La viñamarina detalla cómo fue su reencuentro con Tom Brusse en El internado
Más allá de lo malo, afirma que su affaire con el marroquí le despertó esas ganas de formar una relación y anuncia que en febrero vuelve a vivir a Chile.
Camila Nash entró al reality «El internado» de Mega, conoció al marroquí Tom Brusse y al poco rato estaba feliz. El amor fluía entre ellos, pero bastó que la viñamarina saliera del encierro para que el galán se fijara, inmediatamente, en Akemi Nakamura, una nueva participante del programa. Al ver eso, obviamente la producción del programa hizo entrar nuevamente a Camila y ahí ardió Troya. La chilena, quien por estos días disfruta en las playas de Cancún, detalla cómo fueron los segundos antes de volver al reality, por qué reaccionó como reaccionó con el chiquillo y lo que sacó en limpio de todo lo que pasó.«Fue súper incómodo», confiesa Camila.
¿Le mostraron imágenes de Tom y Akemi justo antes de volver?
«Sí, justo antes de entrar me mostraron cuando ellos estaban agarrando. Eran como tres minutos y me los repitieron. Yo había tenido la suerte de que no había estado expuesta a cuernos así, es decir, si me los pusieron no me enteré, entonces no sabía de esto, que te lo hicieran en la tele y delante de todos tus compañeros, quedé en shock».
¿No sabía lo que estaba pasando adentro?
«No, no tenía ni idea, pero tenía una sospecha porque este cabro tenía antecedentes satánicos respecto a la fidelidad».
¿Temió que pasara algo con alguna de las mujeres que ya estaban?
«Eso me daba más pánico. Con una nueva no fue tan terrible, porque si hubiera sido con una antigua habría pensado: la miraba cuando estaba conmigo, habría sido más difícil».
Entonces pensaba que sí podía pasar.
«Sí, lo pensé, pero nunca había tenido novio de reality, entonces ese olfato no lo tengo tan agudo. Lo que pasa ahora es que no te dejan sufrir, porque en redes sociales te dicen pero si te lo buscaste, si te lo dijo, si sabías que iba a hacer eso. Eso es frustrante, te dicen obvio que te lo iba a hacer y que por eso no me puede doler».
Cuando volvió al encierro ¿pensó en no pescarlo y chao nomás?
«Era una contradicción tremenda, porque hasta una rato antes nos queríamos, estábamos bien, entonces no lo podía creer. Lo veía y no lo creía y en mi vida, cuando alguien me hace daño o no lo quiero cerca, lo ignoro, doy vuelta la página pero mi técnica fue entrar y no darle importancia a él, el problema fue que la frustración salía por cualquier lado, contra mis compañeros, andaba más sensible».
Los gritos a Otakin (Rodrigo Fernández) y los otros fueron por eso?
«Yo creo que sí. Con el que tenía que enojarme era con Tom, pero en mi cabeza era: ¿cómo le voy a dar importancia después de lo que me hizo? Elegía el desprecio pero pagaron los platos rotos otras personas. Como nunca me habían puesto los cuernos, no sabia cómo iba a reaccionar».
¿Se arrepiente de haber estado con Tom?
«Nooooo, no me arrepiento. Queda mucho reality…».
¿Lo podría perdonar?
«Quién sabe… En el momento lo que pasó sí me dolió, fue un desprecio lo que me hizo, aunque él dice que se besó con esta niña para generar contenido y para que yo volviera».
Suena a chiva barata.
«Ese es su discurso, pero ahora se verá qué tan real es eso con las dos adentro».
¿Rescata algo de todo esto?
«Pasó que yo no tenía ninguna relación hace tiempo, porque nadie me interesaba y estaba bien fría, pero Tom como que me despertó esas ganas de formar una relación. Me cuidó dentro del reality, sí, era medio posesivo y controlador, cierto, pero fue un compañero. Me quedo con lo bueno».
¿Quedó con ganas de pololear?
«Claro, como que se me abrió la ventanita de nuevo, de confiar. Igual se pasa bien. El costo es que puedes salir herido, pero si no estás dispuesto a pagar ese precio no te puedes enamorar. Prefiero ser cornuda y confiada a no entregarme por desconfiada, mil veces».
Otra cosa fue que volvió más mexicana que antes.
«Ahhh, pero es que sabes qué, me gusta porque sé que a la gente le da risa. Cuando no estoy en México se me va al toque el acento pero es gracioso, por eso lo acentúo más. Ahora estoy en Cancún y en febrero vuelvo a Chile, con camas y petacas. Y con mi gato Romeo».


