Tomás Aránguiz, volante de Magallanes, alcanzó a mostrarle su golazo de 53 metros a su hincha más entusiasta
Este jueves, el medio campista de 27 años despidió a Fresia en el cementerio Parque del Recuerdo.
Días de emociones encontradas ha tenido Tomás Aránguiz (27), volante de Magallanes. El domingo, estaba feliz luego de anotar un golazo desde 53 metros frente a Unión Española por la Copa Chile, pese a que tenía el alma preocupada por su bisabuela Fresia, que estaba hospitalizada.
«Después del partido, me fui al hospital. Mi bisabuela estaba contenta de que el bisnieto le hubiera dedicado un gol, y yo también, porque esperaba un gol más simple. Ella me dio la fuerza. Había hablado con mi mamá de que estaba grave y le dije que si hacía un gol se lo iba a dedicar. Fue una motivación extra y se dio como esperaba, con un gol, un resultado abultado para la vuelta», cuenta el jugador que surgió de las inferiores de Colo Colo (3-0 ganó la Academia).
Este jueves, Aránguiz despidió a su bisabuela en el cementerio Parque del Recuerdo.
«Falleció el miércoles en la madrugada y pedí permiso en el club para ir al funeral. Todo lo que queda de temporada y lo que venga en mi carrera se lo voy a dedicar a ella. Éramos muy cercanos, formamos un lazo muy importante a lo largo de los años y éramos la familia más cercana en Santiago», añade.
La familia ha sido trascendental en la vida del mediocampista. De hecho, vive con sus abuelos Fresia y Jorge, con su mamá Angélica Aránguiz y su tío Óscar Aránguiz.
«Siempre han sido de apoyarme en todos los partidos. Mi mamá y mi abuela han viajado al sur y al norte cuando juego. El otro día estaban con mi bisabuela en el hospital, así que no pudieron acompañarme en el partido contra Unión. Pero cuando llegué a la casa, estaban el doble o triple de feliz que yo», relata.
¿Qué le dijeron sus compañeros?
«Me molestaban. Me decían que cómo se me ocurría hacer ese tipo de gol, que estaba totalmente loco. Algunos compañeros me mandaron mensajes. Lo más importante es que se dio un buen resultado para la vuelta y pude colaborar con mi gol, pero lo fundamental fue el trabajo en equipo para sacar el partido adelante».
¿Y cómo se le ocurrió hacer ese tipo de gol?
«La verdad es que apenas controlé la pelota, levanté la mirada, vi al arquero adelantado y le pegué con el alma. Quedó para un recuerdo imborrable de mi corta carrera. Maravilloso».
¿Entrena esos remates?
«Últimamente, no. Cuando estaba en la Sub 15 y Sub 16 de Barnechea, lo practicaba más, cuando estaba con el profe (Jorge) Coke Contreras. Entrenaba más a pegarle de lejos, fuera del área. Él me enseñó a patear los tiros libres allá y estoy agradecido hasta el día de hoy. Siempre me dijo que tenía buena pegada y que tenía que aprovechar de rematar desde fuera del área, de concentrarme en los tiros de esquina y los balones detenidos. Hasta el día de hoy me sigue escribiendo».
Es la sexta temporada de Tomás Aránguiz en Magallanes (antes jugó en Santa Cruz y Barnechea, donde debutó profesionalmente) y vivió la dulzura del ascenso con título y torneos internacionales, y la amargura del descenso.
«Este año estamos con la misma ilusión de ascender, vamos por buen camino con el profe Ronald (Fuentes), nos estamos entendiendo bien a nivel grupal y eso es fundamental si queremos lograr el objetivo», resume. Magallanes va segundo en la tabla de Primera B, con Deportes Limache y Rangers, a siete puntos del líder, Deportes La Serena.


