dos parches curitas en la sien y en la frente.
La defensa del chavista, a cargo del abogado Barry Pollack, decidió no solicitar la libertad bajo fianza y advirtió que su representado tenía problemas de salud no especificados y que Cilia Flores tenía heridas que requerían atención.
Pollack es un abogado litigante con experiencia en casos de connotación pública, como el que involucró al activista Julian Assange. Mientras, Cilia Flores es representada por Mark Donnelly, abogado de Houston especializado en delitos económicos y exfiscal del Departamento de Justicia.
La breve instancia culminó cuando el juez Hellerstein informó que la siguiente audiencia se realizará el 17 de marzo a las 11 de la mañana, hora del este estadounidense.

Durante la sesión, afuera del juzgado Daniel Patrick Moynihan en Manhattan, se congregaron decenas de personas que pedían la libertad del venezolano; aunque también se vieron a manifestantes que celebraron la detención de Maduro.

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