La futbolista venezolana Bárbara Sánchez no ve a su madre hace seis años y cuenta la angustia tras el bombardeo
No voy a hacer cruzar a mi madre, que es hipertensa, por el desierto. Y traerla legal hoy es imposible, dice la goleadora caraqueña de la U, que llegó con 300 dólares y trabajó como vendedora en Chile.
En septiembre de este año Bárbara Sánchez va a cumplir seis años sin abrazar ni sentir el olor de la piel de Marbelis, su madre. Se trata de una procesión que la goleadora venezolana de la Universidad de Chile lleva por dentro y que desde el 3 de enero pasado se convirtió, definitivamente, en una pesadilla. Después del ataque de Estados Unidos a Caracas, la angustia de no ver a los suyos se transformó en un calvario y «desde acá no es mucho lo que puedo hacer.
Yo hablo con mi madre por videollamadas, pero es terrible no saber qué va a pasar», cuenta acongojada.
Un 3 de enero también, pero del 2018, la caraqueña llegó a Chile con apenas 300 dólares en el bolsillo. «Me vine a probar suerte y sólo Dios sabe todo lo que hice, pero por suerte tuve una amiga que me ayudó y las cosas me resultaron bien en el fútbol. Hoy estoy muy agradecida de este país y ojalá pudiera traerme a mi madre y mi hermana pequeña», agrega la «Chama», como le dicen a la máxima anotadora en clásicos contra Colo Colo.
¿Cómo siguen las cosas en Venezuela, tras el ataque?
«Yo hablo todos los días con mi madre. Ahora hay una tensa calma, después de ese día de las bombas en que nadie salió a la calle ni sábado ni domingo. Luego vino la locura por comprar comida y uno trata de ayudar desde acá, aunque no es mucho en realidad».
¿Ha tratado de traerse a su madre a Chile?
«Nosotros somos seis hermanos. Uno está en España, dos en Estados Unidos, dos en Ecuador y yo acá en Chile. Nada me gustaría más que traerla a Chile, pero yo no voy a hacer cruzar a mi madre, que es hipertensa, por el desierto. Si le pasara algo me volvería loca y traerla legal hoy es imposible. Ahora estoy esperando a ver qué pasará con el nuevo presidente acá, qué pasará con nosotros los venezolanos. Tengo todos los papeles al día».
¿Se ha sentido integrada acá?
«Jamás he recibido maltrato, discriminación ni nada de eso, porque bueno, yo juego en un club súper importante, he representado a Chile en Copa Libertadores. A veces en redes me dicen no te queremos acá, pero no me afecta. Pero igual me doy cuenta de que mucha gente alega contra los inmigrantes y hasta les encuentro razón».
¿Le duele que los metan a todos en el mismo saco?
«Sí, por supuesto, me duele. A veces estoy en la calle, en el Metro, y escucho a la gente hablar y siento ganas de responder, pero en muchas cosas también tienen razón. Cuando llegué a Chile en 2018 hay cosas que no se veían. Yo caminaba tranquila en la calle y hoy no. Lo digo con sinceridad, a veces cuando estoy en el Metro o cuando me llaman y estoy en la calle trato de mantenerme calladita para que no reconozcan el acento, pues no sabes con quién te puedes topar. Y me da rabia, porque hay muchísimos venezolanos que están haciendo las cosas bien, gente que ya tiene familia, que ha crecido económicamente».
¿Le gustaría volver a Venezuela?
«Yo acá ahora estoy comprometida, tengo mi pareja, es chilena. Y en Venezuela, con esto del ataque, tampoco es que todo se va a arreglar mañana. Siempre tengo la esperanza de volver, de que todos podamos estar juntos, mis hermanos, mi mamá, como éramos antes. Si mi país realmente estuviera en manos de personas que lo saquen adelante, volvería feliz. Pero acá también estoy sacando mi título de entrenadora y vivir en Chile es realmente un privilegio. Hay gente que no se da cuenta de lo que tienen acá».
¿Cómo así?
«En Chile somos demasiado afortunados. Tú agarras la ducha, te bañas las veces que tú quieras. Tú abres el agua de la cocina, lavas la loza las veces que quieras. Y en Venezuela eso a veces no se da. No es por vender humo, pero Chile es un país precioso y hay de todo. En mi país me bañaba con una botellita de litro y medio, que rellenábamos con la lluvia porque no había agua, y acá me siento millonaria. Puedo ir al supermercado y elegir lo que yo quiero comer. Imagínate, algo tan simple».
¿Cuáles son sus metas en la Universidad de Chile?
«Uff, la U me lo ha dado todo. A los tres meses de llegar me dieron trabajo para ser vendedora de la tienda, lo que me ayudó a aprender las palabras chilenas. Porque acá supe que se dice buzo, polera. ¿Cómo no voy a amar a este club, que es mi familia? Ahora firmé por este año y mi idea es entregarme con todo. Ya tengo 35 años y espero que podamos conseguir el campeonato».
«Acá estoy sacando mi título de entrenadora y vivir en Chile es realmente un privilegio», Bárbara «Chama»
Sánchez
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