La alcaldía de la ciudad prohibirá los AirBnb por el impacto en el precio de la vivienda
Rentar pisos ha subido 80% durante la última década. Hay cada vez menos oferta, más demanda y más exigencias para arrendar.
¿Cómo lo ve una chilena? Macka Lüttecke, directora de la empresa Ilícito Thrift, llegó a Barcelona en el 2021 a estudiar un máster en gestión y dirección de empresas de moda y probar cómo sería insertar su marca en Europa. Empezó arrendando piezas.
«La mayoría de las experiencias fueron malas, compartes piso con muchas personas de diversas costumbres y culturas, los precios son excesivos, siempre alrededor de los 500 euros por una habitación en donde apenas entra una cama de dos plazas y nada más», relata.
Luego de mirar 30 departamentos en dos meses, encontró un piso por 1.400 euros, algo así como $1.400.000 mensuales, que comparte con su novio y dos amigos.
«Vivir solo o con tu pareja es imposible. La vida es cara y no hay billetera que aguante. He tenido suerte de que en estos años me han subido dos veces los precios y ha sido en función a la regulación anual, por lo que no es mucho. Pero gran parte de mis ahorros está en la garantía del piso, ya que al ser extranjeros pagamos cuatro meses el valor del alquiler», añade.
¿Se ha notado un cambio en el último par de meses en la actitud hacia los extranjeros?
«Es curioso porque uno se cruza con pocos locales. El catalán cada vez se va moviendo más lejos de la ciudad. En el comercio atienden en su mayoría latinos y es una ciudad completamente cosmopolita donde hay más gente de otros países que españoles. Me ha llamado la atención que este último mes se han hecho marchas en contra el turismo, cosa que antes no se veía».
¿Alguna mala actitud?
«Existe un poco de prejuicio en contra los latinos ya qué la delincuencia ha incrementado mucho en Barcelona, sobre todo en el transporte público. Aquí incluso los chilenos tenemos muy mala fama. Cuando busqué piso me sentí discriminada muchas veces ya que, literal, me decían: ¿Eres chilena ? Hubieses partido por ahí . Lo siento pero nadie te va a alquilar «.
¿No ha pensado en irse a otra ciudad?
«Por el trabajo nos conviene vivir en Barcelona ya que nuestro principal cliente es el turista que tiene más poder adquisitivo y paga muy bien por piezas de segunda mano de marca».
La periodista Marta González explica que arrendar un piso es especialmente difícil para un chileno.
«Tienes que tener nómina, contrato, o pagar muchos meses por adelantado, que pueden ser hasta seis. Es común que te pidan dos meses de garantía. Y teniendo en cuenta que los pisos van en el rango de los 1.000 a 1.600 euros o más, puede ser demasiado dinero el que se necesita».
Afortunado
Diego Cárdenas, quien trabaja como productor de moda, tuvo suerte: llegó a la ciudad en plena pandemia, en la época previa a las vacunas, en la que no había turistas ni perspectivas favorables. En ese entonces, los contratos se firmaban por cinco a diez años, con las alzas reguladas. Pero ahora que volvieron los turistas y hay más demanda que oferta, la cuestión no se ve fácil.
«Los salarios son bajos acá, como Chile. Estaba viendo casas para cambiarme por una situación personal, pero me quedé porque por el precio que pagó hoy tengo tres piezas y hoy no se encuentra ni un estudio», cuenta.
Iñaki Peinado, quien trabaja en marketing para la banca y es español, recuerda que durante el Covid fue la mejor época para alquilar: «La duración de los contratos de alquiler subió porque los dueños estaban tan asustados por las pérdidas que querían atar al nuevo inquilino. Yo me acuerdo que a mí en contratos de Covid me ofrecían duración de diez años por un precio que hoy día en la vida se conseguiría en Barcelona».
Para algunos países de Europa los precios pueden no ser tan altos.
«La gente de Irlanda, Inglaterra o Estados Unidos ya está acostumbrada a pagar unos precios muy escandalosos por la vivienda porque también el nivel de vida en esos países es mucho más alto. Entonces, claro, si una persona de Londres viene acá y le ponen un piso increíble por 2.000 euros, que es lo que está acostumbrado a pagar en Londres por una habitación horrible, pues lo paga feliz».


