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Título/Pie de foto: Sobre el ataúd, una bandera comunista, flores y un zapato de charol rojo.
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Título/Pie de foto: Hubo lluvia de pétalos en la calle Artesanos para despedir a Lemebel.
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Autor de la Foto: FOTOS: SERGIO COLLAO
Título/Pie de foto: Lemebel fue sepultado en la bóveda donde se encuentran sus padres.
Cientos de personas asistieron ayer a los funerales del escritor
Baile, música, consignas, discursos y mucho sol hubo en la emotiva despedida final del artista, que se realizó en la Recoleta Franciscana y en el Cementerio Metropolitano.
Jazmín Lolas E.
Entre los innumerables retratos que Pedro Lemebel se tomó durante su vida hay una pose recurrente: el escritor, con pucho o sin él, sostiene su mejilla izquierda con la mano empuñada o abierta.
Una imagen de ese estilo estuvo siempre presente ayer en el féretro del artista y también en las escenas que circularon en una pantalla gigante instalada cerca del altar de la Recoleta Franciscana, donde se realizó la liturgia que dio comienzo a sus funerales.
La despedida final del autor de Tengo miedo torero , quien murió la madrugada del viernes a los 62 años, fue multitudinaria. Cientos de personas, entre las que se encontraban familiares, amigos, artistas, admiradores y activistas de distintos movimientos, llegaron hasta el templo antes de las 11 de la mañana. Portaban emblemas diversos (de la causa gay, de las Juventudes Comunistas, de la resistencia palestina), llevaban claveles rojos y labios pintados, algunos, y coronas de flores artificiales otros.
La ceremonia en la iglesia terminó cerca de las 11.30 horas y entonces se inició el cortejo, que antes de dirigirse al Cementerio Metropolitano recorrió la calle Artesanos para recibir el homenaje de pergoleras y pergoleros, quienes lanzaron pétalos sobre el ataúd y en el suelo escribieron con flores el nombre del performancista.
La columna incluyó una inagotable comparsa de bronces, bombo y bailarines. Un cartel que sobresalía entre la muchedumbre pretendió entregarle un consuelo post mortem al escritor: «Compañero, el Nacional se lo regala el pueblo», decía.
«¡Compañero Pedro Lemebel, presente!» fue un grito que se escuchó incontables veces durante el trayecto. Cuando el cortejo llegó a la avenida Santa María, el féretro con el cuerpo del artista fue ingresado a la carroza fúnebre y el vehículo enfiló hacia el cementerio.
El cronista y artista visual fue enterrado en la bóveda donde se encuentran sus padres. Pero antes hubo un acto con discursos y recuerdos. Lo condujo el escritor Juan Pablo Sutherland, quien destacó la presencia de «las locas culturales, las locas políticas y las locas sueltas». «¡Y las locas con sida!», gritó el periodista Víctor Hugo Robles, conocido por su personaje el Che de los Gays.
Por el PC -Lemebel era comunista- habló Manuel Hernández, quien anunció que su partido promoverá un proyecto de ley para que al autor le otorguen el Premio Nacional de Literatura de manera póstuma. «De nada sirve ahora», protestó alguien.
También habló la ministra de Cultura, Claudia Barattini, pero no pudo terminar porque la interrumpieron (ver recuadro) y luego intervino el transformista Jaime Lepé, quien reclamó por la «intolerancia que está imperando acá» (a propósito del incidente con la secretaria de Estado). «Se están tironeando al muerto. Pedro cruzó las vidas de todos. Estamos enterrando a un amigo por si no se han dado cuenta», dijo.
Siguieron otros cercanos con el homenaje. Uno de ellos recordó que Lemebel escribió su despedida hace unos días: «Amigos, los quiero, adiós». Después, Carmen Soria agradeció a los presentes en nombre de la familia. Y Sutherland dio paso a la clausura, que consistió en la lectura del manifiesto del artista, «Hablo por mi diferencia».
A pleno sol, la columna recorrió el trecho entre la zona de la ceremonia y la bóveda donde ahora yace Lemebel. El ataúd descendió con un zapato de charol rojo y taco aguja sobre la cubierta.
Discurso a medio terminar
Claudia Barattini, ministra de Cultura y amiga de Pedro Lemebel desde hace dos décadas, se quedó con su discurso a medias ayer en el Cementerio Metropolitano. Algunos asistentes la pifiaron por su rol de autoridad y porque encontraron muy extensa su intervención. La familia del escritor también consideró que su texto era muy largo y se lo hizo saber sutilmente, frente a la audiencia. Claudia Barattini, quien había dicho que será «difícil acostumbrarse a Chile» sin el artista, se alejó del micrófono y permaneció entre el público.


