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Autor de la Foto: MAURICIO QUEZADA
Título/Pie de foto: Beyer considera que sería una pérdida para el país el fin de los emblemáticos, como el Instituto Nacional.
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Autor de la Foto: CARLOS CATALÁN
Título/Pie de foto: Harald Beyer considera ambiguo el sistema de admisión que trae la reforma
Ex ministro de Educación de Sebastián Piñera y actual director del CEP
No le gustan las reformas a la educación aprobadas esta semana. Considera que el fin del copago y del lucro no producirán cambios en la calidad y son muy a largo plazo.
Juan Diego Montalva
Harald Beyer, ex ministro de Educación del gobierno del Sebastián Piñera y actual director del Centros de Estudios Públicos (CEP), es de Osorno. Desde el kínder estuvo en el Colegio Alemán de Osorno: «Estudié en un colegio particular pagado, pero con beca», aclara, «después me vine a Santiago a estudiar Ingeniería a la Chile».
-¿Un hijo de la educación estatal?
-Cuando yo entré a la Chile ya se pagaba. Estudié con crédito fiscal y cuando terminé, lo pagué regularmente.
-¿Cree que el Estado debe tener un rol importante en la educación?
-Sí, por supuesto, pero de distintas naturalezas y eso es lo que hemos estado discutiendo en Chile.
-¿Y eso ha contribuido este año a definir ese rol del Estado?
-No, porque todo ha girado en torno al sector particular subvencionado y toda la regulación creada con la reforma a la educación pretende desincentivar ese sector, pensando qué condiciones son importantes para determinar los resultados de calidad, inclusión y equidad. Yo no creo mucho en eso.
-¿No es relevante terminar con el copago?
-Si el Estado se comprometiera realmente a suplir esos recursos no tengo problema. El copago se inventó como una forma de llevar recursos a la educación en momentos en que el Estado no tenía dichos recursos.
-¿Y con este proyecto?
-Lo curioso de este proyecto es que, en rigor, no termina con el copago, a menos que el Estado se comprometa con recursos adicionales, algo que no ha hecho. El propio proyecto no tiene compromisos adicionales, salvo dos subvenciones que crea y que me parecen están muy bien: la subvención por gratuidad, que le permite a un colegio gratuito acceder a mayor financiamiento, que es del orden de 9.500 pesos por alumno; y la segunda, que es una subvención a la clase media, que me parece muy importante porque hoy tenemos subvención para los más vulnerables, la Subvención Escolar Preferencial (SEP) y se crea esta denominada Preferente, para los grupos medios.
-¿Qué rescata de las reformas aprobadas?
– En términos del efecto a largo plazo, lo mejor es lograr regular la selección de la admisión. Creo que no era necesario terminar con el lucro, no es un problema real de la educación chilena y tampoco era necesario -aunque lo entiendo y no me genera mayor ruido- terminar con el copago. El sistema de admisión que estaba funcionando en Chile tenía el riesgo de ser muy discrecional y era necesario cambiarlo. Sin embargo, el sistema de admisión que crea el proyecto es muy ambiguo todavía y dependerá de cómo se realiza el reglamento, el que tengamos un buen sistema de admisión.
-¿Cuál sería el sistema óptimo de selección?
– Un sistema que yo llamo de coordinación de las preferencias, donde los padres postulan los colegios de sus preferencias y el sistema asigna los establecimientos de acuerdo a esas preferencias. Si el estudiante no queda en la primera preferencia porque no salió en el sorteo, el sistema lo asigna a la segunda preferencia y así sucesivamente. Me parece que es un sistema relativamente justo, que maximiza las posibilidades de que los padres terminen con los niños en los colegios de su preferencia.
-¿Es más justo?
– Sí, hoy dependemos de la voluntad y de la poca objetividad del colegio.
-La frase que ha usado el ministerio es que antes el colegio elegía a los alumnos, y que ahora los alumnos eligen al colegio.
-No es exactamente eso, lo que van a hacer ahora es marcar sus preferencias y el sistema debería de asignarlos a su primera preferencia, siempre y cuando logremos diseñar bien el reglamento.
-Usted destaca el tema de la gradualidad que tiene la implementación de las leyes.
