FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/01/28/El_Dia@3_GH32K87BC_1_06_388_2801.jpg
Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: A los diez años, Jéssica fue adoptada junto con Vanessa, su hermana menor.
Jéssica Pereira, de 28 años, fue adoptada por familia de Syracuse, en estado de Nueva York
Complicaciones en el parto del que iba a ser su primer hijo le costaron la vida. Él alcanzó a nacer, se llama Logan y está bien.
Ariel Diéguez
Un obituario del sitio en internet de la funeraria Burns Garfield, de Syracuse, Estados Unidos, cuenta que Jéssica Pereira se convirtió en profesora para enseñar inglés a niños que llegan a ese país sin saber una palabra del idioma, tal como ella, cuando fue adoptada a los diez años: «Fue una profesora compasiva y trabajadora, dedicada a ayudar a sus estudiantes».
Nació el 9 de febrero de 1986, en Talcahuano, como Jéssica Alejandra Fernández Moreno, y fue adoptada, junto con Vanessa, su hermana menor, por un matrimonio que vive en esa ciudad del estado de Nueva York. Hizo clases por más de tres años en la Dr. Weeks Elementary School y se casó el 2013. El año pasado quedó embarazada. Su primer hijo iba a ser varón y se llamaría Logan.
El parto estaba fijado para el 15 de enero último, pero el embarazo tuvo dificultades y Jéssica debió acudir antes al hospital. Logan nació y está bien. Ella no pudo resistirlo y, por complicaciones en el parto, murió el 12 de enero. «Disfrutaba del esquí, del patinaje sobre hielo, del tenis, de la fotografía, de hornear y de su perra Talia», dice el obituario.
La muerte mereció un largo artículo en el sitio syracuse.com, que dice que «incluso quienes no habían tenido contacto con ella en más de una década recuerdan su amabilidad, su modo natural con los niños y el amor por el español, su primer idioma».
Según el sitio de noticias cnycentral.com, el papá de un alumno de la escuela en que trabajaba Jéssica dijo que «ella era la profesora más agradable que pudieras conocer».
Su familia estadounidense pidió que, en lugar de flores, la gente hiciera donaciones, a nombre de ella, al programa de la Iglesia Católica para los refugiados en Estados Unidos.
El 2013, Jéssica y Vanessa encontraron por internet a Isabel Moreno Solís, su madre biológica, quien no sabía que ambas estaban en Estados Unidos.
«Por una parte me sentí feliz, por todo lo que lograron, pero por otra, triste, porque es demasiado lejos. Vanessa, su hermana, está sufriendo ahora y no tengo recursos como para viajar a verla», explica Isabel Moreno, quien tiene un puesto de sopaipillas en la Plaza de Armas de Yumbel, en la Octava Región.
En una tumba del cementerio de ese pueblo descansan los restos de los abuelos de esta mujer y la administración ya le dio permiso para agregar el nombre de Jéssica en la lápida. Por ahora Isabel Moreno y su tercera hija, Carolina, recuerdan a la profesora de inglés con flores y con una foto en ese lugar.


