Quedó demostrado un año después.
De cuando en cuando el factor emocional influye para que un artista, en este caso un humorista, triunfe y se gane el cariño y el respeto del público de la Quinta Vergara.
Ejemplos. ¿Se acuerda de alguno de los chistes con que Ricardo Meruane se echó al bolsillo al monstruo el 2016 tras su estrepitoso fracaso cinco años antes en el mismo escenario? De ninguno, ¿verdad? Era obvio que iba a salir airoso.
Su lucha por sobreponerse a la caída anterior fue compartida y alentada íntimamente por todos los asistentes a la Quinta esa noche. En Chile la víctima genera una simpatía sorprendente.
Otro. El 2012 fue la cuarta vez que el disuelto dúo de Dinamita show se presentó en Viña y la rutina hizo numerosos guiños a los problemas con la droga que tuvo uno de sus integrantes, Paul Vásquez. De nuevo, el éxito estaba asegurado de antemano. La empatía mezclando aguas con la compasión y el cariño.
En esta versión del Festival el fantasma del venezolano George Harris estuvo presente. Su compatriota Esteban Düch tenía que salir con la gaviota de oro. Era la forma de desmentir la xenofobia que acusó su colega hace un año, con un ego mórbido, que no le permitía el lujo de la autocrítica. A Düch estaba claro que le iba a ir bien. Por el factor emocional, pues, el mismo que extrañamente no consideró mi queridísimo Vasco Moulian, que en la previa vaticinó un paso con más pena que gloria del venezolano por la ex concha acústica.
Anoche aparte de triunfar Esteban Düch, terminó de hundirse la soberbia de George Harris.