– Sí, es que es muy gradual. Estos tres proyectos de ley se acaban de aprobar y entran en vigencia el primero de marzo del 2016. El sistema de admisión empieza por regiones de menos de 300 mil habitantes en 2017, y en dos años más llega a Santiago. En total van a ser cinco años para transitar al nuevo sistema.
-Y qué pasa con el lucro y los sostenedores.
-En el caso de controlar al lucro, obliga a los sostenedores actuales, que no están organizados como sociedades sin fines de lucro, a transformarse en una fundación antes del 31 de diciembre de 2017 y luego tienen tres años adicionales para adquirir el inmueble con un crédito hipotecario con garantía Corfo. Todo esto implica un nivel de complejidad administrativa y un proceso que no contribuye en nada a la calidad de la educación, integración o equidad.
-¿Pero el fin del copago puede contribuir a la integración?
-Eventualmente el término del copago puede producir más integración, pero el copago no está claro cuándo se terminará. Depende de los montos adicionales a las subvenciones que ya creó el Estado. No hay ningún compromiso de eso en el proyecto.
-¿Entonces aún no se ve un fin real del copago?
-Lo que hay es la creación de esta subvención de gratuidad que empieza el 2016 y se demora tres años en materializarse porque va de a poco. De los 9.500 pesos por alumno, empieza en 4.000 pesos por alumno, el siguiente año 7.000 pesos y el último, 9.500 pesos. Todo es muy gradual.
-¿Entonces hay letra chica?
-Hay mucho de letra chica en el proyecto al fin del copago. Hoy día hay del orden de un millón 500 mil de estudiantes que pagan copago. Se estima que con la subvención que se implementó ahora, hacia el 2020 (en 5 años más), cerca de 900 mil niños dejarán de estar en el sistema de copago y los restantes 600 mil irán abandonando el sistema, pero a lo largo de los próximos 20 años. Esto va a ser una transición muy larga. Todo esto va a ser una tremenda maraña burocrática que no va a tener efectos directos en la integración, la calidad o equidad.
-¿Cuál va a ser el efecto?
-Yo sé cómo son los colegios y sé que tienen estructuras administrativas muy débiles y esto va a ser complejo. Los proyectos quedaron con una tremenda regulación asfixiante para los colegios, que va a distraer mucho tiempo en recursos y en lidiar con requerimientos adicionales que solo distraen del trabajo pedagógico.
¿Por qué se quiere terminar con los emblemáticos?
-¿Qué va a pasar con los colegios emblemáticos como el Instituto Nacional?
-Tienen dos opciones: mantener sus altos estándares y que muchos de sus alumnos fracasen, repitan y terminen yéndose, pero que sigan saliendo los mejores, aunque pocos. La otra opción es que bajen los estándares y todos pasen de curso y no tengan la capacidad de llevar tantos alumnos a las mejores universidades y carreras. Desde el punto de vista del país, sería una pérdida terminar con estos colegios.
-¿Cuál es la idea de terminar con los emblemáticos?
-Creen que detrás de estos colegios no hay ningún mérito porque seleccionan.
-¿Por qué le dio al gobierno esta obsesión con los colegios emblemáticos?
-Hay dos interpretaciones. La primera es que son colegios que no agregarían valor real porque juntan alumnos que no son tan meritorios porque su mejor desempeño solo se explicaría por el capital cultural de sus padres, lo que no está demostrado. La otra explicación es una ola mundial que en Chile se ha instalado muy fuerte y que valora la igualdad ante todo, como único requisito que hay que satisfacer. No hay mérito, resiliencia, esfuerzo u otros valores importantes en la educación.
-¿Cómo es eso?
-Si uno quiere una educación totalmente igualitarista tú tratas que no haya instrumentos que te permitan separar estudiantes por algunas características que tú valoras. Las sociedades aprecian el esfuerzo personal, por ejemplo. Esta tendencia se ve reflejada en las gigantescas ceremonias de premiación que hay ahora en los colegios, y en las que todos los alumnos reciben premios porque no puede ser que unos pocos reciban premios. Este germen igualitarista ha penetrado con mucha fuerza.
-¿Está por achicar las ceremonias de premiación?
-Claro, creo que son innecesarias. Esta cosa igualitarista, sin mayor reflexión se ha ido instalando en la educación y en el caso chileno está muy fuerte, al punto que quieren terminar con los liceos emblemáticos.


