Mientras acondiciona su nuevo departamento, la modelo almuerza todos los días con su mamá
Llegó a mediados de noviembre desde Buenos Aires tras su quiebre con Pablo Galdames y se instaló en Las Condes, cerca de su amigo Juan Francisco Matamala.
Tras casi un año en Buenos Aires junto al futbolista Pablo Galdames, Catalina Vallejos regresó a Chile a mediados de noviembre. Primero se quedó en la casa de sus padres y hace dos semanas se instaló en un departamento de un dormitorio en la comuna de Las Condes.
Sin embargo, su mudanza no le da pausa. Por estos días, la modelo espera cambiarse dentro del mismo edificio a un lugar con dos dormitorios: necesita una habitación extra para trabajar en sus contenidos y organizar su ropa.
Lo único que ha instalado es la cama, cuenta.
«Este proceso me lo estoy tomando con calma. Al principio estaba súper ansiosa por tener todo listo en una semana. Ahora prefiero elegir bien. Por ahora solo tengo la cama y el colchón, que son maravillosos. Al menos el descanso es bueno», dice.
Eligió el edificio porque está en un barrio donde se concentra gran parte de su vida social. Uno de sus mejores amigos, el bailarín Juan Francisco Matamala, vive a pocas cuadras, y otra de sus amigas más cercanas, Inna Moll, se cambió al mismo edificio.
«Mi círculo se mueve bastante por acá y casi todas las cosas que hago están más por este sector», explica.
Se mudó al edificio de renta residencial Somma Las Clarisas, una comunidad donde solo viven arrendatarios que cuenta con gimnasio, áreas de descanso, cowork, lounge, sky bar, quinchos y una piscina panorámica.
Los departamentos de un dormitorio se arriendan por $880.000. Uno como el que ocupará Vallejos, de 95,9 metros cuadrados, tiene un valor cercano a los $1.245.500 mensuales.
Paso a paso
Vallejos quiso diseñar cada espacio a su gusto, a pesar de que el edificio ofrece departamentos con equipamiento básico y algunos muebles estándar.
«La idea es poner cosas que realmente me representen. Por eso me he demorado un poco más. Me encanta elegir los muebles, pensar en lo que me haga sentir cómoda, en los colores y en el estilo. Ha sido más lento, pero estoy muy feliz. Me gusta partir de cero», afirma.
Para ese proceso cuenta con la asesoría del diseñador de interiores Cristián Preece, a quien conoció en «La divina comida».
La cocina venía equipada con muebles, horno y refrigerador. Aún debe comprar la lavadora. El resto del mobiliario planea mandarlo a hacer a medida, lo que tomará algunas semanas. Lo único que ya está en marcha es un rack para el televisor.
¿Cómo se organiza sin mesa ni sofá? ¿Llega directo a la cama?
«En realidad no he comido nada en la casa. Llego a descansar y a dormir. Prefiero esperar a que esté un poco más armado todo para pasar más tiempo en el departamento. Llevo pocas noches durmiendo. Casi todo el día estoy en la casa de mi mamá: voy a almorzar allá y después vuelvo».
Ha tenido varias mudanzas en los últimos años. ¿Qué pasó con esos muebles?
«Soy medio nómade. Guardo las cosas que sé que voy a usar en algún momento y que me gustan mucho. Dejé varias en la casa de mi mamá y ahora espero traerlas. Por ejemplo, tengo un cuadro de un mapa que me encanta y calza perfecto con el estilo que quiero».
¿Y qué hizo con toda la ropa?
«No me gusta acumular. Tengo épocas en que reviso el clóset y de vez en cuando vendo lo que no uso o que nunca usé, incluso con etiqueta. Otras prendas las regalo».
¿Qué impronta quiere darle a su hogar?
«Me gustaría un estilo nórdico, con toques modernos, pero que se sienta muy acogedor».
En Chile siempre compartió con su amigo Juanfra. ¿Por qué ahora decide vivir sola?
«Vivimos muy cerca igual, pero esto es parte de una nueva etapa. Es mi regreso a Chile y siento que era necesario.
Casi siempre he vivido acompañada. Sola viví una vez, a los 20 años, y no me gustó nada. Ahora no me siento sola, porque estoy con mi perro, que es mi compañía total. Con él siento que no necesito a nadie más».
¿Cómo está su corazón?
«Estoy bien, tranquila. Mi corazón está en paz. Estoy en una etapa nueva y feliz de estar de vuelta en Chile».
¿Extrañaba volver?
«Muchísimo. Necesitaba estar cerca de los míos. Cuando una está fuera del país se da cuenta de todo lo que extraña: la gente, el núcleo. Volver ha sido muy lindo, reencontrarme con mis amistades, verlas más seguido y también trabajar más. Estando fuera era mucho más difícil. Quería volver a brillar en ese sentido».
Este partir de cero y vivir sola, ¿marca esta nueva etapa?
«Totalmente. Me encanta partir de cero. No les tengo miedo a los cambios. Salgo de mi zona de confort y vuelvo, porque ahí uno valora más las cosas. Me he ido del país, he vuelto, y lo haría de nuevo. No me arrepiento de nada. Pero sí extrañaba mucho Chile».
¿Echa de menos Buenos Aires?
«Sí, obvio. Me gustaba mucho estar allá y lo pasaba muy bien, pero me faltaba mi gente, mi núcleo».


