«En la ciencia, tienes que adaptarte a los hombres»

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Autor de la Foto: DAVID ALARCÓN


Karla Aubel es ingeniera física y opera telescopios

Trabaja en el observatorio La Silla y antes estuvo en Paranal. En su medio, ser mujer es una novedad y ha tenido que adaptarse. «Los hombres no son difíciles», dice, «lo complicado es el machismo».

Romina Reyes

Ser una mujer en un mundo de hombres tiene sus dificultades. Eso lo sabe la ingeniera física Karla Aubel (40), que opera telescopios en el observatorio La Silla. Ahí ha tenido que aprender a adaptarse a una vida que no es tan distinta a la vida de los mineros: trabaja en un sistema de turnos, después de seis días libres debe subir ocho a la montaña. Su trabajo debe hacerse de noche para captar imágenes del universo que nutrirán investigaciones sobre el espacio. «No sé lo que es trabajar de lunes a viernes como cualquier persona. Mis turnos son de martes a martes», dice.
Karla estudió Física en la Universidad de Santiago. Desde entonces se vio envuelta en un mundo donde las mujeres eran minoría. Para ella, era como estar en el Club de Tobi.
«No fue algo como que yo eligiera conscientemente. En la facultad ya había pocas mujeres estudiando Física y siempre estuve rodeada de hombres, de mucha testosterona. Es difícil, pero una se acostumbra», cuenta.
Cuando terminó la carrera, Karla postuló a un cargo en el observatorio La Silla, en la Región de Coquimbo. En ese momento tenía 26 años y estaba terminando su tesis. Su intención era trabajar un rato, pero se terminó quedando. Y en el mundo de la astronomía, los hombres también eran mayoría. Pero para ella no era un problema, sino una de las características del campo donde quería desarrollar su carrera.
«Estás en ese ambiente masculinizado, y si quieres lograr tu objetivo que en ese momento para mí era estar en la ciencia, uno tiene que adaptarse a los hombres. Los hombres no tienen mucha ciencia. Lo complicado es lidiar con el machismo», comenta Karla.

Acoso sexual
La experiencia de la ingeniera la hace pensar que, en general, los hombres consideran que las mujeres son tontas, que no opinan o que son difíciles. «Sabemos que no es así, pero la mentalidad y la cultura chilena es muy despreciativa a la mujer», dice. Lo complicado es que en los ambientes de ciencias, hay pocas mujeres para romper estos mitos: en La Silla, donde actualmente trabaja Karla, hay dos mujeres en un universo de 20 personas. Y mientras trabajó en Paranal (entre 2005 y 2012), las mujeres representaban menos de un tercio de la población total.
«Yo creo que pasa porque, por un lado, ya es un ambiente que algunas mujeres no prefieren, y además es un trabajo aislado que te hace complicado tener familia o pareja», comenta. Ella ha tenido compañeras que han decidido dejar el trabajo para priorizar a sus hijos, y si no pasa eso, las mujeres aplazan la maternidad por las características del trabajo.
Más allá de las dificultades laborales, Karla vivió una situación de acoso sexual donde tuvo poca empatía de parte de sus superiores. Los trabajadores de los observatorios deben vivir en el lugar, por lo que tienen sus habitaciones con sus cosas. Durante el primer periodo que Karla trabajó en La Silla (entre 2001 y 2005), comenzó a perder ropa, lo que primero atribuyó a los viajes constantes de un lugar a otro. Pero una noche sintió que alguien entraba a su habitación.
«Estaba durmiendo y él estaba al lado de mi cama. Yo me despierto, pego un grito y él sale corriendo y deja la puerta abierta. O sea, no lo soñé», detalla.
Karla comunicó la situación entre sus colegas, pero en ese momento, quien era su supervisor la instó a no hacer nada. «Yo ya lo había hecho público entre mis compañeros. Y mi supervisor me dijo que lo pensara bien si no quería hacerme el ambiente mucho peor. Que iba a culpar a alguien y cómo lo iba a probar, me iban a decir que era mi imaginación. Yo reconozco que me asusté y me eché para atrás. Además era más inmadura y pendeja, pero fue una de las razones por las que me fui de ese observatorio y me fui a Paranal», cuenta.
Con el tiempo, Karla volvió a La Silla. Para ese momento, las políticas respecto al acoso sexual eran mucho más estrictas y no volvió a vivir una situación de ese tipo. Pero reconoce que hay que tener fuerza para enfrentar ese tipo de situaciones donde la culpa, de alguna forma, recaerá sobre la mujer.
«Al no ayudarte ni ser empáticos con tu situación, te ignoran y son capaces de decirte que es un problema tuyo o es una consecuencia de la forma en que tú eres o qué sé yo», dice. Pero la solución no es irse. Karla dice que si ella quiere trabajar ahí y desarrollarse en el mundo de la ciencia, tiene que levantar la voz.
Por lo mismo, parte de la adaptación de Karla la ha hecho fortalecerse, lo que para algunos es «masculinizarse». «Y yo no digo que no sea femenina, pero de tanto estar rodeada de hombres, una igual pierde un poco la sensibilidad a veces», comenta.
«Entiendo que existan mujeres que no se atrevan, pero la solución no está en arrancar. Si tú quieres estar ahí, tienes que hacerte respetar. Una tiene que usar sus derechos y hasta que yo no decida irme, no lo voy a hacer»,dice.

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