El Bichi quiere empezar una nueva etapa de vida
Pese a que ya no trabaja los fines de semana, Borghi reconoce que sigue pegado: Veo todos los partidos que puedo entre sábado y domingo.
Hace algunos días, Claudio Borghi y su señora volvieron del lugar habitual de vacaciones para ellos: la isla de Chiloé donde, según el ex futbolista campeón del mundo, dice sentirse a sus anchas. «Me gusta porque allá es como eran las cosas antes: un lugar donde la gente se conoce, se saluda y conversa. Ahora fui con mi mujer porque mis hijos ya están grandes y en otra, aunque mi hija (Dominique) agarró un avión con el novio y se fue a pasar unos días. Nosotros, en cambio, nos fuimos en la camioneta, en la más turística».
Usted ahora hasta veranea en Chile. ¿Qué lo sigue ligando a Argentina?
«Los amigos, el barrio. Eso más que nada porque de nuestra familia queda poca gente por allá y mi suegra (Susana Esadi) se viene a pasar tiempo con nosotros».
¿Qué hay en Argentina que aún no encontró en Chile?
«El tiempo para charlar, para tomarse un café. Para hablar de todo y con todos. Yo, cuando voy al barrio donde me crié, paso al mismo bar donde iba de joven y ahí estamos todos mezclados: el que es carpintero y el que es abogado.
Todos hablando con todos y a veces gritando de una mesa a otra. Chile es un país fantástico en muchas cosas, ordenado. Pero para citarse a tomar un café uno termina en los lugares más de moda, de cadenas. Y se habla despacio y cada uno defiende su privacidad, no comparte. Por eso voy a Chiloé. Allá el verdulero sabía cuándo regresaba a Santiago porque el de la pescadería le contó».
¿Le gusta la carrera que ha hecho en los medios?
«Creo que he aportado desde mi sitio, que es el de alguien que vivió el fútbol desde adentro. No me comparo con lo que pueda entregar un periodista, porque los roles y experiencias son distintas. A mí, por ejemplo, me ayudó mucho Aldo Schiappacasse a entender cosas de la tele, a hablar en los momentos justos. Eso yo no lo sabía y él fue un aporte. Me han ofrecido escribir columnas y digo que no porque no sabría cómo hacerlo. Y no me gustaría que un periodista me las escribiera».
Usted pasó de un programa en TNT Sports súper informal a otro más contenido como el del ESPN. ¿Le costó ese tránsito?
«No tanto, porque sabía al lugar que llegaba. Además, estoy trabajando con gente que ya conocía de mi paso por FOX. Indudablemente ahora no puedo ser tan informal como en «Todos somos técnicos», pero me siento bien en este rol».
Igual tiene la posibilidad de ser más informal en el programa que está haciendo en Picado TV.
«Claro, es más relajado. La idea surgió de mi hija que me dijo que debía contar todas las historias que tengo en el fútbol. Y tratar de destacar personajes del pasado. Eso me gusta».
También estuvo en un stand up de Claudio Palma en Puente Alto. ¿Cómo surgió eso?
«Claudio me invitó y le pregunté qué quería que hiciera. Me dijo que él me preguntaría cosas y que yo respondiera. Y me tuvieron que cortar porque hablé hasta por los codos. ¿Si lo volvería a hacer? Claro. Estoy abierto».
¿Qué tal siente su vida sin tener que trabajar los fines de semana?
«Cuando no llegué a acuerdo para seguir en TNT Sports y luego me integré a ESPN, sin duda gané en dos cosas: cercanía para llegar a la pega, y horarios más amables, que incluían no trabajar los fines de semana. Eso se ha traducido en cosas que para mí no eran habituales, como poder llegar a la hora de la cena a mi casa o, como pasa este fin de semana, irme con mi mujer a nuestra casa en la playa».
¿Es una mejor vida sin tener que estar pendiente de los partidos?
«Es que sigo pendiente. Veo todos los partidos que puedo y varios deportes entre sábado y domingo. La semana pasada, por ejemplo, vi la final de la Copa de los Potreros de Argentina. Y también miro otros deportes como el rugby, el tenis. El golf no porque me gusta jugarlo, pero es latero mirarlo».
¿Y su señora le aguanta todo eso?
«No, en la casa insisten en preguntarme si es necesario verlo todo. Reconozco que soy exagerado. La semana pasada vinieron unos amigos de Argentina a cenar a casa y yo estaba con mi celular viendo un partido de Flamengo debajo de la mesa».
¿Qué hace familiarmente cuando está en la casa?
«Me gusta la jardinería. De hecho, estoy haciendo injertos en unos olivos que planté. Me mandan a comprar porque saben que no soy de quedarme en la casa sin hacer nada. Y claro, me gusta juntarme con amigos o familia. El otro día vinieron con mi sobrino nieto y lo pasé súper bien jugando con el cabro chico».
¿Tiene ganas de ser abuelo?
«Aunque mis hijos me reten, lo voy a decir: quiero ser abuelo. El problema es que mi hija Dominique y mi hijo (Filippo) no están ni ahí por ahora con la idea de tener niños. Lo respeto porque hoy las cosas son diferentes a lo que era en mi época de joven, pero igual me veo con un Bichito o Bichita jugando por la casa».
Mientras eso no pasa, ¿le ha servido tener contactos con los jóvenes y niños en su labor de asesor de Argentinos Juniors?
«Me ha gustado mucho participar de alguna forma en un gran proyecto que tiene el club: devolverle el sello que tenía y que era de jugar bien al fútbol».
¿Qué participación tuvo usted en la llegada de Brayan Cortés y Leandro Fernández este año a Argentinos Juniors?
«No fui el que los contactó ni dateó. En el club me preguntaron por ellos cuando estaban en tratativas. De Cortés dije que era un arquero de nivel de selección y que nunca supe si había tenido algún problema interno. De Leandro me preguntaron si él se había portado bien en Chile y yo les dije que sí, cero problemas. Nada más que eso dije».


