José Espinosa quedó sepultado tras un derrumbe producido en la mina Pampa Camarones, en Arica
El trabajador operaba un camión que quedócubierto de rocas por el desprendimientode material. La cabina de seguridaddel armatoste le salvó la vida.
Espinosa manejaba un camión Scoop LH410 Sandvik, un armatoste de 26 toneladas, 10,34 metros de largo con la pala incluida, 2,4 metros de alto y 2,7 metros de ancho y que cuenta con una cabina fortificada a prueba de todo tipo de cataclismo. Un bunker sobre ruedas. Esa cabina le salvó la vida.
El derrumbe se produjo a las 23:30 horas. Ocurrió justo en la galería donde Espinosa operaba su camión, sepultándolo por completo.
En el yacimiento se activaron todas las alarmas y de inmediato se inició el protocolo para saber lo que había ocurrido.
Dentro de todo, Espinosa había tenido una suerte tremenda. No solo la cabina había resistido las toneladas de material que cayeron sobre ella, sino que las rocas fueron lo suficientemente grandes para que el aire se colara entre medio. Espinosa estaba ileso y podía respirar sin problemas. Pudieron comunicarse con él por radio.
Pero el rescate de un trabajador sepultado por un derrumbe es una tarea en extremo delicada.
Como explica el seremi de Minería de Arica y Parinacota, Daniel Curiqueo, cualquier paso en falso puede empeorar aún más la situación con más derrumbes.
Al lugar llegaron el Senapred, el OS-9 de Carabineros, el delegado presidencial, personal del Sernageomin y el mismo seremi, decretando de inmediato la alerta amarilla, lo que facilitó la llegada de un equipo de rescate especializado proveniente de la mina El Teniente.
Peligro de derrumbes
La primera etapa del rescate consistió en verificar la resistencia de la estructura para definir un lugar seguro por donde trabajar. Cuando los peligros de derrumbes se descartaron, comenzaron a excavar desde la misma galería por donde ingresó Espinosa a trabajar.
Al mediodía del miércoles, los equipos ya habían extraído un total de 10.000 toneladas de rocas y se pensaba que el rescate debía finalizar a eso de las tres de la tarde como máximo, pero de pronto comenzaron a haber desprendimientos. La tarea se retrasó.
En medio de las faenas de rescate, un compañero de trabajo de Espinosa se comunicó con él por radio, para darle un mensaje a su esposa, para que se tranquilizara.
-Atento José, atento José- llamaba el compañero.
-Copio, copio- respondió Espinosa.
-Don José, cómo está. Venía para acá porque su familia obviamente está preocupada y quería escucharlo. Quieren saber que usted está bien, para darles un poquito de tranquilidad también a ellos.
-Está difícil (el rescate), pero los muchachos están haciendo todo lo posible. Es complicado porque es mucha la movida (la cantidad de material que hay que remover). Pero tranquilidad, tranquilidad, nomás.
-José, con toda la fuerza nomás. Paciencia, viejo, yo sé que es difícil. Lo que estás viviendo nadie se puede poner en tus zapatos. Pero no nos vamos a ir ninguno hasta sacarte sano y salvo para que estés con tu familia, viejo.
En el momento en que se escriben estas líneas, la meta, ahora sí, parecía cada vez más cercana.
«Los equipos ya llegaron hasta el camión, ya no hay más desprendimientos y todo indica que el trabajador debiera ser rescatado antes de que termine el día», aseguró el delegado presidencial de Arica y Parinacota, Ricardo Sanzana. «De hecho ya logramos comunicarnos con el trabajador a viva voz, nos escucha. Así de cerca estamos»


