El icónico restaurante tendrá su última cena el 31 de enero
Maxine Eijkman, gerenta e hija de la fundadora cuenta la historia del local y su futuro. Tras bajar la cortina, rematará todo su mobiliario.
Este sábado 31 de enero, el restaurante Zanzíbar cerrará definitivamente sus puertas en BordeRío, poniendo fin a uno de los proyectos gastronómicos más emblemáticos de Santiago. Tras 26 años de historia, el local se despide no por falta de público ni desgaste de la marca, sino debido a la profunda incertidumbre generada por el proceso de concesión del polo gastronómico ubicado a orillas del río Mapocho, en la comuna de Vitacura.
La concesión vigente en manos de la Inmobiliaria e Inversiones Santa Mónica comenzó en 1999 por un periodo de 25 años, pero se extendió un año más por la pandemia. Debía culminar el 4 de febrero de este año para dar paso a un nuevo contrato, adjudicado por Consorcio Parque Río por un periodo de 15 años. Sin embargo, la empresa que quedó en segundo lugar impugnó el proceso ante el Tribunal de Contratación Pública. Esta acción derivó en una suspensión del proceso y la municipalidad se vio en la obligación de extender hasta seis meses el contrato con el actual concesionario.
Para proteger
Maxine Eijkman, gerenta de negocios de Zanzíbar e hija de Susana Schnell, su fundadora, cuenta que la decisión fue tomada por la familia con un foco claro: proteger a su equipo humano.
«Hay una incertidumbre de quién va a ser el nuevo concesionario. No existe claridad sobre fechas ni sobre cómo se va a gestionar este período intermedio. Esa indefinición impide tomar decisiones responsables y genera una presión muy fuerte para nuestros trabajadores. Frente a ese escenario, preferimos cerrar este ciclo y cuidar a las cerca de 40 familias que dependen de este proyecto».
Espíritu viajero
Zanzíbar nació en 1999, el mismo año en que abrió BordeRío. Desde el comienzo fue una apuesta arriesgada y distinta a lo que ofrecía la escena gastronómica chilena de fines de los años noventa. Su creadora, Susana Schnell -americana-alemana nacida en Perú- desarrolló el proyecto junto a su padre, Roberto Schnell, inspirada en una vida marcada por los viajes. La familia vivió en Marruecos, donde Susana se casó con un holandés con quien tuvo tres hijos.
«Allá es donde empezó todo este viaje culinario. Cuando llegamos a Chile, mis papás se dieron cuenta de que antes, en esa época acá sólo existía la sal como especia. Entonces, vieron la oportunidad», relata Eijkman.
Para dar forma al proyecto, la familia viajó a Marruecos y trajo en un contenedor las lámparas, puertas, muebles, textiles, alfombras y objetos decorativos que dieron identidad al local, además de todas las especias que no se encontraban en Chile. El resultado fue un restaurante inédito para el paladar chileno, que apostó por la cocina marroquí y, con el tiempo, influencias asiáticas.
Su dueña explica que el concepto siempre fue que Zanzíbar fuera un viaje. «Son cocinas del mundo. Cada plato viene con su origen (Marruecos, Indonesia, Grecia, etc). Es el viaje por las especies. Zanzíbar es la isla africana por donde pasaban los barcos con las especias», explica.
Premiado
En el año 2023 fue reconocido como el mejor rooftop de Latinoamérica por la Worlds Culinary Awards. «Desde que partió, siempre fue un restaurante lleno. Estamos cerrando en momentos de gloria», señala Eijkman.
El local se transformó en un espacio de encuentro y celebración. Propuestas de matrimonio, aniversarios, celebraciones de San Valentín y noches temáticas con bailarinas de danza árabe y tatuadoras de hena marcaron la vida social del restaurante. «Hay clientes que se comprometieron acá y vuelven todos los años. Hay historias increíbles. Desde novias que se tragaron el anillo hasta una clienta que intentó salir con una lámpara en la cartera», recuerda.
Remate
El cierre de Zanzíbar marca también un nuevo comienzo. En marzo, la familia abrirá en el Mercado Urbano Tobalaba (MUT) un nuevo espacio gastronómico llamado MeliMeló, definido como un taller de cocina contemporánea y cotidiana, del brunch al bar, con una carta que evoluciona según la hora. «Es una propuesta completamente distinta, pero sigue siendo un legado familiar», afirma Eijkman, quien no descarta que Zanzíbar vuelva a abrir en otro punto de Santiago.
Como parte del cierre de Zanzíbar, el próximo 3 de febrero se realizará un remate a cargo de Remates Rudolph (https://acortar.link/2ic30S), de todo el contenido del restaurante, incluidas las emblemáticas lámparas y la decoración. «Queremos partir de cero. Si algún día abrimos otro Zanzíbar, volveremos a Marruecos por nuevas piezas».
Una pérdida
Para el chef francés Yann Yvin, el cierre de Zanzíbar representa una pérdida significativa para la gastronomía y la memoria colectiva de la ciudad. «Es una lata tremenda. Conozco el local desde antes de que se inaugurara. Fue el primero en acercar los sabores del norte de África. Una apuesta muy arriesgada, con productos, vajilla y decoración completamente distintos a lo que existía en Chile».
Según Yvin, Zanzíbar fue un referente para muchos otros proyectos. «Logró mantenerse durante años en un rubro donde las modas cambian constantemente. Eso es muy difícil en Santiago». Para el francés su cierre «es un libro entero que se termina, un trozo de memoria que se va, especialmente dentro de la comunidad francesa, que hizo de este lugar parte de su vida nocturna, de sus amistades y celebraciones».



