Tras ocho años en el Parlamento la diputada cuenta qué hará después del 11 de marzo
Estuvo dos períodos en la Cámara y luego de decidir no insistir con una segunda reelección, la diputada repasa logros, frustraciones y los episodios que marcaron su carrera legislativa.
«Fueron ocho años de trabajo intenso, de entrega total», resume Maite Orsini (37) al mirar su paso por el Congreso que termina el 11 de marzo. Abogada y diputada por el Distrito 9 desde 2018, llegó al Parlamento tras ganar la primaria del Frente Amplio, aunque comenzó en Revolución Democrática. Fue electa en dos ocasiones y es una de las figuras de mayor visibilidad del bloque.
«Si bien mis sensaciones son más bien positivas, también existe cierta frustración, porque cuando una asume el cargo lo hace con la expectativa de cambiar la vida de las personas. Las herramientas, sin embargo, son limitadas y la burocracia dificulta incidir en transformaciones realmente estructurales con la urgencia que la gente necesita», dice.
Momentos difíciles
Durante sus dos períodos integró comisiones clave como Seguridad Ciudadana, Trabajo, Mujeres, Ética, Constitución y Gobierno Interior, participó en comisiones investigadoras de alto impacto y presidió la acusación constitucional contra el exministro Diego Simpertigue. Su trayectoria legislativa, sin embargo, también estuvo acompañada de fuertes polémicas públicas: desde declaraciones sin pruebas sobre presuntos vínculos entre parlamentarios y el narcotráfico hasta cuestionamientos por intervenciones en causas judiciales ligadas a su expareja, el exfutbolista Jorge Valdivia. Episodios que derivaron en sanciones internas del Frente Amplio, incluida la suspensión de su militancia, lo que finalmente le impidió competir por la reelección. «Si algo me sostuvo en los momentos más difíciles fueron los abrazos de mis vecinas y vecinos. Eso devuelve la fe en la política», explica de manera escueta, ya que prefiere dejar ciertos aspectos de su vida personal de lado para esta entrevista.
En estos 8 años, ¿pudo conocer personas de otros partidos, hacer amigos? ¿Es frío el ambiente en la Cámara?
«La política no es una burbuja, es convivencia permanente. Uno conversa, discute, acuerda y también se ríe con personas muy distintas. Claro que he hecho amistades, incluso con gente de derecha, aunque a algunos les sorprenda. Soy muy respetuosa de las diferencias. El ambiente puede ser duro, competitivo y a ratos frío, pero también hay humanidad. Y cuando se dejan los sesgos de lado, el diálogo fluye mucho más de lo que se cree».
¿Cuáles son sus planes después del 11 de marzo de 2026? ¿Hay alguna faceta suya que quisiera explorar?
«No descarto ningún espacio donde pueda aportar al servicio público, porque esa es mi vocación. Fui electa muy joven, a los 28 años, y dejé pendiente ejercer como abogada, algo que me gustaría retomar. Hoy también estoy explorando oportunidades de estudio en el extranjero. Si bien ya soy abogada y máster en seguridad pública, creo mucho en la formación continua, en parar, mirar con perspectiva y volver más preparada».
¿Volvería a la política?
«Por supuesto que sí regresaría a la política. Hacer política es parte de mi naturaleza. Es lo que amo y lo que me mueve. No como una carrera personal, sino como una forma de hacerse cargo de las injusticias, de organizar esperanza y de transformar indignación en leyes. La política bien hecha -con empatía, estudio y coraje- sigue siendo una de las herramientas más poderosas para cambiar la vida de las personas. Es un camino que siento propio y al que siempre quiero volver».
Revisión
¿Cuáles fueron los logros legislativos más importantes de su paso por el Congreso? ¿Qué queda pendiente?
«Hago un balance muy positivo. Presidí cuatro comisiones clave como Seguridad Pública y Mujeres, lideré investigaciones durísimas, como la Comisión sobre Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes bajo la protección del Estado. Pero, más allá de los cargos, me quedo con algo muy simple: haber trabajado para que leyes que nacieron del dolor se transformaran en protección concreta. Algunos de los proyectos que impulsé hoy son ley de la República y eso me emociona profundamente, porque detrás de cada norma hay una historia humana».
¿Cómo fue su experiencia en comisiones ¿Algún encontrón o sorpresa positiva?
«Presidir y participar en comisiones como Trabajo, Constitución, Mujeres o Seguridad fue donde más disfruté mi rol de legisladora. Ahí se estudia, se escucha, se mejora la ley. Es un trabajo silencioso, pero es donde realmente se legisla. Hace unas semanas presidí la Comisión Revisora de la Acusación Constitucional en contra del Ministro de la Corte Suprema Diego Simpertigue, que resultó aprobada por unanimidad en ambas cámaras, algo inédito en la historia del Congreso. Hubo debates duros, pero también sorpresas: personas con las que no compartía mirada política, pero sí un compromiso por sacar adelante buenas leyes».


