Locatarios del mercado capitalino enfrentan la violenta madrugada de este miércoles
Co administradora del recinto explica porqué no restringen el acceso como lo hizo Lo Valledor.
Según informó Jorge Carmona, fiscal del Equipo de Crimen Organizado y Homicidios (ECOH), «la primera balacera se produjo en la esquina de calle Artesanos con Salas, comuna de Recoleta», cuando un sujeto que se movilizaba en scooter disparó contra un ciudadano venezolano de 18 años, en situación irregular, el que murió tras recibir tres disparos.
Momentos después, el mismo atacante fue registrado en video enfrentándose a tiros contra un grupo de venezolanos, quienes se encontraban en calle Salas, muy cerca de Avenida La Paz. En esa balacera resultó herido otro venezolano, esta vez de 20 años, quien tampoco había declarado su presencia en el país.
Ambos incidentes ocurrieron en medio de la vertiginosa actividad de conductores, peonetas y comerciantes, que a esa hora transan sus productos en efectivo. El Departamento de Investigación de Organizaciones Criminales OS-9 sospecha que la violencia se origina en una disputa territorial por venta de drogas.
El problema para los locatarios cercanos a la Vega Central es que incidentes como éste ya no son raros. «Acá es común la venta de droga en la calle, así que no me extraña que haya peleas por territorio, porque en este sector se maneja mucho billete chico y la plata de los traficantes está ahí», afirma Luis Torres, administrador de un local ubicado justo frente a aquel donde murió el joven.
Cruzando la calle, Raúl González recuerda que «hace menos de un año nos encontramos con otro muerto, sin contar con la tracalada de heridos que dejan los cogoteos. Así, quién se siente seguro». Su local no tiene nombre visible, tal como la mayoría en calle Salas.
Harta seguridad
El problema de la inseguridad afecta por igual a los más de 850 locatarios de la Vega Central, que a pesar de sus esfuerzos, ven impotentes como el sector ha ganado fama de peligroso.
«A mí me gustaría encapsular la Vega, para que dejaran de relacionarnos a todo lo malo que pasa en este sector», asegura Soledad Bello, coadministradora subrogante del principal mercado urbano de la capital, quien se defiende de las críticas que apuntan a una supuesta laxitud en cuanto a la seguridad.
«Contamos con tres salas de video para vigilar los patios y pasillos, además de nuestro propio equipo de vigilantes, el que es apoyado por guardias que andan de civil», cuenta Bello, quien asegura que «dentro de nuestro recinto casi no hay robos, más allá de algunos mecheros, que son rápidamente identificados y denunciados a Carabineros».
De paso, también explica por qué consideran inviable aplicar las mismas medidas de seguridad implementadas en el Mercado de Lo Valledor, ubicado en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, donde los accesos se limitaron a cuatro, se instalaron torniquetes y se solicita cédula de identidad para ingresar.
«Hablamos de dos mundos muy diferentes, porque mientras Lo Valledor es mayorista, nosotros atendemos a todo tipo de público, desde comerciantes hasta minoristas que viven en el centro, que es otro perfil, uno mucho más urbano, al que no podemos ponerle tantas trabas para entrar o se van a ir», asegura la administradora.


