El ex técnico de la Roja está en Canadá junto a su señora de vacaciones
Valentina, la única hija del comentarista, se radicó en Winnipeg hace un año. Ha sido difícil porque estábamos acostumbrados a verlos siempre, dice el ex jugador.
Juvenal Olmos (61) y su señora Verónica Fajardo llevan cerca de una semana disfrutando de unas merecidas vacaciones en Canadá, en la casita que arrendaron a una hora en auto de Winnipeg. El llamativo destino escogido por la pareja tiene un motivo detrás: su única hija, Valentina, se mudó a esa ciudad junto a su esposo Andrés y Liconyán, el nieto de Olmos, hace exactamente un año.
El reencuentro con su querido nieto fue compartido en las redes sociales del ex técnico de la Roja y se veía cómo el niño corría abrazarlo. «Cuando nos vimos fue como una emoción grandota, nos pusimos a jugar ahí mismo. Se me olvidaron las maletas porque nos fuimos a correr por el aeropuerto, jajajá. Fue el encuentro de dos niños: mi niño interior y Linco», dice.
Imagino que este viaje era principalmente para ver a su nieto, Juvenal.
«Sí, llevábamos un año sin verlos. Ha sido difícil porque estábamos acostumbrados a verlos siempre. El factor del nieto era uno de los elementos más importantes y también la relación con Valentina, que es la única hija que tenemos. La echaba mucho de menos. Así que vinimos, arrendamos una casita cerca de un lago y nos han tocado buenas temperaturas, como 26 grados».
Olmos llegó a Norteamérica hace varios días, pero la reunión familiar recién se produjo el fin de semana. «Tuvimos algunas fallas, con aviones que perdimos. Y también nos quedamos un par de días pololeando con la Vero antes de ir a ver a mi hija. Siempre lo hacemos, nos gusta arrancarnos al Cajón del Maipo. Nos conocemos hace 40 años y llevamos 37 de casados. Hemos tenido dificultades normales, pero somos compañeros de vida», explica.
¿Qué cambios notó en su nieto?
«Hartos. Y no sólo físicos. Ahora tiene 3 años y medio y maneja mejor su cuerpo, se quiere subir a todo. Salimos harto a un parque que hay por acá cerca. También tenemos una interacción con un tiesto que le compré. Cazamos zancudos, moscas, arañas, hormigas y después los ve con una lupa grande que tiene. Es la gran novedad. Se levanta con su caja y me viene a buscar a la pieza para ir a recorrer el jardín. Cuando chico en Las Rejas me encantaba pegar hojas en un cuaderno, así que le compré uno a él. Estamos pegando las hojas y flores que encontramos».
¿Cómo logra ser un abuelo presente pese a la distancia?
«Mi hija ha sido fundamental porque es ella la que mantiene a los abuelos muy presentes en el diario vivir de Lincoyán».
¿Qué otras actividades han podido hacer?
«Arrendamos esta casa por cinco días y nos fuimos todos para allá. Hemos hecho las clásicas fogatas, anduvimos en kayak. Los lagos son gigantescos y se congelan absolutamente durante el año. El fin de semana voy a acompañar a Lincoyán a su escuela de fútbol, para ver cómo funciona. Y también hemos ido a andar en bicicleta, ya aprendió».
¿Y ha pescado algo de lo que pasó con la Selección?
«Vi todos los partidos. Creo que nos va a costar clasificar al Mundial, pero creo que lo vamos a lograr. El recambio le tocó más lento a nuestra Selección, en comparación a los equipos que están arriba. Veía a los delanteros y jugadores de mitad de cancha hacia arriba de Argentina, Uruguay y Colombia y están en las mejores ligas del mundo, titulares indiscutidos. Pero me gustó el factor defensivo, creo que Gareca al menos logró frenar la caída libre que traía la Selección. Hay compromiso de los jugadores, quizás no para volvernos locos pensando en los primeros lugares, pero sí para dar la pelea por clasificar».


