Pablo Luna levantó un restaurante en Bali que fue destacado como uno de los 100 mejores proyectos de 2025
El proyecto tardó tres años y usó solo materiales locales, como la piedra caliza que estaba en el terreno y que dio cuerpo a muros y pisos.
El majestuoso restaurante que aparece en las fotos es obra del arquitecto chileno Pablo Luna. Está en Bali, en la isla Nusa Penida, y recibió varios premios no solo por su belleza y arquitectura, sino también por la forma en que se levantó: hecho con bambú en sus más variadas formas y con prácticamente cero residuos.
Luna, junto a los profesionales de Pablo Luna Studio, diseñó el restaurante Shell (caparazón) para el complejo de retiros y bienestar Intaaya Retreat. La plataforma Arch Daily lo eligió como uno de los 100 mejores proyectos del mundo, mientras que la revista especializada «Dezeen» lo distinguió con el premio al mejor edificio sustentable.
«Nos enorgullece mucho ser parte de los destacados, pero más nos enorgullece que se esté fijando la atención en los procesos detrás de la arquitectura. No es solo un edificio bello sino el resultado de un estudio de integración a un paisaje, a su cultura, a su gente y al medioambiente», declara Luna desde Bali, donde se ha especializado en el desarrollo de proyectos a partir de bambú.
Luna y su equipo tardaron cerca de tres años en diseñar este espacio de 600 metros cuadrados, ubicado al borde de un acantilado a 100 metros sobre el nivel del mar.
«Nos demoramos bastante en estudiar todos los impactos de nuestro trabajo en el lugar», destaca.
13 cerchas de bambú se ubican de forma horizontal por debajo del techo, sostenidas por 13 vigas también de bambú. Es la base para conformar la cubierta curva que evoca una concha marina.
«Estas cerchas nos permiten tener un espacio muy amplio sin tantas columnas, están en la periferia del restaurante. Por lo general, las estructuras de bambú necesitan columnas cada tres o cuatro metros, pero acá innovamos para ampliar el espacio. Tuve que hacerlo con ingenieros de México (el equipo de Esteban Morales) porque nadie quería aceptar mi diseño. Ellos estuvieron dispuestos a estudiar la estructura, hacerla funcional y que respondiera a las normativas locales».
¿Cuál era la dificultad?
«Que la forma que tiene el restaurant se pudiera sostener, pasara todos los test contra terremotos y vientos fuertes. Cada columna sostiene una cercha, que tiene un elemento de metal en el centro que se apoya sobre la columna. Se parte con columnas cada tres metros y terminamos cada seis metros».
¿Cómo se generan las curvas?
«Lo diseñamos primero en el computador, pero se logra fácilmente porque las cerchas están a distintas alturas. Sobre ellas pusimos un tejido de bambú, que es lo que se ve en el cielo si uno está adentro del espacio. Fue una locura porque es un tejido hecho a mano por 20 personas. Se demoraron dos meses en tejer los 600 metros cuadrados. Sobre este tejido hay una malla impermeable que es la que realmente protege de la lluvia y sobre ella van unas tejas de madera cuya función es que el agua escurra hacia atrás y podamos recolectarla para reutilizarla. Se pusieron estas tejas sobre la estructura, que solas tomaron su forma por las diferentes alturas de las cerchas y columnas».
Cada columna está hecha por ocho bloques de dos bambús. Para lograr su curvatura, se hicieron pequeños cortes que quitan fortaleza a la madera. Por eso se dispusieron en bloques, así trabajan como uno solo y pasan las pruebas estructurales.
Usaron piedra caliza para el piso y las paredes porque estaba en el lugar.
«Fue un desafío porque tuvimos que entender su uso con técnicas ancestrales. Calentamos la piedra con un horno que pusimos en el terreno, lo que nos permitió extraer la cal, que funciona de cierta manera como el concreto y une diferentes elementos», explica.
Esa cal se combinó con arena y tierra: «Esta mezcla se presionaba hacia abajo con una especie de rastrillo para dar con la forma que queríamos».
¿Quedó conforme, es lo que quería hacer al inicio?
«Sí, estudiamos seis meses el territorio antes de diseñarlo. Por ejemplo, nos fuimos a recorrer el mar con pescadores y me comentaron que la isla era su jardín, porque era lo que veían ellos cuando salían a pescar. También me dijeron que teníamos que ser cuidadosos con lo que hiciéramos. Todos los edificios y construcciones de este proyecto tienen un solo piso para no afectar la vista, nos pusimos a más de diez metros del acantilado para que la construcción se pierda entre la naturaleza».
¿Se podría replicar en Chile?
«No, porque el material responde de manera diferente según el clima. Si lo envío a Chile, el cambio de temperatura sería muy brusco y haría que el bambú probablemente se trice y pierda su fuerza estructural. Nuestra filosofía es trabajar con técnicas y materiales locales, no se justifica llevar los materiales a otro lado».


