El texto tiene la lista de 20 agentes secretos de la época
Los espías eran comerciantes, que sabían leer y escribir, y que viajaban por Europa.
Todo un entramado de poder y espionaje se reveló con la reconstrucción del expediente secreto de Robert Cecil, el jefe de espías de la reina Isabel I de Inglaterra. El hallazgo configura el primer servicio de inteligencia inglés, según los historiadores. El documento ultrasecreto titulado «Los nombres de los agentes de inteligencia», que pertenecía a Cecil, de una página, tiene 428 años de antigüedad y gracias a su análisis se puedo configurar la red culta de espías que funcionaba en torno a la monarca. La estrategia de vigilancia encubierta era para conocer si los reyes europeos tenían pretensiones por el trono inglés.
Perfil
Los integrantes de la red de espionajes debían cumplir ciertos requisitos. El reclutador era Robert Cecil, conde de Salisbury, fue un estadista inglés y secretario de Estado de Inglaterra entre 1596 y 1612. Maestro de espías, seleccionaba a su contingente con un perfil muy definido: principalmente comerciantes, «porque viajan, saben leer y escribir, hablan idiomas europeos y tienen sus propias redes de contactos», explicó el historiador Stephen Alford, profesor de Historia Británica Moderna Temprana en la Universidad de Leeds. Alford descifró el expediente que permanecía en los Archivos Nacionales del Reino Unido para el libro «Todos sus espías: El mundo secreto de Robert Cecil», en el que detalla que cada agente recibía un pago por enviar informes codificados de manera secreta a Cecil, quien los descifraba usando un código personalizado para cada archivo, detalla el investigador.
La lista
La lista incluye «más de 20 espías» desplegados en ciudades como Escocia, Ámsterdam, Calais, Bruselas, Roma, Sevilla, Lisboa, Suecia, entre otras. «Había muchos nombres en la lista: algunos los reconocí, personas del consejo privado de Isabel I o cercanas a él, y había muchos que no conocía. Con el tiempo, me di cuenta de que los números junto a sus nombres eran números de folio y que, en realidad, se trataba de una página de contenidos. Ese fue un momento de luz», contó Alford en declaraciones recogidas por «The Guardian» al explicar cómo descifró el expediente.
Estrategia
El investigador mencionó un intento de Felipe II, tras la derrota de la Armada Española en 1588, de atacar Inglaterra y destronar a Isabel I. El equipo de espías liderado por Cecil fue enviado a vigilar la costa atlántica, «en algún lugar cerca de Biarritz, para ver si hay barcos españoles navegando en una nueva armada o haciendo preparativos militares y navales», en un afán de Cecil de evitar un nuevo ataque naval español. Para el operativo, los espías «fingían que enviaban mercancías de contrabando entre Francia y España, pero en realidad iban a los puertos y hacían informes sobre la actividad naval, contaban barcos y averiguaban lo que estaba pasando», describió el Alford. «Esa era la invencible Armada que envió Felipe II y que fue derrotada por la flota Británica. Sobre todo por una tormenta que les afectó y destruyó a la Armada española», complementa Gonzalo Larios, académico del Instituto de Historia de la Universidad San Sebastián.
Rivalidad
Sobre qué tan turbulenta era la época en Europa respecto a las monarquías y el poder, Gonzalo Larios dice que existía una rivalidad muy fuerte en contra de España, en el momento en que comienza a consolidarse el Imperio Británico con Isabel I. «Tenía enemistad con países como España, principalmente de carácter religioso y político. El padre de Isabel I rompe con la Iglesia Católica y favorece el establecimiento de una iglesia nacional de Inglaterra, que es el anglicanismo. En este caso, su hija confirma ese anglicanismo», explica. «Hay conspiraciones de tipo católicas en ese momento, luchas religiosas muy fuertes dentro de Inglaterra, porque pasar de un momento a otro a un país, de una religión a otra es complejo, y deja heridos en uno y en otro bando», plantea al académico.
Espías
Según José pedro Hernández, académico de Historia de la Facultad de Educación de la Universidad de las Américas, es la ruptura religiosa de la época y los aspectos comerciales, por lo que los espías jugaban un rol importante para que no se atentara en contra de la corona. «Debían estar atentos a qué estaba pasando en los distintos países europeos y cómo estos podían afectar a su economía. Estos espías lograban ingresar a las cortes de los demás países, por lo que sabían los pasos a seguir, de esta manera mejoraban la gestión de Isabel I», destaca Hernández.


