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Autor de la Foto: LA RED
Título/Pie de foto: «Mentiras verdaderas», el único bastión en vivo que va quedando.
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Título/Pie de foto: Larry Moe
¿Se ha fijado lo que cuesta dar con programas no envasados de noche?
Larry Moe
El lunes último fue tristemente histórico para la televisión chilena. Eran minutos pasados las 23 horas y sólo un programa de factura nacional se encontraba al aire en la zona más «clásica» de nuestra señal abierta, esto es la franja comprendida por La Red; UCV-TV; TVN; Mega; Chilevisión y Canal 13. Ese heroico bastión de patria audiovisual era «Mentiras verdaderas». Todo lo demás era envasado, con marcada preeminencia de producciones turcas.
¿Qué pasó? ¿Cómo llegamos a esto? ¿De pronto nada de lo que hagan nuestros rostros, realizadores y técnicos merece la confianza de los ejecutivos locales de televisión? ¿La economía social de mercado nos quedó gustando tanto que ahora lo único chileno a lo que podemos aspirar como telespectadores es uno que otro doblaje?
Unas palabras para la fiera resistencia que le opone «Mentiras verdaderas» a esta facilista tendencia antes de analizar más a fondo esta dramática situación, la que el medio parece haber asimilado rápido: públicamente al menos no ha despertado la preocupación de nadie (honrosas excepciones: los colegas Roberto Apud y mi querida Conty Ganem en el «De aquí no sale» de este viernes).
Tal como existe «la parrilla flexible», «Mentiras verdaderas» ha demostrado a lo largo del tiempo una capacidad única para reinventarse y mutar sin perder jamás su esencia y eje central, que no es otro que ser un talk show intimista, donde se abordan temas políticos, humanos y también faranduleros, pero desde una mirada más periodística que sensacionalista, más macro y analítica que ansiosa y anecdótica. Al revisar mi videoteca este programa me arroja una gama tan amplia y ecléctica de contenidos que en ella conviven el crudo testimonio de la actriz Gloria Laso sobre las torturas a las que fue sometida durante la dictadura militar y el chiste más escalofriantemente irreproducible que se haya transmitido por la pantalla chica en este país. Lo dijo Felipe Avello cuando «Mentiras verdaderas» se convertía, los viernes, en un transgresor polvorín de stand up. Para los que lo vieron, una sola pista: tenía que ver con un acto sexual y un revólver.
Gran programa el conducido por Jean Philippe Cretton. Pero volviendo a la imperceptible tragedia que nos ocupa, sería bueno que la legislatura vigente, en lugar de exigir a los canales ciertas horas de transmisión cultural, especificara que las producciones nacionales también deben cubrir un determinado porcentaje mínimo de la oferta televisiva, sobre todo en horario estelar.
Lo otro es seguir para donde vamos: hacia el piloto automático permanente.


