Miguel Ramírez y su crítico 2025 como entrenador de Deportes Iquique y Unión Española, descendidos a la B
Tengo claro que pese a no ser el único y gran responsable de lo que pasó en ambos equipos, me va a costar volver a tomar un club, admite el estratega.
Miguel Ramírez (55) reconoce que el Año Nuevo fue su punto de partida para lo que él denomina, «el regreso al ruedo». Antes de eso, el entrenador reconoce que vivió un período de desconexión con el fútbol. «Ni siquiera vi los partidos del término del campeonato», señala, evidenciando el golpe emocional que tuvo para él el 2025 donde dirigió consecutivamente a los dos equipos de la Liga de Primera que terminaron descendiendo: Deportes Iquique y Unión Española.
Usted quedó en el imaginario colectivo como el DT que en un año descendió a dos equipos. ¿Cómo se enfrenta eso?
«Sé que eso es lo que dice mucha gente, pero en general son comentarios en las redes sociales. En la calle, de verdad lo único que he recibido es apoyo, ánimo…».
Pero objetivamente usted sí tuvo responsabilidad en el descenso de Iquique y Unión.
«No me desligo, pero yo no fui el que descendió a Iquique y a Unión Española. No fui el único ni el gran responsable en ambos casos, para ser más precisos».
¿Qué responsabilidad asume usted? ¿Qué errores está dispuesto a reconocer?
«El haber actuado más con el corazón que con la mente. Eso me pasó en ambos equipos y me quedó como lección futura. Ya no puedo seguir actuando de esa manera si quiero seguir siendo entrenador».
Vamos por parte. ¿Dónde actuó el corazón más que la mente en Iquique?
«Al momento en que los dirigentes no trajeron ninguno de los jugadores que yo pedí para enfrentar 2025. Pedí al Zanahoria Pérez, por ejemplo, hablé con él y quería estar en Iquique, pero no lo contrataron. Y así con varios más. Ni siquiera fueron por mis alternativas dos, tres o cuatro. Con eso debí irme pero no me fui».
¿Por qué no se fue?
«Porque tenía la tremenda ilusión de dirigir por primera vez en un torneo internacional. Para mí era un peldaño más en mi carrera y por eso acepté jugar con los futbolistas que tenía y con los que llegaron, con los que trajo el club y a los que yo, por cierto, di el visto bueno».
Usted decidió trabajar con un nuevo preparador físico luego de su rompimiento con Marcelo Oyarzún. Pero Osvaldo Alegría duró menos de un mes. ¿No denuncia eso que usted era el que tenía problemas de liderazgo?
«El tema con Alegría fue que él no llegó a los jugadores. Tuvo problemas con varios porque intentó imponer un sistema de trabajo que a los futbolistas de Iquique no les acomodaba y por eso decidí terminar con él».
Iquique tuvo buenos momentos en la Copa Libertadores donde eliminó a Independiente de Santa Fe de Colombia. Pero luego se derrumbó en la Copa Sudamericana y comenzó mal el torneo nacional. ¿No era lógico que usted rediseñara los objetivos?
«Por supuesto. Fue así. Iban cinco fechas del torneo y me junté con el que era en ese entonces Director Deportivo del club -Javier di Gregorio- y fijamos concentrarnos en el torneo local. Cuatro días después de eso, sin embargo, Di Gregorio me dice que estoy despedido…».
¿No cree que hubo intervención de jugadores en esa decisión?
«Para nada. Siempre sentí el respaldo de los jugadores. En especial de los más grandes. Fue una decisión de los dirigentes y de Di Gregorio. No me caben dudas».
Igual usted terminó como responsable del descenso de Iquique.
«Y es injusto. Yo me fui en la fecha cinco. Hubo 25 fechas y dos entrenadores que no fueron capaces de revertir la situación. Eso es un hecho objetivo».
¿Por qué luego de esta experiencia decidió asumir en Unión Española que estaba ya peleando en los últimos lugares? ¿No era lógico darse un tiempo?
«Toda la razón, pero, como dije, nuevamente pesó el corazoncito antes que la mente. Lo de Unión me sedujo porque de trataba de dirigir por primera vez a un club de Santiago. Yo he deambulado por varias ciudades y establecerme en mi casa, con mi familia al lado, me sedujo mucho».
Pero igual era un riesgo que terminó mal.
«Yo llegué cuando Unión estaba a seis puntos de Limache y me fui del club a un punto de Limache con tres partidos por jugar. Creo, además, que el equipo logró una estructura de juego pero que hubo irregularidades y que muchos jugadores no superaron la presión que empezaron a sentir conforme corrían las fechas y seguíamos en los últimos lugares».
Usted apunta a los jugadores y esta semana Pablo Aránguiz le dedicó a usted unas palabras en sus redes sociales dando a entender que se quería salvar solo por el descenso de Unión…
«No voy a responderle a Aránguiz. Yo estoy diciendo aquí lo que he querido transparentar y no creo que valga la pena responder a cada comentario. Lo que sí para mí fue evidente es que varios futbolistas no supieron enfrentar emocionalmente una situación de estrés como es pelear por no descender. Llevé al sicólogo Enrique Aguayo, de gran experiencia, para lograr un cambio, pero no se pudo. Y es hasta comprensible porque varios jugadores eran jóvenes, sin experiencia en estas duras instancias competitivas».
Se criticó mucho el nivel de los refuerzos que usted trajo. ¿Eran los adecuados?
«Llegaron tres jugadores de experiencia y creo que dentro del grupo fueron líderes: Formiliano, Castellani e Insaurralde. Cuando llegué, me dijeron que podría tener un cuarto refuerzo si llegaban a acuerdo para rescindirle a Roco porque se había lesionado. Finalmente, él no quiso partir y por eso tuvimos que traer jugadores de categoría juvenil. Y eso pesó».
Llamó la atención que el arquero que había sido titular en el último año y medio, Franco Torgnascioli, se fuera del club apenas usted llegara. ¿Se peleó con él?
«No, él no quiso seguir en el club porque no aceptó ser suplente en el primer partido que dirigí a Unión que fue ante Deportes Concepción en la Copa Chile. Ese día opté por Martín Parra porque quería observarlo y al otro día de ese encuentro se me acercó el Gerente Deportivo, Sabino Aguad, a decirme que Torgnascioli quería irse. Yo hablé con él, me dijo que no quería ser suplente y me habló que tenía problemas familiares y que debía volver a Argentina. Yo, ante eso, sólo le dije que se fuera no más».
Lo que vivió en 2025 sin duda que le impone dificultades para tener de nuevo opciones de dirigir. ¿Tiene temor que deje de ser una alternativa válida para los equipos teniendo la chapa de entrenador que «desciende equipos»?
«Sin duda que 2025 fue un año muy malo. El peor de mi carrera. Pero a pesar de que ya me contactaron de dos equipos, uno de Primera y otro del Ascenso, tengo conciencia que me va a costar conseguir club. Uno porque lo del año pasado pesará, y dos porque yo mismo me pondré exigencias más altas y pensaré más las cosas, sin hacerle tanto caso al corazoncito».


