Municipalidad de Santiago inauguró, en el barrio San Eugenio, la arteria que lleva su nombre
Reconocimiento al ídolo de Colo Colo y la Roja. Es una persona con compromiso social que siempre recuerda de dónde viene, dice la alcaldesa Irací Hassler.
El histórico ídolo del fútbol chileno congregó ahí a un centenar de personas para vivir un emotivo momento junto a su gente.
«Soy un poco reacio a decir autoridades. Para mí, el amigo de la esquina vale tanto como la alcaldesa», comentó de entrada Caszely, muy en su estilo, en un acto que tuvo a la alcaldesa Irací Hassler y al ministro de Deportes Jaime Pizarro entre los presentes.
Acompañado de familiares y de su nieto Franco, el otrora Rey del Metro Cuadrado desayunó antes en la casa de una de sus vecinas de toda la vida.
«Mi historia comenzó acá, en la casa verde de la esquina: Juan Espejo 2299, con Arzobispo Valenzuela. Aquí en la plaza del Burro (hoy plaza Jorge Montt). Le decíamos así por dos razones: uno porque era para aburrirse y la otra porque muchas veces estábamos jugando a la pichanga y pasaban burros. En unos vasitos valía un peso tomar leche de burro. Ahí quedé burro», dijo Caszely.
Cuando nombró «la casa de la esquina» también quiso recordar a su familia: «Aquí René Caszely se hacía llamar, para los amigos que saben, Óscar Jorge René Caszely del Carmen Carrillo Puelma Encina. Todos sus nombres y todos sus apellidos. Contaba historias increíbles. Olga Elsa Garrido Vásquez, mi madre. Y cómo no, mi hermana Ana María, la mujer más inteligente con la que me ha tocado compartir. Profesora normalista. Ella salió inteligente con la cabecita, yo con los pies».
Luego vino el momento de echar el tiempo atrás y acordarse de varias anécdotas de su crianza en esas calles del barrio San Eugenio. «Acá nos juntábamos los amigos a jugar después de estar en el colegio. Yo empecé aquí en una escuela, después me fui a la escuela Brasil, frente a la Penitenciaria, y después me fui al Darío Salas para estudiar y seguir haciendo carrera. Me acuerdo de que al frente de mi casa vivía el Chico Willy y jugábamos uno contra uno. Era entre el poste y la pared, y el poste y la pared. Después llegaba otro y otro y otro. Y terminábamos jugando entre quince a veinte por lado aquí en la plaza del Burro».
El desfile de personajes siguió por la memoria de Caszely: «Allá en la esquina vivía el Choro Angulo, que era bien choro pero cuando estábamos juntos no se molestaba. Y en la esquina, más acá, vivía Mario Cordero, que una vez jugando una pichanga, cuando se fue una pelota a la calle, trató de atravesar Bascuñán, lo atropelló una micro y quedó cojito. Y al lado vivían los Lillo. Buenos para la pelota. Morombo, para mí, el mejor 10 que vi. Juan Lillo, arquero, y Raúl Lillo, un 8 medio idiota para jugar pero también talentoso. Y en esa casa también residía mi cuñado, Hernán Castillo Cáceres».
La historia del barrio tampoco quedó afuera: «Dondona, el abuelo del Choro Angulo, era el que atendía a los viejos que salían de Ferrocarriles cuando tenía cinco mil trabajadores, hasta septiembre del 73. Era impresionante cuando salían todos los tiznados. Y nosotros íbamos a buscar a nuestros viejos para apurarlos para llegar a casa y que jugaran con nosotros. Y al lado estaba el Negro Cote. Había una panadería, la del turco. Cuando hacíamos rifas para comprar nuestras camisetas y pantalones le pedíamos colaboración. Al llegar preguntábamos por el turco y nos echaba a patadas. Eran árabes. Uno a todo el mundo le decía turco en ese tiempo».
«Yo nací aquí en este barrio de recuerdos hermosos, de una niñez maravillosa. Una vez hablando con un gallo muy de derecha le dije: Yo siempre fui rico. Él me queda mirando y me dice: Cómo rico, si tu padre era empleado de ferrocarril y tu madre dueña de casa. Rico en amor, en abrazos y rico en amigos», agregó Caszely al final de su relato. El viernes cumplió 74 años.


