FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/01/20/Tiempo_Libre@2_GFD2JVDV9_1_TLI_martinez_2001_IMG.jpg
Título/Pie de foto: Ricardo Martínez
De trendy a popular, de popular a masivo, de masivo a ridículo, de ridículo a kitsch. Y de kitsch… a trendy.
Ricardo Martínez
Como he comentado en varias ocasiones, cuando los seres humanos nos encontramos con otros seres humanos, representamos un papel. Esto lo dijo mejor que nadie William Shakespeare: «El mundo entero es un escenario» («Como gustéis», Acto 2, Escena 7). Erving Goffman recogió la idea y habló de la «Presentación de sí mismo» en 1959. La genialidad de Goffman fue darse cuenta de que todo lo que hacemos frente a otras personas, como hablar, los temas de los que hablamos, nuestro tono de voz, la forma en que nos comportamos e incluso el cómo estamos vestidos y vestidas, les da a los demás pistas sobre lo que somos. Si queremos presentarnos como personas serias lo haremos de cierta forma.
Cada cosa de las que llevamos comunica, tiene un lenguaje. Debemos primero consultar qué necesitamos comunicar, qué queremos que les «quede» a las personas con las que interactuamos. Y luego se verá cómo elegir la ropa y el peinado para comunicar de la manera más efectiva posible ese mensaje.
Pero las modas y las tendencias van cambiando. Aquello que en 1997 podía comunicar algo, hoy ya no lo comunica: es el ciclo de la moda.
Según el genial sitio cinismoilustrado.com, el ciclo de la moda funciona más o menos así. Primero las cosas son «trendy», luego lo «trendy» se vuelve popular, a continuación lo popular se vuelve masivo, pero cuando ello ocurre, el paso siguiente es que lo masivo se convierte en ridículo y lo ridículo pasa a ser kitsch. Pero, y aquí sucede la magia, lo kitsch de pronto se convierte en alternativo. Y al rato lo alternativo se vuelve «trendy»… y todo empieza de nuevo.
Mi ejemplo favorito de esto último son los pantalones «pata de elefante» que fueron alternativos en los sesenta y en los setentas se masificaron. Como buen hijo de los ochenta, yo los odiaba. Y lo mismo pensaba todo el mundo, porque lo que la llevaba eran los «pata de hormiga». Entre los músicos metaleros, los «pata de hormiga» resultaban prenda obligada. Con una excepción, el desaparecido Cliff Burton de Metallica, quien -en pleno apogeo de los «pata de hormiga»- insistía en vestir «pata de elefante». Él fue alternativo y el tiempo le dio la razón: a inicios o mediados de los noventas los «pata de elefante» regresaron con tutti.


