Una observación final para los que eligen números: el 8 de Vidal debieron entregárselo a Echeverría, no a Osorio. Osorio tiene que aspirar al 11. Valdés tiene méritos para que le pasen el 10 y que Sánchez vuelva al 7, de donde nunca debió salir.
Hay que ponerse de acuerdo en algunas cosas antes de seguir. La primera, incluso en la era del VAR, hay que aceptarla aunque duela: el árbitro es cancha. Nos metieron la mano al bolsillo ante Argentina y Canadá y a uno le gustaría que no se note tanto, pero tras el desahogo tiene que venir la autocrítica.
No es que Chile hubiera llegado a la Copa América con un súper equipo, ni mucho menos. En la práctica los malos arbitrajes suelen aniquilar a los del montón. A los buenos puede que les hagan pasar un mal rato o que en el peor de los casos les amarguen la tarde en una final, pero nadie debería quejarse demasiado del saquero de turno por quedar eliminado en primera fase de un torneo en el que no fue capaz de meter un solo gol en tres partidos. Digámoslo al revés entonces: sin los errores de Wilmar Roldán (¿cómo te vas a equivocar tanto, viejo?) la probabilidad de quedar fuera de todo para la Roja igual era bastante alta.
Pero ya que estamos en la línea del contrarrelato comencemos el análisis por lo bueno: nos hicieron apenas un gol, en los últimos minutos del duelo contra los campeones del mundo. Chile estuvo a nada de sacar su valla con los tres partidos en cero, lo que de alguna manera revela un avance necesario para apuntalar el futuro, donde Igor Lichnovsky desde ya lidera la competencia por la titularidad entre los centrales. El tiempo lo dirá, pero siento que ahí se ganó algo importante y que da por concluida la era Gary Medel en la Roja. Ya era hora, lo que faltaba para meterles presión a Guillermo Maripán y Paulo Díaz: en adelante el que juegue en la posición de zaguero central no lo hará porque no hay más, sino porque se ganó el puesto.
También hay que sumar el despliegue en el mediocampo de Rodrigo Echeverría, a quien el entrenador Ricardo Gareca pensó como relevo de Erick Pulgar o de Marcelino Núñez, pero si Eche mantiene su nivel perfectamente podría ocurrir al revés: que Pulgar y Núñez se turnen para jugar a su lado. Hay que insistir en esto, la sana disputa por una camiseta de titular. En la Selección es primordial: seleccionar.
Es posible agregar a Claudio Bravo y Mauricio Isla entre los que se salvan, aunque por edad siempre va a costar incluirlos siquiera en el próximo partido. Paso a paso. Lo demás, desde lo negativo, quizás aporta en certezas: Alexis Sánchez todavía puede hacer una contribución en la medida en que no se aleje del área rival, con menos protagonismo y más eficacia, ojalá fijando su posición muy cerca de Víctor Dávila y Diego Valdés. Lo peor de todo, de hecho, fue la lesión de Valdés: el circuito de fútbol asociado que persigue Gareca se desarmó y el ataque se volvió plano, predecible. Como sea, hay que apurar a Darío Osorio para que ofrezca competencia como extremo, para que Valdés pueda salir de ahí y también le dé la pelea a Alexis en su función.
Una observación final para los que eligen números: el 8 de Vidal debieron entregárselo a Echeverría, no a Osorio. Osorio tiene que aspirar al 11. Valdés tiene méritos para que le pasen el 10 y que Sánchez vuelva al 7, de donde nunca debió salir. ¿El 9? No quería arruinarles el día, pero no hay.


